lunes 22 de junio de 2009

Las currturas y la cultura dominante (y que quiere seguir dominando)

Uno de los más gratos placeres que he conseguido en este ejercicio llamado bloguería ha resultado ser el desenmascaramiento de la presunta inteligencia de una cofradía académica, seudoacadémica o protoacadémica que se ha dado en llamarse "clase pensante": esos bichos que creen ser dueños de una razón superior, digna de serle impuesta al resto de los mortales (esos seres inferiores que no fueron a la universidad, que son incapaces de pronunciar el apellido de Heidegger, y por supuesto también de tragarse sus libros). Son, paradójicamente muchos de los mismos que andan por ahí diciendo que creen en la democracia y en la libertad, pero son incapaces de romper ciertas cadenas: las que nos atan a concepciones canónicas de la vida, de la sociedad, del ser humano. Creen en la libertad pero están presos del convencionalismo que da por cierto y respetable todo cuanto ha esclavizado a la gente por generaciones.
En las últimas semanas perpetré un par de incursiones en un ámbito del que ellos se sienten dueños (la cultura) y de bolas que se les revolvieron las lombrices. Gente acostumbrada a pensar en todos los ámbitos humanos como en parcelas privadas, propiedad de las clases que han impuesto la forma, la naturaleza y el ritmo de las relaciones humanas, y a las cuales ellos pertenecen, no soportan que venga un cualquiera (porque uno es cualquiera, a mucha honra) a proponer otras lecturas de lo que ellos consideran verdades monolíticas e irrebatibles. Con todo, lo ladilla no es tanto lo que proponen o sugieren como tema de discusión, sino la increíble, desesperante, escandalosa, vergonzosa y sobre todo tragicómica incapacidad para comprender lo que han leído, y algo peor: la forma solemne y ampulosa, mediante insólitas contraargumentaciones que sólo se rebaten a sí mismas, en que intentan hacerte creer que entendieron.


El sartén de mis dos artículos titulados Currtura tiene más de un mango. Es muy frecuente (y válido, cómo no) que alguien interesado en rebatir el discurso completo se aferre al que le parece más débil para proceder a desmenuzarlo. También es frecuente en muchas personas, aunque no en estos tipos que se sienten superiores, que para rebatir algo de lo que dices hagan un malabarismo retórico mediante el cual dicen exactamente lo que tú dices, haciéndole creer al lector desprevenido (y en la blogósfera hay mucho de esto, en serio) que tú piensas lo contrario. Ejemplo práctico: tú dices "El racismo es una mierda y la opresión debe ser desterrada de la humanidad". Ellos te responden: "Tú eres racista, la opresión debe ser desterrada de la humanidad". Se apropian de tu discurso porque no tienen ninguno, o porque el que por impulso de clase deben defender les avergüenza.
Creo entender el proceso mental que los impulsa a reaccionar: aquel que se rebela ante el recordatorio de que en la historia de la humanidad ha habido minorías dominantes y mayorías excecradas; la actitud de quienes saben que hay una porción gigantesca de la humanidad que ha padecido injusticias, pero consideran peligroso e inconveniente que esas injusticias sean saldadas. El hombre blanco-europeo sojuzgó, explotó, impuso y lo sigue haciendo, y la imposición, la explotación y el sojuzgamiento ha sido un proceso doloroso. Va el reconocimiento de un elemento esencial: ha sido doloroso, pero es lo que tenemos. Somos producto de eso que tanto ha dolido, pero no por ello vamos a hacernos los güevones: esto ha sido producto de profundas injusticias y la humanidad no debe renunciar a recordarlas y menos a corregirlas. Qué de pinga aspirar a que todo siga como va cuando se pertenece a la clase beneficiaria del sudor y la sangre de los demás. Aquí se defiende el derecho de los pueblos del mundo a desamarrarse de la segregación, el exterminio, la explotación de todo orden; aquí se defiende el derecho de los pueblos indígenas y a los descendientes de africanos a buscarle alternativas a la servidumbre y la esclavitud a las que siguen sometiéndolos las corporaciones y las potencias mundiales... ¡y eso le parece a la clase pensante una declaración de xenofobia y racismo!

¿Qué tiene que ver esto con lo que se ha dicho sobre el tema currtura-cultura? Básicamente,

1) que es preciso recordar siempre que uno de los mecanismos más efectivos de sojuzgamiento de pueblos y naciones ha consistido en la supresión o arrinconamiento de manifestaciones culturales, mediante la imposición de "valores" que las culturas dominantes consideran superiores: la música académica es mejor, más culta, más elevada y más digna que el tamunangue; las variantes comerciales del rock son chéveres, el joropo es chabacano, etc.
2) que pese al valor que le otorgamos al aporte europeo a la cultura universal (incluida aquí la música) va siendo hora de distinguir entre los "bienes culturales" que se producen y se comercian por dinero, como mercancías que se compran y se venden, y las manifestaciones que el hombre produce por impulso natural y colectivo para su diversión y solaz, por amor a su herencia social y no por un sueldo o para enriquecerse.

Aquí se le reconoce valor a la música académica, pero no se le hace concesiones a la visión del mundo que considera superior a ese tipo de música por encima de ninguna otra manifestación musical. Aquí (y cuando digo aquí estoy hablando de esto que he sido, como individuo y como parte de un pueblo) se le reconoce valor a toda la música e incluso a los sonidos percutivos que no son exactamente música en su acepción canónica, pero se le profesa un más profundo afecto a lo que el pueblo hace para cantarle a la tierra, a las querencias, a lo llano del hombre simple. Yo sé y escribo sobre salsa, y la bailo en la medida en que se lo permite a mi swing mi ancestro gocho, pero según estos idiotas debo despreciarla porque ya declaré que hacer música por plata es una perversión del capitalismo. Imposible ponerlos a pensar en la diferencia que hay entre reconocerle calidad a algo y a tenerle más afecto. Hay que ser estúpido para no reconocerle valor y trascendencia a la música de Mozart, y hay que ser nazi o mamagüevo para creer que Mozart es superior a Pío Alvarado... o viceversa.
En contra de esto, a más de un payaso le ha dado por echarme en cara lo mismo, como si yo hubiera dicho lo contrario.

Aquí, como en ningún otro blog venezolano, se han celebrado las manifestaciones y el desarrollo del mestizaje y el poder de las mezclas y el sincretismo en la construcción de una sociedad distinta a esta cosa decadente en que vegetamos, y los burros de la clase pensante se han dedicado a gritar por ahí mi presunta búsqueda de la pureza.

Aprendan a leer, asuman su incapacidad para entablar un debate serio con nadie o váyanse a comer mierda.

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jueves 11 de junio de 2009

Currtura (II)

Le contaba a un interlocutor en este mismo blog que hace unos años, durante uno de esos episodios que hacen inolvidable la vida en pareja, cometí el error de comentarle a quien era entonces mi mujer que a los espaguetis que me acababa de poner en la mesa les faltaba algo así como una salsita. Aquella hembra retiró el plato con un violento jalón, se fue a la cocina y regresó al momento con el mismo plato pero full de salsa y ni un solo espagueti. Exactamente esa ha sido la reacción de la “clase pensante” al leer mis reflexiones sobre las orquestas del “maestro” Abreu, la música académica y la noción elitesca, exclusivista y fascista de cultura que campea en ciertos círculos: revirar diciéndome que si yo creo entonces que los millones que se destinan a las orquestas sinfónicas (más de la mitad del presupuesto del Estado venezolano para el sector Cultura) deben ir a parar a las arcas de los chimbangleros de Bobures. Pero por supuesto: para quien creció en la sociedad burguesa y nunca tuvo los cojones, ni la inteligencia ni el sentido de humanidad suficientes para combatirla, la cultura no es sino una mercancía más y que sus productos son buenos o malos según se les inyecte más o menos billete.

De una conversa con los Cayapos Ramón Mendoza y Ramón Carpio allá en El Vallito obtuve algunos datos reveladores, como ese que nos informa que las peculiaridades de tal o cual género musical tienen que ver con el modo de producción, con el ritmo y la forma de vida del cultor. Los músicos profesionales (esa perversión del capitalismo) sólo consiguen copiar y meterse unos reales con algo que es creación humana de generaciones. El vallenato auténtico lo cantan y tocan los agricultores y obreros de Valledupar y zonas de influencia; Carlos Vives, Los Diablitos, Farid Ortiz, son fenómenos comerciales deplorables porque su único objeto es ganarse una plata. La música de arpa, cuatro y maracas es patrimonio de vegueros y trabajadores del campo. Rock vergatario el que tocaban los obreros de Liverpool explotados a mansalva. Jazz universal y patrimonio de la raza humana el que nació en las plantaciones y galvanizó su vocación urbana en New Orleans. Hay que haber nacido en La Guajira para saber tocar un wootoroi y sólo en esas inmensidades suena bien ese raro instrumento: usted lo mete en un estadio o en un salón concebido para escuchar violines y le sonará horrible. La bandola que vino de tierras árabes y se filtró al llano colombo-venezolano vía Al Andalus (¿España?) comenzó su recorrido hace más de diez siglos en forma de laúd. Esa bandola que oímos hoy en Colombia y Venezuela es el producto de muchos siglos, muchas manos, muchas generaciones de disfrute y creación, no el objeto mágico de un genio que un día se encerró en su estudio y patentó el invento. Por eso la bandola de mi tío abuelo Juan Esteban García es eterna e inmortal, mientras que la bandola de Saúl Vera sirve sólo para coleccionistas de objetos raros.

El “mezclador” o cultor que experimenta, cuando pierde la conciencia de su origen, de lo genuino de su propia voz, se convierte en repetidor automático y a veces en impostor: ahí tienen a Luis Silva intentando ponerle sabor llanero a unas baladas que sólo podían funcionar como baladas; allí está Reinaldo Armas vendiendo unas falsas canciones de coleadores, cabestreros y agricultores, cuando él nunca fue agricultor, ni cabestrero ni coleador; ahí están los pobres muchachos del sistema de orquestas del “maestro” interpretando mediante una disciplinada lectura de partituras lo que la sangre no les dicta. Van a Viena a interpretar a Mozart y nos envían el notición: “Marico, aplaudieron a los chicos de la orquesta”. Pero de bolas: yo veo a un australiano descargándose una revuelta de arpa en un seis por derecho y también lo aplaudo.

La manifestación cultural venezolana más poderosa e indestructible son los tambores afroamericanos. Hace dos décadas Jesús "Chucho" García recorrió varios países de África en busca de algo que sospechaba, pero que no tenía como demostrar: que allá en las aldeas más recónditas, adonde no llega ninguna noticia o influencia de América, se tocaban exactamente los mismos tambores que en Curiepe y Cuyagua, y exactamente de la misma forma. Habrá que preguntarles a los defensores de la "cultura" esa que sólo funciona en grandes salones, en la academia y con grandes ingresos como "profesionales": ¿será que cuando a esos esclavos los trajeron en el siglo XVI les permitieron traerse consigo los tambores, manuales para tocarlos, profesores? ¿Será que les permitieron fundar una Casa de la Cultura? ¿Les habrán pagado un sueldo para que por favorcito siguieran tocando tambores aquí? NO GÜEVÓN: esos seres humanos vejados, sometidos a la humillación más espantosa de la historia humana, se trajeron los tambores en el cuerpo, en la sangre, en el cerebro. A ciertos "cultores", y al "maestro” Abreu, tú les quitas el sueldo y la burocracia y ya más nunca se ocuparán de producir una mierda. La cultura hay que buscarla entonces en lo profundo de la sangre, no en los nombramientos y contrataciones mnultimillonarios, y mucho menos en el aplauso de los intelectuales.

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viernes 5 de junio de 2009

Decálogo básico para ubicarse en la guerra actual

1.-Entender y recordar permanentemente que hay una guerra.

Tan sencillo como recordar cómo está dividida la humanidad y a causa de qué. En el mundo se ha enriquecido y llenado de poder una minoría cuyos privilegios tuvieron su origen en el exterminio y la explotación de enormes conglomerados humanos, personas que cometieron el error de nacer fuera de lo que se conoce cultural y políticamente como occidente, y por lo cual fueron y siguen siendo víctimas de la voracidad y la depredación del hombre culto-blanco-occidental-creyente de cualquiera de las religiones hegemónicas. Las víctimas de esta masacre son sus antepasados (de usted) y usted es el continuador de un largo proceso de resistencia y contraataque. El capítulo venezolano de la guerra (lucha de clases, se apresura un marxólogo a corregir) ha adquirido tales matices que es preciso un esfuerzo para ubicarse correctamente: para muchos lo más cómodo es creer que el conflicto aquí es entre chavistas y escuálidos, pasando peligrosamente por alto, o por debajo de la mesa, el precedente tremendo de la lucha entre quienes acumulan y los que producen o son segregados.


