jueves 12 de noviembre de 2009

Fulanamente: Video: David Toole

Fulanamente: Video: David Toole


http://www.youtube.com/watch?v=sb_d1-nd-2A

Salud, estimada.

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Todavía somos chavistas

Según las encuestadoras más implacables convertidas en fichas de propaganda contra el Gobierno, todavía la guerra sucia y los efectos de la crisis no logran que la empatía de nuestro pueblo con su presidente baje de 50 por ciento. Pero no hay que hacerse el pendejo ante la detección de rabias callejeras, de un descontento producto de situaciones reales, y otras exacerbadas o confeccionadas por los medios de la derecha. Pocas veces me he dedicado en este espacio a hablar desde mi condición de sujeto afecto a un Gobierno más imperfecto que el coño, pero el más apegado al pueblo que he conocido. Hago hoy una de las pocas excepciones en esa dirección, porque hoy Chávez y el chavismo militante se enfrentan a un momento difícil en su relación con las masas populares.



Los chavistas estamos sometidos permanentemente a los ataques de una maquinaria de propaganda y guerra de opinión pública en la cual el enemigo es experto, y nosotros unos pobres aprendices. El enemigo tiene más de medio siglo perfeccionando las artes de destruir la imagen del otro, y nosotros apenas unos pocos años experimentando con las formas alternas de comunicación, la guerrilla mediática y la democratización de las herramientas de la información. Muchos soportamos esos ataques, pero quien no sabe de militancia ni conoce el origen y esencia de esta guerra que vivimos hoy puede sucumbir a la desesperanza, a la desilusión y al pesimismo.

Estas son entonces mis razones para permanecer en esta acera de la historia, y no allá enfrente adonde van a parar los impresionables, los indecisos, los de convicciones frágiles y en general los cagones que creen que ser revolucionario es una fiesta consistente en vestirse de rojo y gozarse las riquezas del país. Pero también va a parar allá mucha gente honrada, humilde y honesta. Esa que hoy anda medio arrecha y que probablemente en unos meses vuelva a recuperar la fe en el proyecto, y no sólo en el Presidente.

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Si yo tuviera que defender al proyecto chavista a partir de los conceptos convencionales de una sociedad fatalmente condenada al capitalismo, mi dictamen tendría que ser adverso al proyecto que ha puesto Hugo Chávez en la mesa. Si yo quisiera que los hospitales funcionaran, que la gente fuera a misa los domingos, que la policía matara o encarcelara a los delincuentes (delincuente: sujeto que atenta contra la propiedad y la tranquilidad de la “gente de bien”), que los indigentes no se dejaran ver en las avenidas céntricas y lugares de esparcimiento de las clases medias y altas; si yo quisiera que los pobres respetáramos y consideráramos entidades superiores a los ricos, a los curas, a los militares, a los periodistas, a los gobernantes, a la gente que aparece en televisión y a los funcionarios públicos; si yo creyera que el mundo funciona bien pero que podemos mejorarlo ubicando a unos gerentes probadamente exitosos en cargos públicos estratégicos, o entregándole a unos empresarios el control de las funciones del Estado, y metiendo en la cárcel o matando a los comunistas; es decir: si yo quisiera que esta sociedad en estado de descomposición funcionara, yo sería de derecha. Sería antichavista. Votaría a favor de cualquier partido de los autodenominados “democráticos”. Estaría muy preocupado por los millones de dólares que el país produce o deja de producir, y porque a un multimillonario lo castigan o lo multan por promover golpes de Estado desde su televisora particular.

Pero a la sociedad venezolana no se le puede medir hoy con los mismos parámetros con que se mide a otros países. En Venezuela se han roto algunas condiciones que lo mantenían inmerso en cierta conveniente noción de “normalidad”, entendida esta como un estado de cosas en las cuales los esclavos estamos contentos de serlo, y por lo tanto los esclavistas viven tranquilos y ninguna turbulencia perturba las aguas donde navegan sus yates.

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En 1814 una horda enfurecida de miles de esclavos y sirvientes al mando de un asturiano llamado José Tomás Boves llegó a libertar a un pueblo oprimido. Como los liberados eran sirvientes y castas consideradas inferiores, la historiografía no lo registra como liberación sino como hecatombe. En aquel entonces, Boves emitió un bando según el cual los ricos mantuanos debían inclinarse en respetuosa reverencia cuando se toparan en la calle con un negro, pardo o zambo. Eso no era ni es “normal”: lo normal es que los negros y pobres nos inclinemos ante los blancos y poderosos.

Yo soy chavista porque, al igual que en 1814, los venezolanos estamos asistiendo a un proceso de destrucción de una “normalidad” embustera, tramposa e impuesta; una “normalidad” que considera ofensivo el que a un empresario lo cite la policía, la Fiscalía o el poder legislativo a una interpelación o a someterse a una investigación: los Estados burgueses sólo investigan a los pobres. Con Chávez en el poder las figuras de autoridad, comenzando por la propia figura presidencial, han recibido la bofetada que las ha rebajado a su condición humana más simple. Un cura, un militar, un periodista, un empresario, un multimillonario, un músico de renombre, ya no son abordados en las calles para ser alabados y glorificados y para que den autógrafos, sino para ser interpelados en su condición de ciudadanos comunes. Con el chavismo en el poder comenzó un sano proceso de humanización de lo que antes era santificado e idealizado: hoy sabemos que del Presidente para abajo todo el mundo fornica, defeca, llora de dolor o tristeza, tiene imperfecciones y debilidades.

Es verdad que todavía Chávez le hace muchas concesiones a la burguesía, que todavía los oprimidos lo somos y los poderosos son unos cuantos más. Es verdad que Chávez es bolivariano, aunque a ratos parece bovero o bovesista. Pero con Chávez, en Venezuela ha comenzado un proceso de desacralización de las jerarquías, paso esencial para la construcción de algo que le resultará muy anormal a los “normales” del momento: la democracia. Esa construcción que ha de ser algún día el Gobierno del Pueblo, y no un entresijo de postulados entre los cuales destaca aquel según el cual la empresa privada puede vejar al sujeto de la democracia, que es la gente pobre que necesita vender su fuerza de trabajo para sobrevivir en esta selva. Soy chavista porque Chávez ha catalizado con relativo éxito el proceso de destrucción de una sociedad que la humanidad debe abandonar urgentemente como opción.