2.-Entender y recordar permanentemente que la guerra es más perversa cuanto menos se noten la masacre y los tiros.

A muchos nos cuesta entender que el único requisito que existe para que haya lucha de clases es la existencia misma de las clases. Usted es pobre y ve pasar a su lado a un rico en su nave espacial: eso es un signo de que hay una guerra. Porque si usted y yo no entregáramos nuestra fuerza de trabajo como en efecto la entregamos, a ese y otros potentados no les sobraría lo que a usted le falta. Lo más sano, para efectos de lo que conocemos como Proceso (o curso de la Historia, o viaje irreversible de la humanidad hacia la democracia plena, directa, sin jefes) es que esa guerra sea franca, abierta, que los potentados exhiban su prepotencia y nosotros nuestra rabia. Que nos repriman con violencia corporativa y que nos defendamos con violencia revolucionaria. Nos ha pasado muchas veces en nuestras sociedades en estado de descomposición que se dan momentos de estabilidad, de liquidez monetaria y de desahogo, y suele uno entonces confundir ese estado con la armonía o la “normalidad”. Lo cual es sumamente peligroso, porque puede hacernos olvidar que hay una guerra que es preciso radicalizar y acabar

3.-Entender y recordar permanentemente a qué bando uno pertenece.

Usted es de los nuestros si forma parte de la porción de la humanidad sometida a explotación, exclusión u otras formas de vejación para garantizarle el confort a las minorías acomodadas. En este caso su misión en la vida es recordar su origen, y hacer cuanto haya que hacer, no para salir usted individualmente o con su familia de la miseria o la pobreza, sino más bien para que el sistema que convierte a unos en esclavos y a otros en amos sea sustituido por otro donde todos quepamos y podamos vivir con dignidad. Haga lo que usted haga, suceda lo que suceda con su situación económica o vital (¿se ganó un premio gordo de la lotería? ¿Heredó una fortuna? ¿Atracó un banco? ¿Asumió un importante cargo que le deparará un buen sueldo y un acumulado en prestaciones? ¿Se está cogiendo a un(a) viej@ millonari@?) usted debe llevarse en los adentros, y manifestarlo en la expresión y en la conducta, el germen vital que le recuerda de dónde viene y a quién y a qué se debe. Usted nació pobre y su familia hizo magia para sobrevivir en pobreza. Usted no puede traicionar a su gente. Ponerse a vegetar y a transplantarse artificialmente en una clase a la que no pertenece (desclasarse) es una de las formas más vergonzosas de la derrota clasista.

4.- Entender y recordar permanentemente a qué bando le pide su conciencia que pertenezca.

¿Y qué hay si usted es rico, viene de familia rica o es eso que llamamos clase media? ¿Qué pasa si su familia acumuló riqueza (y usted mismo incurrió en ese –llamémoslo- desliz) pero su conciencia le indica que el camino correcto para la humanidad es la redención plena de los pobres, es decir, de sus enemigos de clase? Basta recordar que grandes hombres y mujeres, que muchos grandes revolucionarios traicionaron a su clase y son respetables figuras ejemplo y orgullo de humanidad: Ghandi, el Che, Bolívar. Si usted pertenece al bando de allá traicione a su clase, véngase para acá y colóquese del lado correcto de la humanidad.

5.- Entender y recordar permanentemente quién es el aliado y quién es el enemigo.

Tan fácil como mirar a los lados y saber quién está oprimido y quién es el beneficiario de la opresión. Sólo que, en el caso venezolano, el fenómeno llamado chavismo puede perturbar la visión de ciertas cosas y hacernos olvidar los postulados básicos de nuestra guerra, o lo que es lo mismo, hacernos perder el norte de nuestros principios. Hay un ministro o funcionario que le hace formidable trabajo al equipo político del Presidente y hace que éste gane elecciones. Pero ese compañero vive en una mansión, tiene servidumbre (esclavos), se desplaza en una nave que es un monumento al individualismo, al consumismo, a la contaminación y a la vanidad. ¿Estamos seguros de que ese sujeto merece ser llamado camarada? ¿De verdad pertenece a nuestro bando?

6.- Entender y recordar permanentemente que toda acumulación de riqueza es un acto de violencia contra los nuestros, y por ende contra la humanidad.

Incluso las formas legales de acumulación. Es tan despreciable y declarable objetivo de nuestras rabias y acciones el funcionario corrupto que se roba los centavos de un ministerio como el banquero que acumula ganancias apegado a las leyes. Un rico es un miserable, un elemento contra natura; es nuestro enemigo.

7.- Entender y recordar permanentemente que es imposible hablar en términos de reconciliación con el enemigo. Lo único que puede reconciliarnos es la liquidación del sistema que hace posible la existencia de explotadores y explotados.

8.- Entender y recordar permanentemente que estamos en una fase o momento de la guerra (lucha de clases) no convencional, y por lo tanto las armas que usamos nosotros y ellos no son convencionales ni pueden serlo. Liquidar físicamente a un enemigo en momentos en que no ha comenzado la fase bélica de nuestra guerra (caso venezolano) es perder una importante batalla, ya que éstas se desarrollan habitualmente en el escenario de la opinión pública.

9.- Entender y recordar permanentemente que no somos un ejército aislado sino parte de un ejército planetario de pobres y oprimidos contra la opresión y la discriminación.

10.- Entender y recordar permanentemente que en esta guerra las ideas clave son la demolición, la vida, la libertad y la creación: hay que demoler lo que existe, hay que aplicarse al formidable acto de vivir en libertad, y hay que construir aquello que sustituirá lo que estamos destruyendo.

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viernes 22 de mayo de 2009

Esto no es un homenaje a Ardilla, estas letras van con arrechera

Gustavo - HipHopRevolución

Ayer en la noche supe que habían asesinado a Ardilla A.K.A Moisés Paredes, lo primero que pensé fue, mierda las culebras acabaron con el pana, nada mas alejado de la realidad. Ardilla vivía en Pinto, uno de los barrios más cruentos de esta Caracas, allí tenía a su jeva, su chamo pupilo y pichón de rapero real, su mamá y sus panas.




Ardilla sin duda tenía aspecto de bicho, de eso que los amanerados llaman "delincuente" pero no lo era, el pana supo canalizar sus legitimas arrecheras, las mismas que venimos arrastrando todos nosotros desde hace rato y por generaciones, el hambre, la injusticia, la represión, la explotación y la muerte de panas, el supo convertir esa arrechera en música, en rimas, en rap, en hip hop, en cultura (si, el hip hop es cultura). Era bueno el coñoemadre, versátil, rimaba, cantaba, rapeaba, escribía, y la tarima la reventaba. Pegó varias canciones aquí y afuera, ese marico era un rebelde, un transgresor, lo más parecido a ser revolucionario, sólo que él no lo sabia, capaz ni sabia quien era Marx, ni Trotsky, es mas, capaz nunca se leyó más de dos páginas de nada, pero si sabia lo que es ser explotado, lo que es luchar contra el sistema, lo que son los ricos y lo que son los pobres, si sabía que esta mierda o se reinventa o nos reventamos todos.

Si, ya se que suena a homenaje la vaina, pero no lo es, porque aquí viene mi arrechera, a Ardilla lo mataron los pacos, cómo no se me ocurrió antes, maldita sea, otra vez los pacos, si hubiera sido una culebra bueno está bien, es una escama de hombre a hombre, pero no, lo asesinó un paco, o sea, una escama de mierda a hombre. Yo no sé si vale la pena describir como fue el peo, busquenlo en la prensa, pero no lo crean.

Aunque suene rebuscada la vaina yo insisto en ver este peo desde otra óptica, porque se me antoja que la raíz de esto es siempre la misma, un peo de clases, en este caso, los pacos, servidores y jala bolas absolutos de los jefes y los ricos asesinan a los mal aspecto, a los "delincuentes", por encargo, por deporte o por alzados, lo hacen porque hay una parte de la sociedad que quiere que todo se parezca a ellos, que quiere que todos seamos blanquitos, bien vestidos, educados y cultos, los pacos no se cansan ni se cansaran de restregarnos en la cara que ellos son la autoridad, y eso hay que respetarlo, ellos no respetan nada, se llevan por delante al que lo mire mal, al que este mal parao, al aguevoniao, o al que le cogió la mujer y por ahí en ultima instancia, algunos si trabajan.

Estas letras no tienen ningún fin o conclusión, no es un análisis sociológico de nuestra sociedad, si para algo debe servir es para hacer arrechar a más gente, para que se les aclare el panorama y se sumen a esta casi particular lucha contra estos asesinos, que paradójicamente este estado, nuestro estado sigue empeñado en resucitar o disfrazar, aquí es donde uno sacude la cabeza y se tira la gran pregunta ¿Verga, estamos en revolución?. Para nadie es un secreto que mientras mas tombos en la calle, mas muertos hay, mas atracados hay, mas atracadores hay, mas putrefacción hay.

Es jodío no arrecharse cuando esto es permanente, ya nos acostumbramos a que nos martillen, esta bien, pero cuando nos toca de cerca el asesinato de uno de los nuestros la vaina duele en serio, aunque la muerte no deba doler, como dice El Gino, "si la muerte no asustara no se llamaría la muerte, la muerte es la propia vida, desde que este mundo es mundo".

Qué difícil es reaccionar y darse cuenta que el sistema esta ahí, vivo, respirando, asesinando.

Dale palo Ardilla, fumate un porro alla con Satanás, ahí tienes que jode quien te lo prenda.

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sábado 18 de abril de 2009

Currtura

La convención ha querido imponer la idea de que cultivo es a cultura lo que lectura es a cosecha: cultivar (se) es estudiar, estudiar significa ir a la escuela y por lo tanto sólo merece llamarse culto el que lee mucho. El que ha arado dentro de su cabeza (me agarró limpio, caballero) un sembradío de lo que occidente llama “saber”. Y saber no es cualquier cosa sino un muy aburrido catálogo donde tienen cabida la música académica (clásica, la llaman por ahí), unos cuantos autores europeos y algún latinoamericano cuyo amaneramiento y mañas refinadas lo hacen parecer europeo (ah, Rubén Darío), la absorción dócil y disciplinada de la Historia europea, y la exaltación de lo que ha hecho el hombre blanco en desmedro de esos bárbaros y salvajes que somos los nuestroamericanos, africanos, asiáticos y tal.


De semejante punto de partida nacen aberraciones como esa de considerar filantrópica la “obra” del “maestro” Abreu, porque dizque enseñar a los carajitos a tocar oboe, fagot y violín los aleja de la delincuencia. Ya lo sabe: si en lugar de eso usted estimula a su chamo a tocar tambor, cuatro o maracas, le saldrá delincuente. Por eso a los músicos, directores y jalabolas de las orquestas sinfónicas (y al “maestro” Abreu) se les paga tan bien, mientras que los cultores del tamunangue y el calipso tienen que mamarse un tornillo: la música “culta” eleva el espíritu (y los números de la cuenta bancaria de Abreu); la música esa de negros, en cambio, fomenta la vagancia, el malandreo y las malas costumbres.

Les juro que el tema de esta columna no son las orquestas sinfónicas del “maestro” ni el arrase multimillonario de proyecto tan estúpido y contranatura como ese. Lo que pasa es que medio rocé el tema y me hizo arrechar antes de tiempo.

***

A lo que iba. Muchos de nosotros creemos (o mejor dicho: parece que lo sabemos) que la Cultura es hechura de pueblos y no de elegidos. Que la cultura la hace la gente en su diario construir de sociedades, y no un puñado de grupos y personas a quienes hay que pagarles para que produzcan bienes culturales. Al parecer lo sabemos. Sin embargo, desde que tenemos a un aliado en la jefatura del Estado, y a otros en algunas instancias tipo alcaldías o gobernaciones, hablamos y nos comportamos como si eso de Cultura fuera una vaina que el Gobierno debe hacer y fomentar para que el pueblo se divierta. Y a veces algo más grave aún: tendemos a sospechar que los ciudadanos tenemos un problema de "falta de cultura", y que esa es la razón por la cual hay embarazos adolescentes, violencia, malandreo, consumo de drogas, irrespeto a las leyes de tránsito, malos hábitos a la hora de botar la basura, etcétera.

Tendemos entonces también a casarnos con la idea según la cual la misión de una gestión de Cultura de equis alcaldía o institución, consiste en darle a la gente "la cultura que no tiene". Como la gente "es inculta", entonces venimos yo y mi gestión y le proporcionamos insumos para volverla culta. Le pedimos al “maestro” que cree una orquesta sinfónica por cada cuadra: “cul-tu-ri-za-mos” a los pobres, indios y negros y entonces de pronto a los carajitos ya no les provoca fornicar a los 11 años, empezamos a botar la basura en su sitio, respetamos las leyes de tránsito, no nos carcajeamos sino que musitamos una risita con la punta de los dedos sobre los labios, se nos quitan esas terribles ganas de echarnos las cervezas en la esquina, se nos quitan esas (más terribles aun) ganas de escuchar salsa, joropo o vallenato, y nos volvemos otra vez los propios respetuosos de la cultura blanca, porque no hay pobre culto sino pobre espectador y esclavo obediente: cállate el hocico, perro, el amo está escuchando un recital.

Todo eso es un insulto a nuestra gente, de esa forma piensan quienes han gobernado este país por 500 años: esos son el lenguaje y la actitud del enemigo, ni más ni menos. Pero por alguna razón nosotros, defensores y propulsores de una Revolución o de algo que puede llegar a serlo, nos gusta seguir midiendo a los nuestros con esa vara. Seguimos creyendo que la cultura es algo que debe mostrarse en una tarima, en un anfiteatro, en un proscenio, y les negamos a ciertas manifestaciones de la cultura cimarrona, bravía y poderosa de nuestra gente, la condición misma de expresión genuina de una herencia social. En lo personal, yo llevo más de 20 años presenciando (y recordando el día infame en que debí caer en plan de víctima, pobre montuno recién llegado de Carora) la manifestación más ruda y vigorosa del carnaval caraqueño: La Piscina, esa práctica indolente en la cual los muchachos de ciertas zonas abren un hueco gigante en la tierra, lo llenan de orines, pintura, harina, huevo y en ocasiones hasta agua y otros líquidos innobles, esperan a que pase cerca de ahí alguien vestido para otra ocasión que no sea el bravo carnaval caraqueño y lo arrastran sin misericordia hacia la fulana piscina, donde su vestimenta y su dignidad quedan literalmente hechas mierda.

(Dije misericordia, y bien puesto está ahí: la misericordia es un sentimiento asociado a la lástima del que tiene por el que no tiene; el ser que da limosnas puede que sea un hijueputa pero es misericordioso, y misericordia es lo que exige el catolicismo a sus oficiantes).

El Estado jamás reconocerá ese tipo de manifestación popular como cultura. Quizá tenga que ver con que no hay forma de financiar ni de sacar provecho económico de ella. Cosa que sí es viable y factible con esperpentos ajenos a nosotros como pueblo tipo carrozas, reinas del carnaval, bailes, conciertos. Jamás verá usted una pancarta de Polar que anuncie: “Este sábado 8, gran bañada de pintura y guerra de bombas de agua contra los güevones que pasan”. No, siempre es más “culto” y susceptible de financiamiento coronar a una “reina” que lance caramelos y papelillos.



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sábado 11 de abril de 2009

Días de abril

He abierto un nuevo blog, cuyo contenido son las páginas de un libro compilatorio que escribí para Fundarte en 2007: Del 11 al 13. Testimonios y grandes historias mínimas de abil 2002 (clic aquí). El libro en físico puede adquirirse por ahí, creo que en las Librerías del Sur y otros lugares. En ese blog cuyo enlace acabo de poner acá arriba puede leerlo gratismente, imprimirlo, regalarlo, recomendarlo, insultarlo, lo que le dé la gana. Le autorizaría también a comercializarlo, pero le aseguro que no vale la pena. Nadie se hace rico vendiendo libros de bichos desconocidos, y a veces ni siquiera pirateando libros de autores famosos.
¿De qué va el libro? Es una recopilación de testimonios de personas que estuvieron (me incluyo; hay algo de mi propio testimonio allí) en el centro de Caracas o en otras trincheras de batalla el 11 de abril; que fueron participantes y/o testigos del estallido del 12, las candelas del 13 y la fiesta del 14 en la madrugada.
Siempre alguien dice las cosas mejor que uno. En este caso, aunque somos pueblo y como pueblo hablamos, avanzamos, nos equivocamos, estallamos de felicidad y llevamos leña por ese lomo, resulta evidentemente y por razones obvias mucho mejor escuchar a varios compatriotas que a uno solo. Así pues, en esos testimonios encontramos más sustancia, explicaciones, claves y datos inéditos que en la voz de un solo sujeto.
Dice Gino González, por cierto, que cada uno somos gota y todos el aguacero. Una de esas gotas es el propio Gino, quien compuso un extraordinario resumen de lo sucedido en esos días. Se titula Del despecho a la alegría, y vale la pena volverlo a oír, palabra por palabra y acorde por acorde:





En cuanto a mi propio punto de vista, por estos días me mueve una certeza: la fecha digna de ser resaltada es el 12 de abril de 2002. No el 13, como ha convenido el chavismo oficial, y mucho menos el 11, como quiere establecer la derecha antochavista. Fue el 12 cuando ocurrió ese evento histórico extraño, anómalo y desconcertante, ocurrido sólo unas cuatro veces desde 1810 hasta nuestros días: la activación del pueblo en sus facetas destructivas, en ausencia de la autoridad nacional o poder constituido. Ocurrió el 6 de julio de 1811. Ocurrió el 5 de diciembre de 1814, a la muerte de José Tomás Boves. Ocurrió en febrero de 1836. Volvió a ocurrir el 23 de enero de 1958. De nuevo estalló el 27 de febrero de 1989. Y finalmente lo hizo el 12 de abril de 2002, no bien el güevón de Carmona (encumbrado por militares, sindicaleros y empresarios, seguidos por una buena cantidad de comemierdas de la "sociedad civil" que salieron a meterle gasolina al caos sin saber para qué los estaban arreando) se calzó a sí mismo la corona de rey de Venezuela.
En todas esas fechas se produjeron situaciones de diverso signo, orientación, causalidad y resultados, pero un ingrediente es común a todas: la figura a quien el pueblo oprimido consideraba autoridad, fuera ésta querida o no, legítima o no, aceptada o no, quedó suprimida (la Corona española en 1811; Boves en 1814; Gómez en el 35 -el estallido fue en el 36, con un blandengue López Contreras que luego se endureció-; Pérez Jiménez en el 58; el Puntofijismo en pleno en el 89, Chávez en 2002), y en ese espacio límbico llamado vacío de poder (¿les suena?) se produce la activación espontánea del pueblo como fuerza constituyente.
Sí, hubo vacío de poder el 11 de abril. Pues de bolas: ¿no tenían acaso secuestrado a quien detentaba el poder?

***

La derecha, y la izquierda que se cree derecha, seguirá insistiendo en que "los pistoleros de Llaguno" estaban disparándole a la marcha de sifrinos que nevía del este. Suficientes testimonios audiovisuales rebaten ese embuste grotesco cocinado por Venevisión y multiplicado por mucho hijo de la gran puta, ese cuyo conjunto llamamos nuestro enemigo. Este año, mis líneas de recordación de la fecha van dedicadas a ellos. A los pistoleros. Y les pongo el nombre que el enemigo quiere encasquetarles. Porque es preciso reivindicar los datos y claves que los aterroriza. Quizá así terminen de entender que estaremos esperándolos, vengan por las buenas o por las malas.

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domingo 5 de abril de 2009

Los revolucionarios momificados

En estos días estamos dándole con fuerza a la propuesta o iniciativa que de momento se llama Consejo de Comunicadoras y Comunicadores Socialistas . El que haya una buena cantidad de comunicadores (debe ser cercana a 200 la cantidad de participantes, y si se suman los integrantes de todos los colectivos que han enviado allí vocería o representación deben ser muchos más) poniendo en la mesa su discusión, sus inquietudes y sus propuestas, es ya motivo para sentirse optimista con sus posibles avances y resultados. Aun si en este momento ocurriera algún cataclismo o desgracia menor que obligue a suspender la actividad del colectivo que quiere darle forma al Consejo, lo logrado hasta ahora ya habrá valido la pena. Porque la naturaleza de varias de las propuestas, el espíritu desacralizador reinante en todas las mesas (incluso en aquellas donde todavía pena el ánima idiota de cierto insólito conservadurismo) indican que los participantes estamos claros en algo: queremos una revolución en el ámbito llamado Comunicación. Un ámbito que rebasa por mucho, y lo reduce a simple parcela o subproducto, a ese otro ámbito llamado periodismo.
Y aquí es cuando comienza a cobrar sentido este artículo: lo que he llamado “ánima idiota de cierto insólito conservadurismo” no es sino esa enfermedad social ridícula, paralizante, retrogradante, degradante, indigna y desesperante, que lleva a muchos compatriotas a creer que es posible hacer una Revolución defendiendo al pasado y aferrándose a él.
Pero ya vamos para allá. Hablemos primero de las cosas buenas.

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En nuestra Mesa o Comisión, que se llama “Contenidos de la formación de nuevos comunicadores y articulación con las universidades”, hemos asumido como premisa “la convicción de que las escuelas de Comunicación Social y demás instancias universitarias, de donde egresan los profesionales del periodismo, no son ni deben ser las únicas instancias de formación de comunicadores. Esto, porque el fenómeno de la Comunicación abarca un ámbito social y político más amplio que el referido al periodismo”. Esto ha sido la cita textual del documento que hemos preparado para informar y para orientarnos dentro de la conversa y la construcción. Continúo citando:
“Desde esa perspectiva, se plantea como propuesta al Consejo echar las bases para la creación de una Escuela Alterna de Comunicadores. Dadas las complicaciones y lentitud inherentes a la conformación de un ente educativo formal, se propone que en una primera etapa los ensayos de esta etapa germinal tendrán carácter itinerante”.
Cuando estas cosas se dicen en un grupo preparado en su totalidad para aceptar y captar en toda su audacia la palabra dicha y la idea propuesta, la reacción suele ser el entusiasmo. Pero cuando se escuchan o leen estas cosas con ánimo defensivo enseguida saltan las observaciones basadas en premisas falsas, aunque no todas ilegítimas. Ejemplo: hay quien se aferra a lo dicho en las primeras líneas del párrafo anterior para sentenciar: “¿Para qué otra Escuela si ya tenemos a la UBV? ¿Otra instancia burocrática más para enseñar lo mismo?”.
Hubo que explicarles a algunos que la Escuela con la que soñamos no se parece a la escuela anquilosada, medieval y burguesa en la cual se forman los amos y los esclavos que moverán al capitalismo. Nuestra Escuela Alterna de Comunicadores (esta que soñamos y que proponemos) tiene como características principales:
El carácter itinerante: no se trata, como las universidades existentes, de un campo de concentración (ahora los llaman “aulas”) adonde va un grupo de seres humanos arreado como un rebaño a recibir conocimiento de un grupo de docentes que se asumen superiores y con derecho a imponer una visión del mundo. La Escuela seremos nosotros, es decir, el pueblo que se sabe comunicador, en permanente recorrido por nuestros medios de información aportando nuestra experiencia y recibiendo a cambio la experiencia de los nuestros. No hay alumnos ni profesores sino intercambio de saberes (y de ignorares).
El concepto Medio-Escuela: en vista de que todos los oficios se aprenden ejerciéndolos, y no encerrado el aprendiz en un aula (campo de concentración) donde un sabio o imbécil te ordena leer unos libros y razonar de una forma X, bajo amenaza de rasparte la materia si no reproduces dócilmente sus dictados, nuestros periódicos deben funcionar como periódicos-escuela; nuestras emisoras y televisoras, como escuelas de producción audiovisual; las paredes de nuestras ciudades y pueblos, espacios para aprender el muralismo, etcétera.
El voluntariado: La Escuela con la cual soñamos no le proporcionará un sueldo a nadie. Quien quiere enseñar lo que sabe y aprender de los demás debe hacerlo consciente de que ese es su aporte a la construcción de una sociedad distinta, y no con la expectativa burguesa que debemos superar si nos gusta llamarnos socialistas: quien quiera ser “Periodista Profesional” debería entonces inscribirse en una universidad burguesa convencional (UCV, UCAB, Bolivariana), graduarse, llorar de emoción en el acto de grado del aula magna, inscribirse en el cadáver putrefacto de la mierda esa llamada Colegio Nacional de Periodistas, pagar puntualmente la mensualidad, recibir a cambio un carnet y el glorioso derecho a ser explotado en una empresa de esas que mercadean con la información.