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miércoles 28 de octubre de 2009

¿Necesitamos más agua? Pues sigamos asesinando ríos

Artículos referenciales:
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Agua y energía: las grandes ciudades vuelven a mostrarnos su fragilidad, colapsando por esos flancos. Y por supuesto, dependiendo del bando en que se mueva cada quien, han salido ya los "sabios" a contarnos lo que debió hacerse a tiempo, o lo que se está haciendo para salvar a las ciudades. No parece haber voluntad ni cojones (disculpen las feministas y feministoides la referencia sexista) para agarrar ese toro por los cachos correctos: estas ciudades monstruosas no hay que salvarlas ni planificarlas sino desmontarlas. Las ciudades industriales le sirvieron al capitalismo dutante un rato, pero ahora, en plena debacle del sistema, es absurdo seguir pensando que (perdón: es absurdo que quienes nos llamamos o nos creemos o nos sentimos revolucionarios sigamos pensando que) poniéndoles unas curitas y unos adornos marca "Che Guevara" a Caracas ésta va a convertirse en una ciudad socialista. Es ridículo seguir soñando con la otra sociedad, esa donde el ser humano pueda reencontrarse, y al mismo tiempo ufanarse de la tronco de autopista, las troncos de petrocasas, el tronco de edificio, la tronco de negociación con los dueños del Sambil, la tronco de industria automotriz que vamos construyendo mientras por otra parte se levanta el ferrocarril.
De la energía eléctrica y la energía en general nos ocuparemos luego. Mientras tanto, vamos con lo del agua.

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Hay noticias malas que vienen en envoltorios que las hacen parecer buenas. Por ejemplo, el avance de los trabajos que han de culminar en un acueducto en las montañas de Guatopo para que Vargas, el Tuy y parte de Caracas tengan más agua. Siempre suena hermoso escuchar que a la gente le resuelven los problemas. Pero, ¿qué tal si para resolverle el problema a una gente terminamos destruyéndole la vida a otra gente?
Esta es la historia: Hidrocapital construirá un embalse allá arriba en la cuenca de un río formidable llamado Cuira, y de allí saldrá una tubería de 70 kilómetros que llevará el agua de los ríos afluentes a algunas zonas de Caracas y aledañas. Para que eso sea posible, varias de las 600 familias (unas 6 mil personas) que viven, trabajan y crecen en la zona deberán ser desplazadas de sus hogares y enviadas lejos del lugar donde nacieron y han crecido generaciones. Ya les han marcado un número en sus casas con brocha gorda; nadie les ha explicado si ese número indica el orden en que sus moradores van a ser desalojados de allí, ni si van a ser desalojados por las malas. Porque por las buenas parece que no están dispuestos a irse. Detalles de la alarma y lucha de las comunidades de Guatopo contra esta estupidez, en el blog de Cafecao (clic aquí).
El título de este artículo quiere resumir lo que parece ser la “lógica” de las grandes ciudades industriales, cuna y continuación del capitalismo: con tal de construir megalópolis, somos capaces de arrasar la naturaleza que en condiciones ideales le sirve al ser humano de sustento. Como que no queremos salvar al ser humano sino a las ciudades que le vuelven mierda la vida. Las grandes ciudades son campos de concentración donde los obreros (esclavos) y los amos (patrones) están obligados a convivir, apretados y relativamente cerca de todo lo que huela a medio de producción y a centro comercial. Esta relación con el medio ambiente nació con el capitalismo, y a ella seguimos amarrados, aun cuando se supone que construimos el socialismo u otra sociedad distinta.
Los venezolanos tenemos la desgracia extra de que nos impusieron como emblema cultural una novela medio coñoemadrita ella: Doña Bárbara es la metáfora del hombre “civilizado” que llega al campo a imponerse a la “barbarie”. No sólo en la literatura glorificamos a Santos Luzardo, también lo hemos hecho en nuestra historia política, en los movimientos demográficos, en la vida cotidiana: hoy 80% de la población vive en las grandes ciudades y todo lo que huele a campesino y a labores de la tierra nos produce como cosita. La expresión “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra” nos sale de la boca con una sonrisa. Pocos nos damos cuenta de que esa sonrisa es una burla macabra contra nuestras posibilidades de salvación: cuando termine el deslave del capitalismo necesitaremos volver a la tierra, allá al monte y a la culebra, para reencontrarnos como seres humanos.
Unas 600 familias han de ser desplazadas porque Caracas, Vargas y el Tuy necesitan el agua de las montañas de Guatopo. Un tubo inmenso de 70 kilómetros y 3 metros de diámetro será colocado desde un embalse que se construirá en la cuenca de varios ríos maravillosos afluentes del Cuira, hasta la represa de Taguaza, allá donde termina Barlovento y la vía se bifurca rumbo al Tuy y a Caracas. El monstruo de metal y concreto le robará a aquellos ríos magníficos 12 mil litros de agua por segundo. Esa agua vendrá a ponerle una curita al cáncer mortal que son estas ciudades inviables: Caracas, El Junquito, Vargas y el Tuy se alimentarán artificialmente de las aguas de este Parque Nacional, en cuyo corazón se construirá un embalse con capacidad para 700 millones de metros cúbicos.
Y el colofón: en ninguna parte se menciona el hecho pavoroso de que para realizar el proyecto deberán ser sacadas de la zona unos seis mil seres humanos. ¿Para qué Barrio de Petare o Charallave serán obligadas a marcharse esas personas? Allá han ido unos burócratas a marcar con números negros las casas que serán destruidas o cubiertas por las aguas del embalse. Sin derecho a pataleo: 6 mil personas tienen que perder su identidad, su relación de pertenencia con la comunidad, su derecho a vivir una vida en contacto con la naturaleza, porque a unos caraqueños les dio la gana de decretar que 5 millones necesitan el agua de la montaña para seguir construyendo el espejismo de una Caracas que no puede más. Que ni con un océano será posible de humanizar, ya que la sed de nosotros no es de agua sino de justicia y humanidad.
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Un visitante-comentarista (Carlos) me dejó este video de Bob Marley acá abajo en la sección Comentarios. Maraca e video, compa, y qué oportuno y pertinente. Ahí se lo dejo:



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jueves 15 de octubre de 2009

La policía no tiene salvación

Artículos referenciales:

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Esto lo escribo movido, conmovido y sobre todo arrecho por la detención ilegal, torturas y vejaciones sexuales por parte de la Disip en contra de Mairim Delgado, mujer de 29 años, militante del PSUV y estudiante de Educación en la UCV. No porque la condición de militante y estudiante le otorgue más derecho a la dignidad, sino porque este caso revela que mientras unos nos empeñamos en hablar y pensar en términos de Revolución otros no pueden quitarse el adeco corrupto de encima.