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El sábado 28 de marzo tuvo lugar un episodio tristísimo, pero muy interesante, de esta larga lucha por una Revolución genuina en contra de las fuerzas que halan para atrás. En una de las comisiones alguien puso sobre la mesa una propuesta que, repito, si nos llamamos revolucionarios, debería sonar lógica y discutirse abiertamente. La propuesta era que los participantes en la conformación del Consejo debían renunciar en masa al Colegio Nacional de Periodistas. No había terminado de hablar el facineroso, el anarcoide, el muérgano infiltrado por la CIA que propuso semejante cosa, cuando se escucharon horrísonos y trepidantes alaridos de pavor. Terror del puro, compa, como cuando se cayeron las torres gemelas. La moción que se impuso fue: “Eso no está en discusión”. No es que los señores licenciados-colegiados se negaron a renunciar al Colegio, sino algo peor: sostuvieron que eso no se discute. Hay quienes se dicen socialistas pero no quieren acabar con el capitalismo sino acomodarse y sobrevivir dentro de él.
La mayoría de los compatriotas más audaces que conozco, esos que están ejerciendo una comunicación de avanzada, fresca, renovada, pujante y hermosa por su carácter libertario, nacieron en la década de los 80, pero parecen estar condenados a adaptarse a una maldita Ley de 1974 refrendada por Carmelo Lauría y otras momias. Una Ley redactada (y una institución creada) para un tiempo histórico que ellos no vivieron, y que hoy es inservible porque la Venezuela de hoy no es la de los años 70.
Penúltimo llamado: gente de Ávila TV, Voces Latentes, gente de ANMCLA, gente de El Cayapo; grafiteros, raperos, cantores, organizadores de parrandos y sancochos: si ustedes no se apropian de este fulano Consejo asistiremos al lamentable espectáculo de ver a esa instancia caer en manos de unos rrrrevolucionarios con miedo a hacer una revolución.

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viernes 13 de marzo de 2009

El desprecio chavista-oficial a los "anarcoides"

El ejercicio del debate, de la discusión, del intercambio militante de saberes y pareceres, es una de las prácticas a partir de cuya sistematización esa masa humana habituada a ser simple aplaudidora, carne de cañón y de nariceo vil, se convierte en multitud crítica, consciente, constructora de procesos. Llevada la observación al ámbito de los conductores, vanguardias o cuadros revolucionarios, o sujetos y grupos que pretenden serlo, nos encontramos con que hay un estadio previo, un requisito extra, un complemento quizá: la capacidad para reconocer en el terreno al aliado y al enemigo. De ese reconocimiento dependerá la calidad de debate que usted va a plantearle al sujeto o conglomerado que tiene enfrente. Tan sencillo como saber que al enemigo no se le da ni agua, y al aliado con quien se tienen desacuerdos se le trata con respeto. Dependerá también la calidad del debate de aquello que usted entiende por Revolución y a quién considera usted sujeto de las transformaciones revolucionarias.

Por cierto, ¿usted quiere ser un conductor revolucionario, vanguardia de su pueblo? ¿Usted quiere ponerse a sí mismo como ejemplo y predicador de lo que debe hacer un revolucionario? Pregúntese primero si puede serlo. Para lo cual deberá responderse antes si usted cree (pero no porque lo leyó sino porque el convencimiento le hierve adentro) que las parteras de las revoluciones son la audacia, el atrevimiento, la osadía, o la mesura, el respeto al orden existente, el automatismo. ¿Es una cualidad revolucionaria la capacidad para decirle que sí a todo cuanto diga el jefe? ¿Usted se siente convocado como pueblo a hacer una revolución o sólo está esperando que el Líder haga la Revolución por usted y se la lleve envuelta en papel de regalo para su casa? ¿Cree que el Líder es infalible, que está siempre en lo correcto, que nunca se ha equivocado y nunca se equivocará, o piensa que puede cometer errores? Llegado el caso en que usted detecta un error en el accionar o en el discursear del Líder, ¿usted cree su deber señalar ese error y tratar de convertirlo en tema público, o piensa que el perfecto militante es aquel que taparea, obvia, cierra los ojos ante ese error, y trata de justificarlo para que nadie vaya a pensar que el Líder no es una entidad superior sino un ser humano?


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Hay quienes piensan que sólo merecen ser convocados al debate quienes han sido capaces de absorber, digerir y repetir dócilmente unas cuantas fórmulas académicas o casi-casi, y unas cuantas consignas paridas en laboratorios de propagandistas y publicistas que cobran en dólares. Para estos caballeros, un Revolucionario no es alguien dispuesto a liquidar al Estado Burgués sino alguien incapaz de cuestionarlo siquiera. Alguien que llama a esta mierda en avanzado estado de putrefacción “Estado Revolucionario” sólo porque Chávez es el Jefe de ese Estado. Bello: el Estado venezolano está pletórico de instituciones adecas, leyes adecas, procedimientos adecos, corrupción adeca, prácticas adecas, lenguaje adeco: la cultura adeca en pasta, pero creemos tener un Estado Revolucionario porque sus ministros y directores no son adecos sino pesuvistas. Las policías son los mismos reductos de criminales, matraqueros y asesinos que nos entregó la llamada “cuarta república”; los hospitales son eso que ya ustedes saben; en la revolucionadísima DIEX persisten las mafias que expiden pasaportes y otros documentos por debajo de la mesa si les pagas; los “organismos de inteligencia” han hecho negocio ayudando a escapar del país a Ortega, Carmona, Lapi y Nixon. Ah, pero tu obligación rrrevolucionaria es rendirle culto a estas estructuras y prácticas, porque si las cuestionas eres un anarcoide que le hace el juego a la oligarquía.

Estos compas defensores del “Estado Revolucionario” suelen ser los mismos que le han otorgado carácter de virtud superior, revolucionaria, a eso que llaman disciplina. Resulta que no es el espíritu en rebelión, el contestatario, el capaz de hacer revoluciones, sino el que es capaz de acatar y obedecer. Usted se tropieza con un militar y éste lo manda a arrodillarse. Si usted lo manda a lavarse el paltó (o el hueco del culo) usted es un anarcoide; si usted obedece, es un revolucionario.

Ellos escriben artículos en los que se lee:

“…Esta rebelión (4 de febrero) contrasta con el 27 de febrero y nos indica un nuevo rumbo: el 27 espontáneo, el 4 planificado, aquél sin dirección, este con una dirección militar, el primero sin objetivos, sin consignas, no dejó rastros de organización, se perdió en las nieblas de la historia.. El segundo, con objetivos de poder muy claros, con consignas, con una organización que lo trasciende, se interna en la historia con aliento de cambios. Entender al 27 de febrero como un triunfo popular y un paradigma, es un error de apreciación histórica que aviva las ideas equivocadas (anarquismo y populismo), las hacemos beligerantes, y debilitamos a la Revolución”. (Los resaltados son míos).

Mismo artículo que remata con esta bella frase

“¡Con Chávez es con lo que Chávez decida!”

Ah carajo, hermanos. Pasa que Chávez “decidió” que el arranque de la “revolución bolivariana” es la rebelión del 27 de febrero. He ahí un acto de indisciplina: en lugar de casarse “con lo que Chávez decida” decidieron pensar por sí mismos... pero para alabar más a Chávez. Prueben ahora a sublevarse por el pueblo y no por el comandante, pues. A que no le echan bolas.

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El autor o los autores de ese artículo (publicado el 3 de marzo de 2008), en cuya rúbrica se lee “Antonio Aponte”, generoso obsequiador de granos de maíz en Vea y otros espacios rrrevolucionarios, ha vuelto transmutado en Neftalí Reyes un año después, en el semanario Debate Socialista, y “echa” la siguiente sentencia: “En Venezuela, en la Revolución Bolivariana el enemigo de esta etapa es el anarquismo pequeño burgués en todas sus variantes”. Suena bien, pero ¿qué entiende por “anarquismo pequeño burgués” el valiente columnista o equipo de columnistas que escriben con media docena de seudónimos?

Dice: “Estas corrientes (…) son enemigas del Estado, de todo Estado, inclusive en Estado Revolucionario, y enemigos de la integración social. En resumen enemigos del Socialismo. Así con cambios superficiales y retóricos calman sus angustias revolucionarias. Unos lo demuestran construyendo ejércitos de papelillo, y zonas liberadas de fantasías (…) otros, más peligrosos, desvían las acciones del gobierno hacia el peligroso debilitamiento del Estado, contraponen al pueblo con su Estado Revolucionario. De esa manera el pueblo desposeído no se organiza en Estado Revolucionario, no se integra, sino se enfrenta a él, lo niega”.

Es que hasta provoca dejarlos a ellos con la última palabra. De todas formas creo que la repuesta a “eso” la garrapateé allá arriba, en mi calidad de “anarcoide” con ganas de debatir.

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viernes 27 de febrero de 2009

Tareas pendientes, a 20 años del Sacudón

Artículo referencial:
http://discursodeloeste.blogspot.com/2007/02/este-hombre-es-todo-un-pueblo.html

Fotografías patrimonio de la humanidad, autoría de Francisco Solórzano (Frasso)

Par de videos referenciales:





Hora de definiciones. De decir con la palabra lo que deberíamos estar “diciendo” con la sociedad.

Por definición, los gobiernos no pueden ser revolucionarios. O se gobierna o se hace la Revolución, pero hacer ambas cosas la vez es imposible.

¿No podemos llamarnos revolucionarios entonces quienes apoyamos al Gobierno de Chávez? Depende de lo que hagamos en la perra calle, en nuestros espacios de lucha, aparte de apoyar al Gobierno.

Han salido al ruedo algunas voces que nos echan en cara una presunta falta al pundonor revolucionario. Suele el enemigo interpelarnos así: “Si tan rebelde eres, ¿cómo es que apoyas a un tipo que quiere quedarse en el poder para siempre?”. Medio en serio y medio en joda (porque no siempre hay que tomarlos en serio) es preciso responderles: no ha habido mayor acto de rebeldía de parte nuestra, en o que va de siglo, que elegir y reelegir, apoyar y seguir apoyando a un sujeto feo como nosotros, mal hablao como nosotros, irresponsable como nosotros, tierrúo como nosotros. Poner en Miraflores a un bicho de uña como nosotros, en lugar de devolverle el pretendido manjar de la presidencia a un tecnócrata, sifrino, patiquín balurdo o relambepipe, es el acto más malandro, transgresor y contracultural que hemos perpetrado como colectivo en la última década.

La medida de nuestro triunfo y del triunfo de nuestra rebeldía es lo mal que la están pasando las almas conservadoras. Viene y se produce un evento como el del 15 de febrero y uno duda que haya sido una victoria nuestra. Va uno y prende el televisor en Globovision, les mira el rostro a los declarantes y listo, es evidente que ganamos nosotros.

Cuando ellos nos felicitan y se aplican a adularnos es porque hicimos algo mal. La fanfarria amarillista de Globovision es el himno a nuestras victorias cotidianas.

¿Significa lo anterior que estamos en presencia de una genuina Revolución? Por supuesto que no.

Repita conmigo: o se hace gobierno o se hace una Revolución, pero no se puede hacer ambas cosas a la vez.

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Otro comodín de ellos, los que se llaman demócratas y sujetos de avanzada (en oposición a nosotros, los tiránicos y retrógrados, los atrasados): “Esto no es una democracia porque no se están tomando en cuenta los indicadores que la cultura occidental establece para llamar democrático a un Gobierno”.

Anoten pues. Sujeto de avanzada: alguien que se deja imponer condiciones y esquemas por parte de la fulana “cultura occidental”. Sujeto retrógrado y conservador: el que piensa otros caminos y no se deja arriar por la “cultura occidental”.

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Un Revolucionario genuino, cuando tiene la posibilidad de desempeñar un cargo público, se dedica a utilizar las posibilidades, recursos, infraestructura y salvoconductos que su “alta investidura” le permite controlar, pero no para apegarse a las malditas leyes adecas en vigencia sino para infringirlas, baipasearlas, pisotearlas, ignorarlas. Pienso como ejemplo en el Barrio Adentro de sus inicios, el que parió Freddy Bernal: un montón de médicos para todas las comunidades pobres, al margen y por encima del dinosaurio ministerial y del pantagruélico “sistema de salud”.

Quien toma el control del Estado y se contenta con administrarlo es porque no tiene instalado el chip necesario para impulsar o tan siquiera respaldar una Revolución. Alguien que se dice Revolucionario pero es incapaz de violentar las leyes vigentes por miedo a que lo llamen corrupto, no es un Revolucionario sino un burócrata.

No hay Revolución sin actos revolucionarios.

O se gobierna o se hace una Revolución. ¿En qué punto de su drama o de sus posibilidades se encuentra el Gobierno de Chávez?

Supongamos que ocurren cosas extraordinarias (como las muchas que suceden en tiempos agitados y confusos) y llegamos al punto en que este Gobierno se torna revolucionario. ¿Cómo? Quizá llevando a cabo acciones destinadas, no a administrar al Estado (este Estado adeco, liberal-burgués, que nos ladilla) sino a derribarlo. ¿Es posible? En teoría es posible, y es además lo deseable. Supongamos entonces que a la administración Chávez llega un funcionariato decidido a acabar con la payasada del Estado adeco maquillado con boina roja. ¿Podrá entonces producirse una Revolución desde el Gobierno?

Yo creo que no. Que ya no es posible. Con 40 por ciento del país dispuesto a oponerse a todo cuanto proponga el chavismo, ya no será posible que el Gobierno lleve a cabo las transformaciones dramáticas y decisivas necesarias para impulsar una llamarada transformadora. Al menos no será posible a corto plazo ni pacíficamente. ¿Qué vía queda entonces?

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Y volvemos: el Gobierno no puede hacer una Revolución.

Carta bajo la manga y nueva definición: nosotros como pueblo oprimido sí podemos. De hecho lo estamos haciendo, de manera focal, dispersa y quizá demasiado silenciosa, pero esa Revolución subterránea se está dando, está galopando.

Nosotros (el pueblo; dígalo así, camarada, en primera persona) somos hacedores de revoluciones por antonomasia. Es nuestra naturaleza, nuestra misión histórica: suprimir las relaciones aberrantes que han sumido a la humanidad en un sistema indigno, y avanzar hacia la democracia plena. En Venezuela hay actos y hechos revolucionarios dignos de ser registrados. Es una tarea pendiente: detectar y registrar esos saltos adelante de nosotros como pueblo.

¿Nos toca entonces apoyar el Gobierno y al mismo tiempo hacer pequeñas revoluciones que han de hermanarse con las otras? Correcto: que nuestro aliado mande allá abajo en Miraflores mientras nosotros lo revolvemos todo aquí arriba, donde se mueve (o debería moverse) la multitud.


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jueves 19 de febrero de 2009

Asco

Supongo que comentaré esta... mierda en algún momento. Por lo pronto, los invito cordialmente a presenciar esta inigualable autoexplicación de por qué jamás las clases acomodadas (clase media y ricos) entenderán el alcance y sentido de las palabras pueblo, libertad, democracia, racismo, odio clasista, fascismo, esclavismo. Lea bien eso que enlazo allá abajo y trate de decir, sin que le tiemble la voz, que "el odio entre los venezolanos" fue una creación del chavismo.
Quizá también esto ayude a explicar por qué, tras 10 años de Chávez en el Gobierno, el antichavismo tiene que hacer magia para hacerle creer a la gente que mantenerse sobre 50% de aceptación es "ver erosionada su popularidad".

Si usted es una persona decente, coja su bolsa para vomitar y lea:

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miércoles 18 de febrero de 2009

Adiós más o menos público al "Afrodescendiente" Villafaña

Hace pocos minutos me he enterado de la muerte del Negro Villafaña. Militante de todas las Desobediencias y rebeldías justas del ser humano, aguerrido combatiente cuando le tocó combatir, analista político, organizador de cuadros revolucionarios, asesor ad-honorem de cuanto conductor político descarrilado se dejara asesorar. Debido a que su generación es inmediatamente anterior a la nuestra, y en vista de que eran él y los suyos los ejemplos más cercanos que teníamos de lo que era y debe ser un Revolucionario, muchos asumimos que eran ellos (el Negro junto con La Guara, Roland, los Bastardo, otros) nuestros padres políticos. Los locos que nos inculcaron esa rara visión del mundo, según la cual la humanidad camina hacia un destino mejor, pero hay que ayudarla con unos cuantos empujones organizados. El pana se muere en la plenitud de su inteligencia, en el esplendor de su capacidad para aportar.

Abajo he querido copiar su último artículo, escrito el lunes 16 de febrero, después de la victoria. Es toda una guía de acción, un manual de cómo hacer para repotenciar esto que llamamos revolución bolivariana. Y también una síntesis de su pensamiento. De momento creo que no puedo decir más nada.

Por allá nos vemos, Afrodescendiente.



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Ganamos la enmienda, ahora profundicemos el proceso

Luis Villafaña

(16-02-2009)

Se dio el proceso de la Enmienda a la Constitución a pesar de los desafueros de la oposición fascista. Los resultados ratifican que este pueblo está decidido a romper con los residuales del pasado: Ya no más prácticas adeco-copeyanas, falsa moral del Neoliberalismo, injerencia del Imperialismo y grosera utilización de una fracción del estudiantado venezolano por parte del fascismo opositor. Se nos imponen nuevas consideraciones para re-crear el país, revolucionarlo desde la reconciliación nacional sobre la base del respeto, la dignidad y solidaridad socialista, lo cual pasa por la cualificación de nuestro proyecto y activistas. Reconciliación que no será con los voceros o portadores de los intereses del imperio, será con y entre nuestra gente.

Luego de este sufragio requerimos ejercer la política del cambio, revolucionaria desde la cotidianidad. Aprovechemos el período post referéndum de la Enmienda y pre-elecciones a la Asamblea Nacional, para cualificar la reflexión y práctica política en lo económico y en lo social. Montar mesas de trabajo y de diálogo sobre la Comunicación Social (en los espacios públicos y/o sitios laborales). Profundizar sobre la ausencia de Proyecto Político Histórico en la oposición y d n sus fascistas Patitas Blancas. Re-impulsar la Política Internacional, re-pensar el PSUV y la Administración Pública Nacional. Es hora de profundizar el proceso abocándonos a cumplir por lo menos con seis tareas fundamentales:

1.- Cualificar la dirección y demás mandos del PSUV;

2.- Impulsar la Formación Política-ideológica de nuestros cuadros y pueblo en general;

3.- Evaluación de las Misiones y limpieza de la Administración Pública Nacional de todo el residuo dejado por la Cuarta República;

4.- Exhaustiva evaluación de la Política Comunicacional del Gobierno y reglamentación de ésta de interés social y seguridad de Estado;

5.- Jornada de estudio y desenmascaramiento del fascismo oculto detrás de las Manitas Blancas estudiantiles;

6.- Revisión y cualificación de la Política Exterior, específicamente en lo que respecta al área del Caribe y los países Bolivarianos.

Basta de hablar sobre la existencia de la derecha endógena, importante es caracterizarla y generar mecanismos ideológicos que nos permita conquistar a muchos y aislar a los menos cuyos métodos de trabajo sean reproducción del "adequismo cuarto republicano".

Necesitamos actualizarnos (seguir estudiando y debatiendo) sobre las teorías socialistas, el pensamiento Nuestro americano, el estado actual de la contaminación del ambiente, el desarrollo científico y humanístico. Asimismo, requerimos de un plantel de cuadros, asesores, gerentes y custodias de la Administración Pública identificadas y militantes con el Proceso; de medios de comunicación con mística e identidad con las ansias de vida digna de este pueblo, que los capacite para garantizar creatividad e iniciativa propia. Ya es tiempo de bajar el clima de críticas a Globovisión, veamos la viga en nuestro propio ojo in-comunicacional. Reflexionemos que: Si la primera fase de la Guerra de Cuarta Generación comienza por los Medios de Comunicación entonces invirtamos todos los mísiles al mismo y demos la batalla con ideas.

Liberemos a los dirigentes estudiantiles y sindicales del proceso, que no sigan siendo apéndices del ejecutivo, respetemos la autonomía relativa de esos sectores, es más metámosle dinamismo a la instalación de los Consejos Obreros (o de Fábrica) y Consejos Estudiantiles. Iniciemos acciones que permitan sacar a nuestra estructura referida a la política internacional del burocratismo que la caracteriza.

Estimulemos convenios y proyectos de investigación con universidades que nos permita un plantel de internacionalistas comprometidos con este proceso de liberación de la humanidad del capitalismo salvaje. Inventariemos y revisemos hasta donde es posible que algunos amigos y hermanos de otros países pudieran ser nuestros diplomáticos en sus países de origen. Y, aceptemos, el primer rostro del proceso son los servidores públicos, relevemos a la gentuza que dejó la cuarta república por nuestra muchachada de la quinta. Que se busquen todos los recursos posibles para adelantar jubilaciones y "cajitas felices!" a los descendientes del cuarto-republicanismo incrustado en la estructura de la Administración Pública Nacional.

No son tareas de poca monta pero estamos convencidos que con una buena dosis de disposición política, infraestructura organizativa y claridad ideológica podremos llevar con buen pie esta jornada enmarcada en la reivindicación de un estilo y método de trabajo revolucionario: "Cero clientelismo, compadrazgo y oportunismo. Revolución en la Revolución".

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lunes 16 de febrero de 2009

La borrachera de anoche (Breve crónica, seguramente tarifada)

Recibí la noticia del triunfo del Sí en La Cañada, 23 de Enero, frente a la plaza bautizada "Manuel Marulanda Vélez", frente a un estacionamiento que comparten varios superbloques y algún que otro vecino del barrio Sucre, a pocos metros de donde vivo. "Júbilo" es una palabra fría, pendeja y pequeñoburguesa para describir lo que pasó allí durante toda la noche de ayer, antes y sobre todo después del anuncio de los resultados del referéndum. Ahí estaba mi pobre pueblo alegre, mi rico pueblo triste; ese pueblo ninguneado, ignorado, desaparecido, insultado, despreciado, vejado en su dignidad por los grandes medios de "información", según cuyos brillantes analistas la gente que vota por Chávez lo hace porque lo amenazan, porque le pagan o porque es muy ignorante; allí estaba la horda maravillosa y en estado de éxtasis que me nutre, me empuja hacia adelante, me hace soportable mis desperfectos individuales y me va moldeando como ser humano.
En el bloque 19 vive un muchacho, estudiante y antichavista para más señas, cuyo carro tiene pintadas en el parabrisas, desde hace varios meses, sendas manos blancas. Un manosblancas en predios de la Coordinadora Simón Bolívar y de Tupamaros por vocación; un territorio donde el chavismo nunca baja de 65% en elecciones y referendos. En pleno momento de la euforia (otra palabra insuficiente para describir con exactitud la explosión popular, la plomamentazón al aire, la energía telúrica desbordada) volteé hacia un punto del estacionamiento y allí estaba el muchacho. De bolas que esa no era su fiesta, pero el tipo estaba ahí parado, mirando. Es probable que algún disfrute le produjera el huracán de sus vecinos, pero a los ojos de cualquiera ese que estaba ahí era el manosblancas declarado, el desafiante adversario. Les juro por mis hijos que lo pensé, y lo pensé con convicción: "La estatua de Tirofijo deberían cambiarla por la de ese loco valiente".


En este momento, libre ya de la borrachera (aunque no de sus efectos secundarios) lo he pensado un poco mejor, y mi lectura cambia un poco, pero sólo un poco. Sigo pensando que ese muchacho manosblancas es un carajo valiente. Pero creo que su coraje cuenta con el evidente respeto de quienes viven a su alrededor. A mí en lo particular su actitud me inspira un profundo respeto. Su postura es cuando menos honrada y digna; quizá no es suicida ni heroica (ni tiene por qué serlo). Porque, dígase lo que se diga, el sector más pobre del chavismo no tiene la vocación homicida que le atribuye la clase media. El caso del manosblancas de La Cañada colide duro y de frente con las docenas de testimonios según los cuales la "clase pensante" le ha hecho la vida un infierno (cacerolas, intimidación, ley del hielo, comentarios como flechas en el ascensor y otras áreas comunes) a vecinos a quienes les han descubierto el pecado del chavismo.