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Hace unas semanas, un compa que trabaja en el Consejo General de Policía me extendió una oferta de trabajo. La Policía Nacional está formando a quienes serán sus funcionarios fundadores, y el Consejo (ente adscrito al Ministerio de Interior y Justicia) ha puesto empeño en darles a los agentes formación en Derechos Humanos y en otros aspectos de lo que debe ser la “visión” del nuevo policía. Audaces los compas, pensaron en el hijo de Ezio Duque para que fuera a echarles unos cuentos sobre la policía que conozco. Me pongo en el pellejo de la institución y los docentes y digo: sobre lo que no debe ser la policía. Suena bien, ¿ah?
Pero estuve unos días imaginándome a mí mismo en un aula de clases descargando el discurso transgresor-alterno-bovero en la cara de unos muchachos cuya aspiración en la vida es ser policías, y decidí que la aventura no valía la pena. Yo no creo que ninguna policía sea o pueda ser buena en el sistema en que vivimos, así que ponerse a adoctrinar gente con criterios de construcción de otra sociedad, pero contando con unos compatriotas que están ansiosos por ir a servirle a la sociedad actual, es una pérdida de tiempo. Ase atraviesa además ese recóndito sentido de la honestidad que uno guarda por ahí, y que le impide ganarse una plata haciendo cosas inútiles o en las que no cree.
Yo no creo que los funcionarios de la nueva policía vayan a ser “mejores” que los actuales, por la sencilla razón de que la sociedad para la cual van a “trabajar” es la misma sociedad descompuesta que pudrió a los anteriores. La comprobación inolvidable de la conexión profunda entre clases acomodadas y cuerpos policiales a su servicio es aquella marcha del 11 de mayo de 2002, cuando el sifrinaje se lanzó a marchar en apoyo a la PM, a agradecerles y a celebrar con ellos el habernos masacrado un mes atrás. Era una delicia ver a tanta niña rosadita pidiéndoles autógrafos a los hijos de puta que nos ametrallaron, nos ametrallan y nos seguirán ametrallando.
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Tengo además suficientes y demasiado contundentes testimonios de policías solidarios, buena gente, tipos sencillos y honestos; agentes que tienen más o menos intacto su sentido de la humanidad y de la justicia. Agentes que, por lo mismo, son enviados a trabajar como funcionarios administrativos, de oficina. En el código de las policías este es el castigo subliminal para los güevonotes, los gochos, los estúpidos incapaces de matraquear, de extorsionar y de pegarle un tiro a quien no pague vacuna. “Bueno”, en el diccionario de los policías, es sinónimo de gafo.

Para ser un policía de verdad, ese que sale a la calle a enfrentar a los malandros, hay que ser malandro también, hay que ser un coñoemadre. Una lógica que parece hecha a la medida: al hampa se le enfrenta con tipos rudos que también son hampa. El problema es que no todos los ciudadanos que andan por la calle son delincuentes, y por lo tanto no tienen por qué calarse que un puñado de mamagüevos disfrazados los sometan a vejaciones en nombre de la moral, las buenas costumbres y no sé qué mierda de orden público y tal. Alguien les dijo a estos hampones de uniforme que ellos son “la máxima autoridad en las calles”, y que por lo tanto ellos están allí para humillar a los ciudadanos, no para servirles. El “criterio de servicio público” es algo con lo cual se limpian el culo: ellos se acostumbraron a que su misión en las calles es demostrar que son más arrechos que los demás.

A los policías y a sus clones frustrados los vigilantes privados (pobres y explotados todos ellos) se les inculca profundamente, sin necesidad de decírsela con palabras, la siguiente instrucción: los tipos de tu condición, tu aspecto y tu extracción social son sospechosos. Cuando veas a un carajo igualito a ti, jódelo. En algún post anterior conté cómo un agente de Policaracas quiso hacerme caer en una trampa muy de moda desde hace tiempo: me agarró en Chacaíto después de comerme la luz roja del semáforo y me preguntó que dónde vivía. Cuando le respondí que en el 23 de Enero se llevó la mano al cinto y pregunto: "Ajá, ¿y qué haces por aquí tan lejos?". Le respondí: "Atracando".
La policía es un ente en descomposición dentro de un sistema también en descomposición. Es la carroña a medio digerir en el estómago del zamuro muerto. Usted no hace nada con aplicarle curitas y paños calientes a ese cuerpo putrefacto, porque el cuerpo que lo aloja está pudriéndose también.

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Para los mercaderes de la represión ha sido fácil vender la conocida fórmula: ¿Hay más delincuencia? Pues saquemos a la calle más policías. La policía acaba con el crimen, reza una sentencia en la que casi todo el mundo cree a ciegas. Los años 90 se encargaron de echar por las letrinas ese embuste abominable. Esa fue la década en la cual la descentralización propició la fundación de un cuerpo policial por cada municipio. La aparente paradoja resalta con una claridad que deslumbra: en los años 90 se multiplicó por varios miles la presencia policial en las calles, y sin embargo en esa misma década el crimen violento se disparó hacia arriba en espantosa carnicería. De 2.800 homicidios ocurridos en 1990 saltamos a más de 9 mil en 1994, el año más violento de la historia criminal venezolana. Y la paradoja es sólo aparente, porque a estas alturas ya deberíamos saber que el crimen no se combate con policía.

La gigantesca hipocresía de los dirigentes antichavistas ha encontrado un aliado muy poderoso en ciertas fallas estructurales que al Gobierno chavista le ha costado superar. El discurso del antichavismo se las ha arreglado para organizar así las “ideas”: el Gobierno gasta dinero en el exterior mientras usted es atracado en la calle, no le alcanza el sueldo y los hospitales están sin medicinas. Lindo discurso para unos recoñísimos que, cuando estaban en el poder, jamás se ocuparon de los hospitales, de la seguridad ni del ingreso de las clases populares. Dicen los repentinos sabios de las ciencias sociales (los antichavistas metidos a analistas) que el Gobierno debería utilizar lo invertido en gastos militares para dotar mejor a las policías o “mejorar” las que existen. A unos hijos de puta enfermos por la plata les parece que todo se resuelve con plata. Creen que el factor que jodió a la humanidad es el que va a salvarlos: dales plata a los policías y entonces la seguridad ciudadana mejorará, dicen. Como si no estuviera claro que si a un policía, a un médico o a cualquier servidor público hay que pagarle muy bien para que no se meta a delincuente, entonces es mejor pegarle un tiro en la cabeza y acabar con esa comedia. El combustible de la gente que trabaja para servirle a la gente debería ser la ética y el sentido de humanidad, no la plata. Pero para que eso ocurra hace falta que hagamos una Revolución.

¿Será que le damos?

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martes 13 de octubre de 2009

Abaleado por orden de terratenientes de Machiques el cacique Sabino Romero Izarra, dirigente de la etnia yukpa

  • En el mismo ataque a tiros cayó asesinado Eber Romero Valbuena, hijo del cacique Olegario.
  • Ocurrió hace unas horas en la comunidad Chaktapa cerca de Machiques, estado Zulia.
  • La niña Marilyn Romero (12 años de edad, hija de Sabino Romero) y otro niño también fueron heridos de bala.

Justo un día después del Día de la Resistencia Indígena la familia del cacique de la etnia yukpa Sabino Romero Izarra (quien ha sido amenazado de muerte varias veces, un hecho denunciado una y otra vez ante todas las instancias legales, en los medios de información alternativos y del Estado) recibe un macabro regalo de parte de las poderosas mafias de terratenientes que se sienten dueñas de Perijá. Hace unas pocas horas han sido abaleados en la comunidad de Chaktapa. Hasta ahora se sabe de un muerto (Eber Romero Valbuena, yerno de Sabino) y de tres heridos, entre ellos el propio Sabino, su hija Marilin, de 12 años y otro niño de quien no tenemos más detalles.
El año pasado, en un ataque similar, fue asesinado el padre de Sabino, José Manuel Romero, un anciano de 102 años de edad.
Desde la propia comunidad llega la siguiente información: la Guardia Nacional está apostada en el sector Cuesta de Padre, y está impidiendo el traslado de los heridos a Machiques, adonde tampoco estarán seguros Romero y su familia. La voz de alerta es para que se traslade a los heridos a Maracaibo, por razones que es preciso decir sin adornos: si Sabino y su familia se quedan en Machiques los van a matar. Allí los terratenientes tienen todo el apoyo del sector económico, oficial y de un sector corrompido de la Guardia Nacional "bolivariana".

Ayer nomás, 12 de octubre, Lusbi Portillo, de la Sociedad Homo Et Natura, hacía el siguiente análisis sobre el fraccionamiento de las tierras de los yukpa bajo el aspecto de "entrega de tierras", acto celebrado con grandes aplausos ayer mismo, día de júbilo según la nomenclatura épica del momento.


Transcribimos acá el artículo de Portillo, copiado de Laclase.info:

Este 12 de Octubre nada tendrán que celebrar los pueblos indígenas que habitan la Sierra de Perijá

Lusbi Portillo (Sociedad Homo et Natura)

En los últimos 50 años los Yukpa y los Barí perdieron más 85% de su territorio en Venezuela. Y aún hoy los minúsculos espacios donde sobreviven están de nuevo amenazados por los mega proyectos portuario vial minero-carboníferos del Estado venezolano y las transnacionales.

Todas las tierras de los indígenas Barí y Yukpa ubicadas en el sureste del piedemonte de la Sierra de Perijá, están dadas en concesiones mineras. Pues hasta el mes pasado sólo Corpozulia había renunciado a 6 Lotes de carbón y fosfatos números XXXIX, XLIX, L, LI, LII y LIII ubicados en las comunidades Yukpa Maraca, Botoncha, Río Yaja, Kasmera, Shiraji, Guamo-Pamocha, Chaktapa, Chaparro, Karañi, Tukuko, Paraya, Tontayonto, Shukumo y Mareba, según Gaceta Oficial 39. 274 martes 29 de septiembre 2009, páginas 11-15, esto significa un total 28 mil hectáreas de 125.956,80 dadas en concesiones en el piedemonte perijanero, más 29.072,90 hectáreas de cuatro empresas de capital privado para hacer un total de 155.029, 70 hectáreas.

Este encadenamiento de proyectos amenaza también a los Wayúu del Socuy, Maché y Cachiri que habitan la parte norte de Perijá, en el municipio Mara. Desplazados hace 40 años de la cuenca de los ríos Guasare para la construcción de la mina Paso Diablo y Norte y hoy amenazados en sus nuevos territorios por la creación de la una nueva mina Casa Blanca y Aljibe de la empresa irlandesa Compañía Carbonífera Caño Seco, C.A. y otras tantas de las empresas Venezolana de Minas, C.A. VENMINCA y Suramericana de Minas, C.A. SDM

El estado Zulia, como otras regiones del país, está ubicado dentro del funcionamiento de uno de los nueve Ejes de Integración propuesto por la banca regional y mundial a través de la Integración de la Infraestructura Regional Sur Americana IIRSA/TLC, para reestructurar de nuevo América del Sur desde los intereses de las corporaciones multinacionales y de Estados Unidos.

Los intereses militares en la frontera, los supuestos derechos de terceros, conjuntamente con estos megas proyectos mineros los que, hoy 12 de octubre, no le impiden una vez más al Gobierno Nacional entregarle a los indígenas Yukpa los títulos colectivos de tierras saneadas “sin minas ni ganaderos”. Así como desde el 2006 hasta la fecha son estas mismas razones las que no les han permitido al Gobierno nacional entregarles al pueblo Barí títulos de propiedad colectivas de su territorio.