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Luego del anunciada la victoria del Sí, muchos de los allí presentes bajamos a cántaros hacia Miraflores. En el punto donde la avenida Sucre conecta con la principal de Lídice se produjo un momento de excitante furor popular (ese espacio misterioso donde la rabia y la felicidad se funden en una sola manifestación) del que sólo había participado otras dos veces en mi vida, exactamente en el mismo punto: el 27 de febrero de 1989 y el 13 de abril de 2002. Allí confluían los ríos Catia, 23 de Enero y parte de La Pastora, y ustedes seguramente ya han participado en este tipo de eventos colectivos donde los desconocidos se hermanan en súbita complicidad. Sólo que en aquellas ocasiones (89 y 2002) la emoción predominante era la rabia, y esta vez la alegría tenía el control. Una vez en Miraflores y medio escuchadas las palabras de Chávez me dejé emborrachar por una de las fiestas más sabrosas de los últimos tiempos, tropezado de locos y reencontrado con varias de las carajitas más hermosas que conozco en persona; rodeado de un gentío a quien El Nacional, Globovisión y los "líderes" de la derecha nunca le preguntarán quién le paga, quién lo amenaza o quién lo embrutece para que estalle así de felicidad. Para quien no sabe de qué se trata la felicidad, siempre lo que hagamos nosotros, el pueblo que sí sabe ser feliz (porque nuestra historia de dolor y opresión nos ha escamoteado el derecho a la contentura) será sospechoso de ser un acto tarifado o miedoso.
Pobre Miguel Henrique. Pobre Teodoro. Pobre Ravell. Cuántas veces habrán soñado con que se los jamaquee una negra.

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Numerología

Sí: 54,36
No: 45,63

54-45; 36-63.

¿Opuestos casi exactos? ¿Irreconciliables o qué?

En breve, un análisis ligeramente más serio que eso.

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domingo 15 de febrero de 2009

Ganó la opción del Sí

Yo no soy escaparate de nadie. No guardo real porque nunca me sobra. Así que menos me voy a guardar la certeza que ya corre por todas partes: todas las mediciones dan más flacas o gordas tendencias a favor del Sí. Algunas evidentemente son infladas y otras más conservadoras.
Está prohibido dar resultados. Así que piénsenlo antes de intentar rebatir (o apoyar) esta información. Ustedes no son delincuentes.


Ya, ganó el Sí.

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sábado 14 de febrero de 2009

Misión cumplida, eurohijode puta Herrero

Tenemos, como era de esperarse, un día más de campaña electoral luego del cierre oficial de la misma. Del lado del antichavismo, los refuerzos internacionales han venido a cumplir su rol y he aquí a un cabrón de nombre Luis Herrero haciendo su parte (libreto y dirección: Aznar y su partido neonazi): de entrada, el bicho dijo que en Venezuela hay una dictadura y que los procedimientos del CNE se prestan para una trampa. Un gafo que viene como observador descalifica al CNE y anuncia que la derrota que sufrirá la derecha mañana se debe a un fraude. Tras lo cual, por supuesto, fue echado del país. No con tanta violencia y humillación como suelen echar de España a los latinoamericanos, africanos y asiáticos, pero con suficiente irrespeto a su alta investidura como para que se decretara el éxito de su misión. Estemos claros y dejémonos de pendejadas: este imbécil no vino como obsrvador de nada sinmo a provocar y a intrigar para que lo echaran de Venezuela. Felicitaciones, sucio: has logrado tu misión.
El borbónico rey de papel manda a a callar a nuestro Presidente (fuera de España) y eso es un acto de coraje y de justicia; un eurodiputado le da rienda suelta a los esfínteres de su jeta en nuestro país y hay que calárselo, sólo porque es de derecha, hijo político de Aznar y amigo de los multimillonarios venezolanos. Coman mierda.

El mencionado idiota, no bien llegó a Sao Paulo, a donde fue a parar el avión donde lo embarcaron para que se fuera a intrigarle al coñísimo, cumplió con la segunda parte de la misión, que no era otra sino darle continuidad a la campaña electoral venezolana. Dijo: "si de algo sirve este episodio, es para que los venezolanos tengan claro que votar Sí (en el referendo) es perpetuar este tipo de comportamientos". Traducción: vote SÍ y verá como ningún europeo de mierda vendrá a insultar a su país.

Dos (¿o tres) mentiritas
para condimentar el "escándalo"

Por supuesto que la derecha venezolana estalló en un júbilo bobo. El pichón de burro Julio Borges le anunció al país, al mundo y a la galaxia entera que "un grupo de 30 funcionarios de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) llegó al hotel Pestana en Los Palos Grandes y se lo llevó cargado (a Julio Herrero)". El paladín de la intriga y la provocación dijo por su parte que "seis u ocho policías" lo "levantaron en volandas" y lo metieron a la fuerza "dentro de una furgoneta". Antes de eso le habíaal embajador de su país en Venezuela: "tengo que decirle que los funcionarios han sido muy correctos ... que están cumpliendo con las órdenes que les han dado pero lo han hecho en todo momento con corrección. No tengo nada que decir en contra de eso". Ah, pero lo dijo apenas se bajó en Sao Paulo.
Y seguimos. Más cosas han de decirse de aquí a mañana, día de nervios y tensión. Y ni hablar de lo que se dirá después de conocerse los resultados. Ay, papá.

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jueves 12 de febrero de 2009

¿Y después del 15 de febrero?

Artículo referencial:
Una propuesta urgente a las expresiones del Poder Popular

Yo creo que la opción del Sí ganará el referendo de este domingo.
Lo digo con la misma seguridad con que les decía a los panas, antes del 23 de noviembre pasado, que íbamos a perder las elecciones en Caracas. No es pretendida magia ni artes adivinatorias. Tan sólo cuestión de detectar signos en las calles, y de saber interpretarlos.
También, al igual que en los últimos eventos electorales, me niego a pensar que “en este referéndum se decide el futuro del país”, ni pendejada por el estilo. Yo creo que cualquier resultado a favor o en contra en las urnas no sirve de nada si a continuación no empezamos a efectuar en todos nuestros espacios vitales (zonas de residencia, lugares de trabajo, espacios de militancia o discusión, tribunas mediáticas) acciones de pueblo dirigidas a cambiar la maldita sociedad capitalista y burguesa que tenemos por otra que se supone ya hemos soñado bastante. Hay quienes dicen que primero es menester dar el salto hacia una transición; pues bien, aunque sea ese pequeño salto es preciso darlo. Y ahora arránquense los cabellos, pero va siendo hora de repetir (en esto andamos más o menos desde 2002) que seguramente Chávez ganará las elecciones del 2012, el 2018 y quizá otras más, pero en las elecciones del año 2078 Chávez no estará y entonces habrá una generación preguntándonos qué coño hicimos nosotros, aparte de hacer campañas y ganar elecciones, y algo tendremos que decirles.
Pero tranquilos: en 2078 los huesos de la mayoría de nosotros estará en la misma condición lamentable que los huesos de Hugo Chávez, y entonces nuestros hijos y nietos tendrán que enfrentarse al incómodo trámite de tener que demostrar que sus padres y abuelos no fuimos una cuerda de oficialistas, sino un puñado de revolucionarios.
Así que de vez en cuando vale la pena repetirse y hacer el siguiente llamado, ya realizado justo después del referendo aquel por la Reforma, dirigido a las vanguardias y expresiones del Poder Popular organizado.



Creo que esta pone a las fuerzas populares del chavismo deben asumir que se está en un momento crucial, en el cual:

1) Deben entender que la política no puede registrar como punto de honor la obligación o necesidad de ganar elecciones. Las victorias electorales son producto de un trabajo grandioso, a veces sucio, a veces honesto, pero duro y sostenido; las victorias electorales nunca pueden ser un fin en sí mismo.
2) Deben sacudirse la modorra que mantiene a muchos dirigentes populares confundidos en una encrucijada tan falsa como lamentable: ¿somos líderes del pueblo o subalternos de Chávez? El síndrome del "líder único", suavizado o empeorado al llamarlo "líder máximo", obvia el hecho de que las Revoluciones son producto de un liderazgo colectivo. Chávez es referencia y timonel de esta parte de nuestro Proceso Histórico Social, pero Chávez no es el papá de ese Proceso: es un producto formidable del mismo, lo mismo que nosotros como fuerza multitudinaria.
3) Deben sincerar las cuentas: los adversarios son muchos. No por ello dejan de ser una parranda de güevones, pero son muchos güevones y están aprendiendo a juntarse. Así que es preciso dejar de comportarse como si ese factor, ese obstáculo, ese asunto que se mueve allá al fondo, y a veces aquí frente a nuestras narices, fuera algo que se pueda suprimir volteando para otro lado. Hasta los rastreadores de vida extraterrestre han asumido con valor el eslogan: "No estamos solos". No hace falta mucha destreza para admitir eso mismo desde esta acera de Venezuela.

***

Esto lo escribí dos días después de presentada al país la propuesta de Reforma por parte del presidente Hugo Chávez. Así esto rompa el sagrado himen del recato, la etiqueta y la modestia (o precisamente por ello) quiero proceder a autocitarme:

* “…decretar que el Poder Popular es uno de los poderes del Estado es un disparate, un absurdo monumental, ya que tiende a convertir en simple burócrata asalariado o en empleado público al luchador social, al ser humano que da la vida por mejorar a los suyos y no por un sueldo o cargo público. El Poder Popular no puede ser un apéndice del Estado: debe existir para confrontar al poder inmenso del Estado, ser su imagen especular, su contrapeso…”.

Para quien conoce o al menos tiene referencias de lo que ha significado construir el Poder Popular en las entrañas de un Estado Burgués, tiene que resultar engorroso meter en una sola frase optimista las nociones de Pueblo Organizado y Ordenamiento Jurídico. Porque las expresiones más heroicas, genuinas, duraderas y ejemplares del Poder Popular se han construido 1) al margen de las leyes, y 2) en contra de las leyes.

Lo duradero suele nacer de lo ilegal. ¿Qué fue el estallido febrerista que comenzó todo esto, sino un atentado masivo contra uno de los totems de la cultura occidental (la propiedad privada)? ¿Alguien se imagina a Bolívar solicitándole a la Corona un decreto que legalizara el proceso de liquidación de la dominación imperial? ¿Qué artículo 350 de mis tormentos invocó Bolívar para soltar el conmovedor Decreto de Guerra a Muerte? Allá los que creen que las vanguardias legítimas y los pueblos necesitan papeles para hacer o deshacer.

Los liderazgos surgidos de lo profundo del pueblo no se cocinan en los pulcros recipientes de la legislación o las instituciones. El crisol donde cobró forma esta ensalada de movimientos organizados que hoy apoya el proyecto bolivariano fue una bacinilla infecta donde no faltaron como ingredientes la cárcel, la persecución, la represión a punta de plomo, los allanamientos, la vejación y el escarnio a través de los medios: te encarcelaban o te mataban, y después te llamaban criminal. Si algo hay que admirarles a los líderes comunales, campesinos, obreros y nómadas de este país, es que su estatura y su autoridad moral la consiguieron con dolor, no en laboratorios mediáticos. La derecha jamás admitirá esta singular diferencia entre su “liderazgo” y el que creció a la sombra de la historia patria. Algo adentro les dice que ser líder es algo más que aparecer en televisión, pero aparecer en televisión es más sabroso.

***

La burocracia anquilosa, momifica, pervierte. La energía que mueve a la humanidad hacia la democracia plena se encuentra en esto que somos (me refiero a las muchas expresiones del pueblo organizado). Estoy orgulloso de los compas militantes de estos grupos. En ellos he percibido más virtudes y ventajas que patas cojas: aquí hay talento, inteligencias alternas, calidad humana, solidaridad, pasión, amor a la tierra y a los seres humanos; conocimiento y dominio territorial, un impresionante acumulado histórico y cultural como pueblo, poder de fuego, madurez y responsabilidad para ponerlo alerta y para utilizarlo. Somos un país disperso, bullente y escandaloso dentro de otro país llamado Venezuela.
Va una propuesta para ustedes, colectivos organizados: vamos a mantener la comunicación y las redes que cobraron forma en estos últimos dos meses, y preparar en colectivo la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. No desde el liderazgo de otro aspirante a coloso o a ministro, sino desde la necesidad multitudinaria de organizar a la patria en una estructura más humana y fresca que la actual.