La actuación de la Comisión Nacional de Demarcación del Hábitat y Tierras de los Pueblos y Comunidades Indígenas y con ella el Estado Venezolano, les niega a estos pueblos Amerindios, los derechos reconocidos sobre la noción de hábitat indígena como en el artículos número 2 de la Ley de Demarcación y Garantía del Hábitat y Tierras de los Pueblos Indígenas, “La totalidad del espacio ocupado y poseído por los pueblos y comunidades indígenas, en el cual se desarrolla su vida física, cultural, espiritual, social, económica y política; que comprende las áreas de cultivo, caza, pesca fluvial y marítima, recolección, pastoreo, asentamiento, caminos tradicionales, caños y vías fluviales, lugares sagrados e históricos y otras necesarias para garantizar y desarrollar sus formas específicas de vida”; y como “tierras indígenas” “Aquellos espacios físicos y geográficos determinados, ocupados tradicional y ancestralmente de manera compartida por una o más comunidades indígenas de uno o más pueblos indígenas.” En segundo lugar, les niega la posibilidad recuperar las tierras expropiadas a sangre y fuego por los ganaderos colonos durante la fundación de Machiques. Esta comisión intencionalmente les desconoce el derecho que poseen los pueblos indígenas a volver a sus territorios expropiados.

El Estado gobierno pretende fraccionar el territorio del pueblo Yukpa entregando este lunes 12 de Octubre de 2009 en mano de Sergio Rodríguez sólo 45 mil hectáreas a 33 comunidades ubicadas en la cuenca del río Apón en los sectores Shirapta, Aroy y Tinacoa, dejando por fuera el 90% de las comunidades ubicadas en las cuencas de los ríos Negro, Yaza y Tukuko. Siguen pendientes los derechos humanos territoriales del pueblo Yukpa. Ya se escuchan rumores que varios dirigentes Yukpa de estas tres comunidades solicitaran la nulidad de estos títulos.

Para poder cumplir con los derechos humanos territoriales de los pueblos Yukpa y Barí el Estado gobierno debe derogar o eliminar las concesiones mineras y pagar las bienhechurías de varias haciendas y parcelas solicitadas:

EL PUEBLO YUKPA. SECTOR TINACOA: solicita sus tierras ocupadas por las haciendas: potrero Los Andes de la hacienda El Mango, hacienda Cuibas. SECTOR AROY, solicita sus tierras ocupadas por las haciendas: Puerto Nuevo, El Cofre, San Salvador, La Sierra y Alto la Piedra, vaquera El Mamón y vaquera Guayaquil de la hacienda La Esperanza. SECTOR SHIRAPTA, solicita sus tierras ocupadas por las haciendas: El Capitán y la vaquera Erapsha (Campo Alegre) de la hacienda La Esperanza. SECTOR TOROMO, cuyas tierras se encuentran ocupadas por las haciendas Medellín, Maracay, La Lucha, El Higuerón, Campo Libre y La Victoria. SECTOR KASMERA, solicita sus tierras ocupadas por las haciendas: Wariompa, Aguas Calientes, Maracas, Maraquita, Rancho Alegre, Medellín; están ocupadas las haciendas: Paja Chiquita, Brasil, Kusare y Tisina. SECTOR TUKUKO, solicita sus tierras ocupadas por las haciendas: potrero Los Andes de la hacienda: La Fron­tera, Galaxia, Brasil, La Victoria, Majumba, Las Palmas, Perijá, Playa Bonita, Las Lilas, Cambuche, La Sierra, La Gran China, Ceilán, Delicias, La Piscina, Las Lomas, Rancho Quemao, Rosario, Cordillera, Calvario, vaquera Delicias de la Hacienda Panamá, Santa Isabel, potrero de la Hacienda Santa Rosalía, Altamira, El Carmen, parcelas de La Gloria, Barranquilla, San Salvador, Materita, par­celas de La Estrella. PUEBLO BARÍ; constituido por las comunidades: Bokshi, Orokori, Okshidabú, Ihtanbobó, Araktohba, Somemé, Ishirakbayiroo, Saimadoyi, Barisakba, Dakuma, Bachichida, Kugdayi, Karañakaek, Yegbachi, ubicadas dentro de la zona demarcada por la pica barí solicitan el reconocimiento oficial de dicho lindero y la afectación de las mejoras y bienhechurías de varias parcelas y las haciendas El Rodeo, Puerto Estrella, El Diamante y Puerto Rico. LA COMUNIDAD KUMANDA solicita la afectación de las mejoras y bienhechurías del fundo El Socorro y potreros de la hacienda San Ricardo, y el lote de montaña donde se encuentra los conucos y lugar de casería y recolección. La comunidad LAS COMUNIDADES BAKUGBARÍ Y BUAHSSAGDARI, solicita la afectación de las mejoras y bienhechurías de los fundos Los Bohíos, Buena Esperanza, La Unión, El Paraíso, La Esmeralda, La Virtud, El Carmen, San Pablo, parcelas ubicadas en la antigua hacienda Los Toronjos, San Gregorio y El Oriente. LA COMUNIDAD KOKDAKINKAE solicita la afectación de las mejoras y bienhechurías de potreros de las haciendas Nueva América, Monterrey y Junín. LA COMUNIDAD SENKAE solicita título colectivo de las tierras que Las haciendas Alga y El Rosario y las parcelas San Miguel, las de Roberto Méndez y Ciro Fernández. LA COMUNIDAD DUGDUDARI solicita la ampliación de sus tierras con la afectación de las mejoras y bienhechurías de Las haciendas Alga y El Rosario y las parcelas San Miguel, las de Roberto Méndez, Ciro Fernández y la parcela de Elena Cohen. LA COMUNIDAD AHDOUBARI, solicita las parcelas de Luis Iguarán y Eligio Chacín, LA COMUNIDAD ASOGBAKAA solicitan la ampliación sus tierras con la adquisición de la hacienda Caño Negro y LAS COMUNIDADES ARUUTATAKAE Y KAÑAGUATO las haciendas la Platanera y Corubal.

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miércoles 7 de octubre de 2009

La clase media no debe seguir intentando contar la Historia del Pueblo

Hace unos pocos meses, cuando trabajaba en Ávila TV, me solicitaron que les diera el discurso de bienvenida a la EMPA (Escuela de Medios y Producción Audiovisual) a la cohorte de muchachos y muchachas que recién ingresaba. Me metí en aquel salón lleno de chamos, les vi la cara, les vi la ropa, los oí hablar, y decidí soltarles uno de los discursos que llevaba en la cabeza para la ocasión. Desde la primera frase los entrompé por el medio de la calle: “A ustedes se les nota que han pasado hambre. Que los viejos de ustedes, al igual que los míos, han pasado hambre también y se han ganado la vida trabajándoles a los ricos. Ustedes y yo somos unos pelabolas”. Les miré la cara a todos esperando la reacción. En los párrafos finales de este artículo les termino de echar el cuento.

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Yo no soy cineasta, cinéfilo, crítico de cine ni estudiante de lo mismo. Yo soy un tipo que de vez en cuando ve unas películas y se forma un juicio sobre ellas. Tal vez no manejo muchos ni mayores ni suficientes criterios cinematográficos, artísticos o estéticos como para decir que soy un experto en cine o en nada que se le parezca o relacione. Pero sucede que, aparte de un par de ojos que han de tragarse los gusanos o el glaucoma, manejo ese tipo de elementos de juicio, criterio o mala intención que me hacen sospechar que unos reales estuvieron bien o mal gastados en determinada película. Y algo más: la convicción de que nuestra historia como pueblo no puede seguir contándola la clase media.

Esa fue la presentación personal de mí mismo. Ahora, mi opinión personal de lo que es la película venezolana “Zamora”: es una plasta de mierda que nunca debió haber sido rodada y mucho menos subvencionada por el Estado venezolano. Dicen que a Chávez le encantó la película y que recomendó verla. Me importa un coño. Esa película es un bodrio y si usted está pensando ir al cine a verla mejor ahórrese esos reales.

Antes de “Zamora”, la última película venezolana que me hizo salir arrecho de la sala de cine fue “El Caracazo”. Ambas fueron dirigidas por Román Chalbaud, en ambas participaron más o menos los mismos actores y en ambas se nota al menos una tara inaceptable para alguien que se dice creador: el empeño obvio, evidente y vergonzoso de hacer que el discurso repita y reproduzca la visión de la Historia que tiene el presidente Hugo Chávez para serle complaciente. Iba a decir “para jalarle bolas”, pero he decidido ser respetuoso en este artículo.

Luis Britto García ha contado cómo fue que le rejodieron el guión original. Le creo.

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Yo no quiero juzgar al Román Chalbaud cineasta porque a mí el cine venezolano y mundial me importan un pepino, dos tomates y un ají. Es decir, me importa un coño si la cinematografía de tal o cual país o industria están en pleno auge o en decadencia. En general cuando yo voy al cine es porque me distraigo bastante con el culo de Jennifer López y Angelina Jolie, gozo una bola con los efectos especiales de ciertas películas hechas para impresionar con eso y me río con las payasadas y chistes malos de Jim Carrey. A lo mejor eso me descalifica para emitir juicios concluyentes sobre el cine-arte, pero no sobre el cine-negocio, el cine-industria y el cine-discurso político, que son los temas de este artículo.

A mí me parece una aberración que se haya gastado el billetamen que se gastó para poner en las pantallas una película mal contada donde no queda claro por qué Zamora era querido por las clases oprimidas, no queda claro por qué en ciertas escenas uno ve pasajes reciclados de “La Oveja Negra” y “Pandemónium” y no queda claro si el José Antonio Páez reducido en la película a ricachón entregado a los placeres sensuales tuvo un pasado glorioso. Yo creo que Chalbaud oyó a Chávez decir que Páez era un traidor y entonces él, para complacer a Chávez, construyó un Páez estúpido, flatulento y amanerado, algo así como un Milos Alcalay del siglo XIX (y maldita sea, hasta se parece físicamente a Alcalay el actor). No tengo noticias de cómo ni bajo qué criterio se construyeron los personajes, pero alguna intención debe haber en el hecho de que Páez y Juan Crisóstomo Falcón sean sólo un par de gordos burgueses y maricones, Zamora un tipo que enamoraba a las nenas con sólo mirarlas y tocarse el ala del sombrero, y Daniela Alvarado una doncella a quien el General de Hombres Libres le zampó una hija en el único encuentro que tuvieron, hija que después se convierte, no en un personaje sino en una alegoría: la coñita que le llevaba la espada a Zamora para todas partes pero que nunca se la entregó, por razones que Chalbaud se reserva y que seguramente se llevará a la tumba.

Por cierto, no es casual en lo absoluto que los personajes mejor logrados de la película, y en general de toda la cinematografía nacional, son aquellos bichos afectados y tal: la clase media es super efectiva para narrarse a sí misma. Guzmán Blanco y Juan Crisóstomo Falcón están bien dibujados ahí. Obvio: Chalbaud les conoce el alma a los bichos de su clase y visión del mundo. Él sabe cómo dibujarlos. Obvio también que Martín Espinoza haya quedado como una caricatura.

Ya asomé allá arriba lo que creo que explica ciertas distorsiones, y quiero profundizar en ello: la clase media no debería contar la Historia del pueblo oprimido. La Historia nuestra debemos contarla nosotros. Se atraviesa un detalle: estamos hablando de cine, y el cine es un arte desarrollado y perfeccionado por la clase media. Es un arte sifrino, dominado, manejado, monopolizado, colonizado, secuestrado y explotado por sifrinos de clase media. No debe extrañarnos entonces que la estética y el discurso de ese arte queden siempre o por lo general impregnados de esa aura sifrinoide.

Hay una escena de El Caracazo que me hizo dar con todas las claves necesarias para llegar a esta conclusión. Es la escena en la cual un grupo de gente del 23 de Enero (el coñísimo, no fue capaz de escoger otra parroquia) decide bajar a la avenida Bolívar en pleno mariquerón de la masacre del 28-F, para enfrentar a la represión policial. Cuando llegan a Parque Central, el grupo (encabezado por el actor que, según supongo que supuso Chalbaud, era el que mejor podía representar a un líder popular del Veintitrés: Yanis Chimaras, que en paz descanse) se pone frente al pelotón de pacos y ¿saben qué?, pues todos se arrodillan, se toman de las manos y empiezan a cantar el himno nacional. Sólo a un sujeto de clase media que no salió de su apartamento en El Cafetal (o que no estaba en el país cuando aquel rolo de peo) pudo habérsele ocurrido una escena miserable, estúpida y risible como esa. Y mejor no hablemos del personaje del super héroe y líder de los motorizados de Petare, Fernando Carrillo, y su parrillera, La Coconaza, porque ya me estoy como arrechando.

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Regreso a la EMPA-Ávila TV, al discurso de bienvenida a los chamos.