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miércoles 11 de febrero de 2009

EXTRA: Aquí están las pruebas del odio y el terror de los vecinos hacia La Piedrita

El Universal publicó el martes 10 de febrero una... una... llamémosla "noticia", titulada así: "Queremos que La Piedrita salga de la comunidad". Más allá del detallazo de que se trata de un seudorreportaje con declarantes anónimos, sucedió que la declaración del titular provocó allá en el barrio La Piedrita sonoras carcajadas, porque, ¿cómo una comunidad va a querer que la comunidad salga de la comunidad? Pero claro: estamos en un punto de la historia del engaño y la manipulación en el cual a los pobres consumidores de "noticias" de este país se nos ha hecho creer que La Piedrita no es una comunidad sino un grupo terrorista (financiado por el Gobierno o financiado por la CIA, según quien declare). Que ese grupo no es expresión de una comunidad sino un transplante artificial (del Gobierno o de la CIA, según quien declare).
El punto es que la página www.el23.net ha publicado unas fotos (debidamente comentadas) que evidencian el ¡terrrrorrrr! que La Piedrita (reforzada por Lina Ron) le ha impuesto a La Piedrita.


Este es el reporte de los activistas-reporteros-misionboveros de el23.net:

Bien, ahora veamos una secuecia de fotos, del Grupo de Trabajo la Piedrita y Lina Ron atropellando a la comunidad de la Piedrita, son imagenes fuertes:

El "che" torturando a un niño de la Piedrita
Lina, preparandose para atacar a la comunidad de la Piedrita que huye despavorida

Niños aterrorizados por El colectivo La Piedrita


Nelson Santana, del colectivo la piedrita haciendo pintas para asustar a la comunidad



Lina Ron, preparandose para comerse los niños de la piedrita




Niños capturados por el colectivo y sometidos a trabajo forzoso





Mas niños aterrorizados por el colectivo la piedrita




Valentin Santana, el terror de las viejitas de la piedrita




"Odio a valentin, por eso hicimos esa pancarta en su apoyo"

La comunidad de la piedrita, tratando de linchar a Valentin

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sábado 7 de febrero de 2009

Monte y culebra, o muerte

Cambia radicalmente la visión de eso que llamamos “panorama político” cuando salimos de Caracas, y en general de toda la Venezuela urbanizada y seudocosmopolita. Esta reflexión amerita pies de plomo y avisos de señalización en cantidad, porque sus líneas rectoras se emparentan peligrosamente con una vieja idea de la “clase pensante” (ustedes saben, esa parranda de universitarios y sus afines y derivaciones: sifrinos, sifrinoides, lechuguinos, protoaristócratas y demás güevones que se creen destinados por la providencia a dirigir al país y al mundo, porque dizque estudiaron y se quemaron las pestañas, como si los pobres no nos hubiéramos quemado todo el cuerpo, pestañas incluidas): la idea fatua, ridícula y vomitiva según la cual en Caracas, Carabobo y el Zulia el chavismo perdió porque la gente de las ciudades es más inteligente, estudiada y por lo tanto superior. Lo han dicho muchas veces; lo sugieren e insinúan a cada rato; de vez en cuanto se les expande el yoyo y lo dicen expresamente con un desparpajo y una sinvergüencería que te defecas, man.

Hace unos cinco años, al calor de la terrible derrota del antichavismo en el paro-sabotaje petrolero de 2002-2003, leí en El Nacional una columna de opinión, firmada por un pichón de tecnócrata de apellido Osío Cabrices, contentiva de la esencia (y buena parte de la sustancia) de esa increíble forma del pensamiento segregacionista, elitista y racista que gusta de llamar fascista al comunismo. No conservo la columna, pero a decir verdad no es necesario tenerla frente a los ojos, porque sus ideas son sencillamente inolvidables. Me atrevo a desglosar acá esas ideas:

*En las grandes ciudades, cosmopolitas y modernísimas o posmodernas ellas, vive la gente de avanzada, la gente que estudia, los profesionales, la gente culta, los seres humanos mejor informados porque manejan la tecnología y las herramientas que gobiernan al mundo en la era de la información: el siglo XXI.
*En los campos y pequeños pueblos de provincia viven los hombres y mujeres cuya actividad y pensamiento representan el atraso, la miseria, la insalubridad, la violencia, la ignorancia: el siglo XIX.
*La tragedia de este país consiste en que ha sido gobernado por sujetos de provincia o que representan la Venezuela provinciana y atrasada.
*Chávez es de provincia.

Y ya. Es fácil cerrar con una frase la conclusión de este increíble acto de purgación intelectual. Increíble, no por su contenido, sino porque quien lo expresa dice, piensa y cree que es demócrata. Que su lucha antichavista tiene fundamento en el hecho de que Chávez es un tirano y él, el simpático Osío, cree en la democracia.
Chávez nació en Sabaneta: ¡uy, fo, qué asco! Osío nació en Caracas: o sea, ¡guao! Más fiiino…


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Yo también creo que las grandes ciudades suelen acrisolar personalidades, actitudes y mentalidades distintas que en los pueblos, caseríos y campos del “otro” país, ese que llaman “de provincia”. La variante que quiero troquelar acá sugiere que en Caracas y otras ciudades vencidas por el falso cosmopolitismo la tendencia es a regresar al pasado precisamente porque “el caraqueño” es distinto a “el provinciano”. Se cae de obvio: mientras más mayamera es la ciudad y mientras más hondo ha penetrado en sus habitantes la anticultura capitalista del consumismo, la competencia y el aplastamiento del prójimo (para cumplir con la ley de supervivencia del más apto) más difícil es que prenda o tan siquiera caiga simpática una idea, noción o propuesta que sugiera socialismo.
Cierto que hay una Caracas definitivamente entregada a ese anhelo de imitar al norte a ver si en el fotocopiado se calca también la prosperidad, y otra donde el hombre expoliado se declaró en rebelión y anda en la búsqueda honesta de otra sociedad. Pero hay tendencias. Hay un espíritu que se impone en cada ciudad, y así tenemos que en una Caracas avasallada por la cruel y artificial necesidad de imponerse al vecino en todo y para todo (para que no se te coleen, para llegar más rápido, para vestirse mejor, para tener el mejor carro, para vivir en la mejor urbanización, para exhibir el mejor culo, para que el vendedor te baje el precio o para zampárselo más alto al que te compra, para atracar o para que no te atraquen) siempre sonará sospechosa en más gente una invitación a cambiar espuelas y agallas por solidaridad, competencia por ayuda mutua; siempre sonará a vainas de gochos y campesinos eso de entender la democracia como derechos plenos para todos, cuando el espíritu dominante te hace salivar de lujuria en busca de la victoria del que más acumula, del más vivo, del que jala más bolas, del que se encontró un celular y espera a que lo llames para cobrarte diez veces su precio.

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Conste que yo nací y crecí en un pueblo pequeño que por más que prolongue su esfuerzo por parecer gran ciudad no deja de ser la Carora pueblerina de siempre. Conste, por lo tanto, que no tengo que hacer recorridos a lo Valentina Quintero para entender lo que bulle en la mente de un provinciano cuando un caraqueño despunta en el horizonte. Pero me es inevitable admitir que hoy mismo ando metido en la maceración de un vistazo remozado a la Venezuela profunda. En el último mes llevo recorridos mis buenos 4 mil kilómetros de pueblos y carreteras a lo largo de 18 estados, y que este viaje loco y tormentoso me ha proporcionado nuevas visiones del asunto. Por ejemplo, uno que me indica que la Venezuela adentro está tocada de caraqueñidad.
He preguntado por las fiestas patronales y otras parrandas y me han advertido que para llegar a la cultura nuestra hay que abrirse paso por entre guerras de minitecas. He encontrado sus huellas en campos, casas de amigos y botiquines (vengo saliendo de uno en El Pilar, estado Sucre, y he asistido a un duelo formidable y rarísimo de versos improvisados entre un coplero del Guárico y un decimista oriental: Javier Echezuría versus el Finfín de La Pastora). Así que Doña Bárbara no está vencida, pero Santos Luzardo anda invadiendo a punta de reggetón y otras costumbres transplantadas.
La anécdota fundamental de la novelística venezolana sugiere que la civilización está destinada a barrer a la barbarie. Pero a los defensores de este atavismo se les olvida que la barbarie no está en los conucos sino en las balaceras de los cerros.
¿Qué busco tan lejos en esa carretera, además de sabrosura, buena vibra y gente bonita? Ando lo que se dice encampañao. Llevando un mensaje y recibiendo muchos otros a cambio. Recordándole a la gente que esto no es una guerra entre escuálidos y chavistas sino entre opresores y oprimidos. Que no porque alguien se calce una franela tan roja como la boina ya se convirtió en gente nuestra. Que sería bueno votar “Sí” para poder seguir ensayando formas de organización popular sin la sombra de la Disip rondándote la casa. A cambio he recibido muestras de un espíritu crítico formidable, la resurrección de aquella vieja consigna: “Con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”. Y sobre todo la reafirmación de un amor a la tierra, al ser humano olvidado por el poder; he sido testigo de expresiones de amor a la sencillez.
En las ciudades pequeñas, todavía la naturaleza y la baja velocidad de las actividades humanas vitales le dejan a nuestra gente espacios para la ternura, el desapego; para derrotar a la viveza entendida como habilidad para joder al otro. Todavía hay pueblos donde se puede dejar las casas y los carros abiertos. En otros pueblos hay quienes viven de su conuco, su ovejo y sus gallinas y no necesitan ir al supermercado, porque los vecinos tienen verduras y otros agregados. En Mérida dejé mi chaqueta en un taxi y el taxista dio un vueltón de fábula para devolvérmela. El socialismo está aquí: en un puñado de viejos sabios, que viven el socialismo sin saberlo. En hombres y mujeres que a lo mejor hasta adecos son, pero son socialistas hasta la semilla. En una casita perdida en las montañas de Lara, en casa de un viejo muy pobre Ramón Mendoza se echaba los palos con unos panas. Éstos hablaban de lo inútil que era, en el fondo, tener mucho dinero. El viejo de la casita (el pobre en su choza) dijo de pronto: “No, yo sí quiero tener mucho rial”. Le preguntaron que como pa qué. La respuesta: “Para mandarme a echar una foto con ustedes, que son mis amigos, y colgarla aquí en la casa”.
Y uno de güevón y que buscando el socialismo en los libros, en el ejemplo fracasado de otros países, en el verbo de los internacionalistas, en el chavismo de oficina y franela roja.

***

Paro un momento en Caracas y seguimos de gira, agitando por el Sí. En Guárico compartí tarima un rato con Vanessa Davies y con Ramón Mendoza, El Cayapo; luego, viaje a El Pilar (Sucre) para conversas varias. Ramón agitó en foro con el PSUV. De regreso, otra vez El Socorro con El Cayapo y la gente del Frente Campesino Ezequiel Zamora. Antes, recorrido monumental más o menos por esta ruta: Caracas-Valencia-Tinaquillo-Calabozo-El Tigre-Puerto Ordaz; regreso por La Pascua-San Carlos-Barinas-San Cristóbal-Mérida-Bobures-Carora-Caracas. Ya explicaré en qué onda, con qué fines, con qué resultados y expectativas.
La semana entrante, San Juan de Los Morros y Yaracuy, con el Frente Campesino Jirajara, si me confirman.
Me hacía falta ese soltar de músculo, emoción y verbo. Pilas cargadas, nervios en su sitio y otra vez la gran Caracas, heroica poderosa (y en esta noche sin igual la luna se pone a coquetear).

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miércoles 28 de enero de 2009

Más del antiperiodismo a la venezolana

La compra-venta de mercancías se rige por unos códigos más o menos universales. Un mercader de sábanas puede vender sus productos (si le da la gana) usados, sucios, de colores espantosos, rotos, deformados. Cuando el cliente compra algo y ese algo viene en mal estado, el mercader está en la obligación (a veces penal, a veces puramente moral) de dejar satisfecho al cliente. Le cambia la mercancía o le devuelve los reales. Si el cliente protesta con suficientes ganas, el mercader siempre tiene la opción de decirle: “bueno, si no te gusta mi mercancía ve y cómprasela a otro”.
Una lógica rupestre y llana que funciona al pelo y sin traumas cuando se trata de sábanas. La torcedera de tripas sobreviene cuando la mercancía es la verdad. La realidad. Esa realidad que usted tiene derecho a conocer. Esa cosa que el periodismo tiene la misión de comunicar en forma de noticia.