Después de la provocación, cuando confirmé que tenían una risa o una mueca de aprobación o arrechera cómplice y ninguno me reviró, continué. “Ustedes vinieron a aprender a utilizar una herramienta sifrina y secuestrada por los sifrinos. Ustedes pueden revertir eso y aprovecharla para contar la Historia de nosotros, los pelabolas. Hay un método para lograrlo, y es este: compas, pase lo que pase, triunfen como triunfen o fracasenm como fracasen; gánense la lotería o lleguen a Hollywood y a hacer carrera en estados Unidos o en Europa, por favor hijos míos nunca olviden de dónde vienen. Nunca olviden que nacieron pobres, y que los pobres tenemos una Historia que contar. No dejen que venga un sifrino mamagüevo a contarla por ustedes, pero por sobre todas las cosas, se dediquen o no a hacer cine o televisión, hermanos, nunca olviden de dónde vienen”.

Mi invitación a los cineastas o productores audiovisuales venezolanos, sifrinos y clase media casi todos: en vez de estar recreando dinámicas sociales que no conocen dedíquense a narrar las incidencias de las clases medias y altas. Si usted no vivió en un barrio no puede contar al barrio, por mucho que tenga panas o amores allí, compre drogas allí, rumbee allí, pase unos fines de semana allí. Si usted no es pobre siempre le quedará impostado y ridículo su relato de la Historia de los pobres. Dedíquese a contarnos su clase. O siga estafando a sus compinches de clase haciéndoles creer que La Oveja Negra, Amores de Barrio Adentro y El Caracazo son retrato fieles de la realidad. Pero no nos intenten a joder a nosotros. Aquí los tenemos es pillaos.

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lunes 28 de septiembre de 2009

¿Milicia campesina del Gobierno?

Estamos asimilando y analizando todavía el anuncio de la creación de una Milicia Campesina, por iniciativa o mandato del camarada presidente Hugo Chávez Frías. Es o debería ser una noticia reconfortante para nosotros, preocupados (y ocupados) por la matanza de dirigentes campesinos. Estaremos a la espera de noticias más concretas y de explicaciones cruciales, como por ejemplo la operatividad, jurisdicción, atribuciones y alcance de esa milicia. ¿Será, en su operatividad, como la Reserva Nacional? Es decir: ¿se tratará de una instancia en la cual los ciudadanos reciben formación y adiestramiento militar pero sin tener nunca el control de las armas, como no sea en el entrenamiento? Si esto último es así debemos decir, bajo riesgo de parecer pesimistas o ligeros en medio de un anuncio tan importante, que entrenar a alguien para que sepa usar armas pero no entregarle las armas es como tener mamá pero tenerla muerta. Se estarán formando expertos en combate y en estrategia militar pero esos expertos siempre estarán en desventaja frente a los sicarios si no llevan encima un arma.


Cabe señalar desde ya lo que nos parece más inquietante de todo esto. Ha convocado el camarada Presidente a los campesinos para que se organicen "junto a la Guardia Nacional". La palabra y la intención del Presidente son buenas, pero cuando uno escarba en el fango de la realidad en las regiones se encuentra con que uno de los cuerpos cómplices de los terratenientes y poderosos son efectivos de la Guardia Nacional. La cultura de la entrega incondicional a los ricos, la puesta "a la orden" de las autoridades regionales (tribunales, fuerzas militares y policiales, medios de infromación), el sistema de "fuerzas vivas" al servicio de los dueños de la tierra y las instituciones, son una realidad y una dinámica que se han galvanizado durante décadas en las mentes, en el cuerpo y en las formas de organización social en las regiones, y eso no cambiará porque el Presidente de la República dé una orden.
Quienes nacimos y hemos vivido en los pueblos y ciudades de eso que llaman "la provincia" sabemos cómo funciona: nuestra región se respeta y no nos gusta que los caraqueños venga a decirnos cómo es que deben funcionar las cosas. Una actitud respetable y genuina cuando se trata de la organización social y humana para la vida (¿cómo alguien de Caracas va a saber más que yo y quienes vivimos en mi ciudad la mejor forma de organizarse y construir nuestra vida cotidiana? ¿Por qué un caraqueño tiene que venir a enseñarme a vivir si su ciudad es el mejor ejemplo de la negación de la vida?), pero nefasta y repugnante cuando se utiliza para defender castas, privilegios, mafias y depravaciones.
Lo que está sucediendo con los dirigentes campesinos es algo que va más allá de la liquidación física de unos hombres y mujeres, no se limita al asesinato, no se detiene con la muerte. Hay algo más profundo y devastador que el simple acto de pagarle a un sicario para que joda a un dirigente y es el acoso legal. El chiste es así, en tres sencillos pasos:

1) En 2001 el Gobierno promulga la Ley de Tierras. En el estado X, los campesinos organizados en cooperativas acatan el llamado-mandato de tomar tierras ociosas para ponerlas a producir.
2) Los terratenientes, a quienes les importa un pepino que el Gobierno haya promulgado una ley que favorece a los pobres y les quita privilegios a los poderosos, reaccionan violentamente intentando amedrentar a los líderes de las tomas mandándoles sicarios y después a las autoridades policiales o militares.
3) Si fallan en su intento de hacer desalojar las fincas mediante la violencia y la amenaza, lo hacen acudiendo al sistema de "justicia" de la región. Los campesinos son criminalizados y aqu´pi entran en acción los medios de comunicación de la derecha. Actualmente hay más de 1.500 campesinos imputados, vejados y sometidos a régimen de presentación por tribunales locales y regionales, por el espantoso delito de apegarse a la Ley de Tierras.

Cuando las tres vías fallan o no resultan suficientes para que el terrateniente quede satisfecho entonces viene el trámite del asesinato físico.