Lo mismo que el fabricante de las sábanas, el periodista (vendedor de informaciones) moldea el objeto que va a venderle al público, en la forma (presentación) en que le da la gana. Usted, consumidor de noticias (esa mercancía que suple a la verdad) nunca sabrá la verdad absoluta de lo que ocurrió en un lugar en el que no estaba, salvo en determinados casos como por ejemplo un juego de beisbol: usted es testigo directo de la noticia y ningún periodista ni nadie puede venir a engatusarlo negándole el jonrón que vieron sus ojos. Pero en otros casos más dramáticos e importantes, su conocimiento y comprensión del asunto depende de lo que unos mercaderes de la verdad (los periodistas y empresarios de la información) tuvieron a bien fabricar como noticia e “informarle” a usted, cliente sin derecho a pataleo.
¿Sin derecho a pataleo? Sí: usted no tiene derecho a objetar, cuestionar o reclamarle nada a un todopoderoso periodista o dueño de una empresa vendedora de información. Aquí no puede funcionar el “si no te gusta mi mercancía ve y cómprasela a otro”. Sucede que la materia que el periodismo de academia se ha apropiado para convertir en mercancía es un derecho humano inalienable, y es el derecho a saber la verdad, pero la convención burguesa universalmente aceptada ha impuesto una aberración, según la cual lo importante no es la verdad sino el derecho de los periodistas y corporaciones a difundir su mercancía descompuesta.

No se caiga a coba. El periodismo es más importante que la verdad. A Globovisión no se le puede devolver la mercancía: usted prende el televisor, se come su mierda y se calla la jeta, porque cambiar de mercader (de canal, página web o periódico) no funciona, asomarse a VTV es asistir a otro proceso lamentable de deformación de la realidad, e ir a reclamarles algo es un “atentado contra la libertad de información”.
800 billones de moscas no pueden estar equivocadas: come mierda y vive un día pepsi.

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Retomo una idea desarrollada en artículo reciente: según la razón mediática (el imperio de las corporaciones de la información, su señorío sobre la verdad), si usted ha tomado por bandera el antichavismo tiene libertad para todo: para conspirar, para ejercer la violencia, para interpretar esa Constitución que detesta como le dé su gana, para asesinar chavistas y cagarse en el alma y en la memoria del asesinado. Si usted es dueño, directivo o esclavo jalabolas de una empresa que vende información, usted puede hacer lo que quiera con la noticia y justificar lo injustificable. Ahora, si usted es chavista, reprímase, porque cuanto diga o haga será usado en contra del Gobierno. Lo que haga el antichavismo, desde sus legítimas formas de acción política hasta sus crímenes y despropósitos, le será atribuido siempre a la “sociedad civil”. Vaya acostumbrándose a los titulares y “noticias” que llaman héroes a los estudiantes que hoy salen a hacer eso mismo por lo cual nace años a uno lo llamaban delincuente, facineroso, vago y maleante: protestar, formar el gran verguero en la calle cada vez que el Estado quería pasarse de gracioso. Ellos jamás pagarán por eso con sangre. Cuando mucho les echarán un gas inocuo y mañana saldrán en los periódicos y en la tele: “Reprimidos los héroes de la Nación por una dictadura sangrienta”. Hampón de derecha es héroe. Lo decidieron las empresas vendedoras de información. Así que te tragas la interpretación o eres un tarifado del rrrrégimen.
Inevitable traer a colación el recuerdo de Sergio Rodríguez. A este compa lo asesinó un Metropolitano el 23 de septiembre de 1993 en la esquina del Chorro, de un escopetazo, por tratar de romper un cordón policial para acercarse al Congreso. Lo mismo le ocurrió a Yulimar Reyes: muerta por ponerse al frente de la rabia del pueblo el 27 de febrero de 1989. A ellos los medios los criminalizó, aplaudió sus muertes. Lo importante no es ser estudiante sino ser estudiante al servicio del poder económico, de las clases que se sienten predestinadas. Los estudiantes de hoy creen que sus derechos se los deben al padrinazgo de los medios, a unas leyes y a sus “líderes”. Apuesto lo que sea a que ninguno de esos muchachos le reconocerá jamás su actual desenvolverse con total libertad (¿impunidad?) al sacrificio de Sergio Rodríguez y Yulimar Reyes. Y más: no han oído hablar de ellos siquiera. No les interesa. Ninguno sabe que gracias a la sangre derramada de esos y muchos otros jóvenes, el movimiento estudiantil de hoy puede ejercer a gritos y sin miedo el derecho de exigirle respeto a los tombos y al Gobierno. Años atrás ese derecho natural se pagaba con sangre.
Eso no lo saben. Globovisión no se lo dirá jamás. Teodoro Petkoff seguirá llamando “represión” al hecho de que a esos muchachos güevones los espanten con gas lacrimógeno y no con balas de fal. Esa es la generación y la clase social que se sienten ungidas por la providencia a dirigir los destinos del país. Una belleza.

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jueves 22 de enero de 2009

La Piedrita, la violencia, la Guerra de Cuarta Generación y las razones de Estado

En estos días me encontré por ahí con el profesor y diputado Vladimir Acosta. Me saludó así: “Epa, ¿tú y que eres el jefe de La Piedrita?”. Estoy seguro de que el profe me lo dijo en son de broma, y sin mala intención alguna, pero dos cosas me relampaguearon en la mente, y lo confieso: la vieja sensación de que a todo el que vive o ha vivido en el 23 de Enero la gente lo asocia de una forma u otra, incluso a veces inconscientemente, con guerrilla urbana, Tupamaros y fusiles; y la otra fue un fresquito de orgullo por ser el destinatario de esa manifestación de la leyenda urbana. Una leyenda que nació al calor del Puntofijismo. Habitante del 23: tirapiedras o delincuente.

Yo no soy militante de La Piedrita ni de ningún otro colectivo organizado del 23 de Enero. De vez en cuando participo en actividades muy específicas de la Coordinadora Simón Bolívar y tan sólo eso, básicamente porque yo me siento incapacitado para militar o participar en agrupación alguna que tenga jefes y jerarquías (la Misión Boves es una agrupación nómada sin dominio territorial definido, y cuyos formulantes y simpatizantes están en todos lados y ninguno anda pendiente de jefaturear a nadie). Pero declaro sentirme orgulloso de haber sido testigo del crecimiento, las luchas y las conquistas de grupos como La Piedrita, Alexis Vive, la Coordinadora, el23.net y Sucre en Comunidad. Esos bichos son mis bichos; sus errores son mis errores y sus conquistas buenos motivos para sentirme contento.

Este artículo quiere ser un homenaje, una declaración de amor o aunque sea un piropo lascivo, a la fama de la parroquia que me recibió a tiros y olor a caucho quemado cuando me vine de Carora, en 1981.



Recuerdo que muchas veces en los años 80, cuando la policía nos abordaba a mí y a mis panas del liceo para pedirnos la cédula al bajar de la camioneta en El Silencio, nos sometía a vejaciones que hoy le provocarían un infarto a los sifrinoides y mamagüevos de la “sociedad civil” y los estudiantes de derecha: nos quitaban la cédula para radiar nuestros datos, nos pegaban contra la pared, nos hacían una requisa de lo más humillante en medio de la calle: nos metían las manos en las bolas y un poco más atrás, nos obligaban a quitarnos los zapatos. Habitante del Veintitrés: sospechoso de cargar drogas o armas.

Esto era allá en El Silencio, donde por lo general la cosa terminaba con la devolución de la cédula y uno como el propio gafo medio arreglándose a la vista de todo el mundo, y salías barato. Porque si la cosa en el este de Caracas el desenlace podía ser peor. ¿En el este? No, de Parque Central para allá: si ibas al cine tenías que decir que vivías por la zona, porque si decías dónde vivías te salía interrogatorio exprés, tenías que explicar muy bien cómo es eso de que vivías en el 23 de Enero y andabas por Sabana Grande. Tenías que negarte a ti mismo, renegar de tu comunidad, porque el hijueputa policía (un coñoemadre negro, pobre y marginal igualito a uno) era capaz de darte unos peinillazos por haber osado infectar con tu asquerosa presencia los pulcros espacios donde vive y se divierte la burguesía.

Ese fantasma está vivo. Hace poco me comí una luz en Chacaíto y el agente de Policaracas que me mandó a parar (y que me matraqueó para dejarme ir) me repitió aquella pregunta vejatoria y sucia: “¿Usted vive en el 23? ¿Y qué hace por aquí tan lejos?”. La mentalidad tiránica adeco-copeyana tiene efecto residual. Sólo que ahora no soy el coñito dócil de hace dos décadas y le respondí, de lo más serio: “Atracando”. El paco se me arrechó y me exigió respeto, pero al menos no me dio la zaparapanda e coñazos que me hubiera ganado en los 80.

***

Quien ha militado en la izquierda o al menos tenía los ojos y los oídos alertas hace diez años y más, habrá notado en las paredes de las zonas populares algunas consignas acuñadas por las organizaciones revolucionarias, expresión del pueblo en resistencia, que decían: “A la va violencia de los ricos, violencia de los pobres”. Y también: “Un sistema de violencia con violencia se derriba”. Más que eslogans fabricados de acuerdo con coyunturas y rabias específicas, eran declaraciones que recogían todo un postulado histórico que habrá que reconocerle al marxismo: la existencia de clases sociales (el “orden” en el cual millones de seres humanos son vejados, explotados, segregados, excluidos y perseguidos para que una minoría viva cómodamente) implica de suyo una guerra entre esas clases. Es decir, las clases existen porque hay una guerra entre seres humanos. Someter a un ser humano a esclavitud, servidumbre o cualquier relación de sometimiento es de por sí una declaración de guerra. El oprimido, vejado y segregado tiene entonces el derecho de rebelarse contra ese “orden”. Es un derecho natural, no una convención jurídica (por más que la Constitución lo haya reconocido en cierta forma en el famoso 350).

Dice el antichavismo que antes de 1998 teníamos un país en paz. De bolas: ellos estaban en el poder y nosotros estábamos amordazados. Los amos contentos y la servidumbre conforme con su esclavitud. Qué país más de pinga, ¿ah?, ese en el cual las clases medias y pudientes se sienten tranquilas porque los negros están callados y en su sitio: lavándoles los carros a los profesionales y aristócratas, cuidándoles los muchachos, limpiándoles la casa, cocinándoles, proveyéndoles amantes dóciles al dueño de la casa, haciéndoles de payasos en los estadios, los espectáculos televisivos. ¡Qué paz tan de pinga, carajo, cuando los esclavos no se sublevan contra los amos!

La paz no es el estado de cosas en el cual los esclavos decidimos no sublevarnos contra la esclavitud. Lo que la burguesía, las clases medias y las aristocracias llaman "paz" es una situación en la cual sus sirvientes y esclavos realizan el trabajo sucio, reciben una paga miserable y al cobrarla bajan la frente, satisfechos de verdad o aparentemente satisfechos. Humillarse a cambio de una sociedad "tranquila": permito que me expolies y me ahorro el trámite de hacerte la guerra. "Prefiero la esclavitud a la muerte", es un lema que haría felices a los ricos.

Enero de 2009. El Estado venezolano tiene razones (“razones de Estado”) para rechazar públicamente las actuaciones del Grupo de Trabajo La Piedrita. Al final son razones tácticas y se resumen en esto: en un momento en el cual tenemos una clara oportunidad de demostrar que los violentos y descarriados son ellos (los enemigos, los hijos de los enemigos, echados a la calle como carne de cañón ante el fracaso político de sus padres) resulta un tropiezo, un error grave y balurdo, que sorprendan y capturen a algunos de los nuestros asustando a los niños bien con unas pistolotas en El Rosal; que a los nuestros les haya dado por echar unas lacrimógenas aquí y allá. Así se pierden las Guerras de Cuarta Generación: perdiendo las batallas de opinión pública.

Con todo, en este mismo acto en el cual admito esa equivocación táctica, procedo a quebrar una lanza a favor de la gente de La Piedrita y me solidarizo con ellos, con su impertinente pundonor. Porque el fin de las guerras de Cuarta Generación es allanar el camino rumbo a la guerra convencional. La del plomo, los muertos y el dolor físico. Esa guerra en la cual estará en primera línea la gente de La Piedrita (junto con muchos miles de compas aguerridos), mientras los “estrategas” y analistas de oficina y laboratorio (buenos para la Guerra de IV G.) se esconden o huyen del vaporón.

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