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Esto es posible y funciona así por algo que viene a ser el mero centro, el meollito, el lugar del ayayay, el "punto G" de la impunidad de los asesinatos y el acoso de campesinos: resulta que en la ciudad equis el fiscal que investiga el asesinato y el juez que dicta sentencia son panas de la infancia, compinches, tal vez hermanos, del dueño de la finca y la fábrica, del comandante de la Guardia Nacional, del alcalde, del cura, del dueño de la radio, del director de la escuela y el liceo. Ellos nunca se van a tirar, jamás se echarán paja Ellos estudiaron juntos, se cogieron e intercambiaron a las mismas burras, se conocen los secretos, la hermana del juez es hoy la mujer del comerciante millonario y esa dama fue cuando joven novia del jefe de la policía.
Ellos nunca se van a tirar piedras entre ellos, jamás se echarán paja, nunbca en la vida traicionarán esos lazos. Esos lazos son irrompibles. Poco importa si hoy algunos de ellos son chavistas y otros antichavistas porque esto es un peo de clases: todos ellos, por cierto y para completar el cuadro, tuvieron por sirvientes, albañiles, choferes y esclavos a los padres y abuelos de esos campesinos que hoy están jodiendo con la tomadera de tierras. El drama de la guerra clasista en todo su esplendor: por mucho que se hable de revolución pacífica, un pelabolas jamás le ha de ganar por la vía limpia y legal a un potentado.
A pesar de todo, que Chávez (otra vez, el tipo en persona, y más nadie en el puto Gobierno) esté intentando algo concreto para que se acabe la matanza de campesinos es una noticia de enorme importancia, algo que hace pensar que el laberinto puede tener una solución. Pareciera entonces que no hará falta acudir a medidas dramáticas o desesperadas, como la que hemos estado discutiendo informalmente y quizá
irresponsablemente. Yo no estoy muy seguro de que debamos seguir hablando en términos de paz mientras los hijos de puta terratenientes nos están matando. Cada vez creo menos en esas iniciativas hippies que convocan a agarrarnos de las manos con unas velas y unas canciones y unos discursos bonitos, mientras el enemigo nos está echando metralla y pistola. Creo que si ellos van a seguir matándonos pues entonces que la guerra sea en serio y vamos a poner muertos los dos equipos, ese juegüito de que ellos ponen las balas y nosotros los muertos ya no puede continuar. Y si el resultado de llevarse por delante a diez o veinte ricos es que se joda la paz social pues que se vaya a la mierda la paz social. Si vamos a seguir llorando muertos pues que ellos lloren a los suyos también. A llorar todo el mundo en esta mierda.
Por si no se han dado cuenta, la solución que propone Chávez incluye ese elemento dramático del cual muchos de los nuestros prefieren no hablar. Ese elemento son las armas. En control del Estado, pero armas. De esas que hacen pum y matan gente. Chávez (como siempre, otra vez) toma a veces decisiones choretas, imperfectas, pero la mayoría de las veces (como ahora) tiene en su mente la respuesta correcta. La salida al vacilón de los ricos que matan y los pobres que lloramos.

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viernes 25 de septiembre de 2009

A Nelson López lo mataron por 6 mil bolívares

El número 214 de los líderes campesinos asesinados desde 2001 (suman 219 hasta esta fecha) confirmó con su inmolación lo que antes sólo era rumor, sospecha o certeza velada por el miedo: que hay terratenientes multimillonarios financiando la muerte de dirigentes del campo


Al trabajador del campo y líder de su gente Nelson López Torrealba (yaracuyano, 39 años, 4 hijas y uno más en camino) lo mandó a matar el terrateniente Luis Gallo. Nelson estaba al frente de una de las muchas cooperativas de productores campesinos que decidieron recuperar tierras ociosas en el estado Yaracuy, en cumplimiento de la Ley de Tierras vigente en Venezuela. La cooperativa a la cual pertenecía Nelson (Santa Inés del Monte 2021) había rescatado en el año 2005 el fundo Santa Rosa, propiedad de Luis Avendaño, en el municipio Bruzual. Poco después el mismo grupo tomó el fundo Tibana, registrado a nombre de Luis Gallo. Ambas propiedades estaban ociosas, por lo cual calificaban como aptas para su toma o recuperación por parte de los trabajadores según la Ley.

Gallo y varios hombres a su servicio intentaron forzar a los campesinos a desalojar esas tierras. Intentó realizar trabajos en el fundo para crear la impresión de que los campesinos estaban invadiendo terrenos en proceso de producción, luego probó con el amedrentamiento verbal y a punta de disparos. José Gregorio Peralta, compañero de faenas agrícolas y organizativas de Nelson López, recuerda palabra por palabra las amenazas de Luis Gallo contra el dirigente: “No pierdo las esperanzas de matarte”, le repetía una y otra vez delante de testigos. Una de esas veces se lo dijo delante de varios dirigentes y funcionarios en la sede del Ministerio de Agricultura y Tierras. Pocos días antes del asesinato de Nelson hubo un foro en San Felipe, con la participación del presidente de Fedenaga, Genaro Méndez, y el mandamás de Fedecámaras en Yaracuy, Fandor Quiroga. La tónica del encuentro era de un predecible atroz: “la amenaza que para la propiedad privada representan los invasores auspiciados por el Gobierno, y el flagelo de los secuestros”. Detrás de semejantes próceres, en la fotografía que del evento publicó la prensa local, aparece Luis Gallo.

Puede decirse cualquier cosa de Gallo, menos que es un hombre cauto o subrepticio.


La hora final

Vilma Ávila, compañera sentimental y madre de dos hijas de Nelson, recuerda que los días anteriores al 12 de febrero de 2009 lo notaba intranquilo. “Pero él nunca dejó que me metiera en sus asuntos. Yo le respetaba esa decisión, y mucho más después que lo mataron, porque eso de mantenerme alejada y no darme información sobre lo que hacía y los riesgos que corría fue por seguridad para mí y las niñas”. Nelson almorzó en su casa de San Pablo y salió de allí a las 4 de la tarde, se quedó en casa de su madre hasta las 7 y a esa hora se dirigió al caserío La Bartola, donde tenía compromisos de trabajo y otra casa donde ocasionalmente dormía.


El 12 de mayo los movimientos sociales realizaron este mural en el caserío La Bartola. Dos días después, un grupo de hombres armados les ordenó a los vecinos del caserío, bajo amenaza, borar el mural

Guido Galeano, vecino de La Bartola, fue la última persona que habló con Nelson López. Así reconstruye el momento del crimen: “Lo llamé para hablarle de unos animales que él me cuidaba. Estuvimos conversando como 20 minutos frente a mi casa; eran más de las 7 y media de la noche. De repente un hombre se acercó caminando desde el fondo de la calle y cuando estaba como a 5 metros comenzó a dispararle a Nelson. Nunca se paró, le disparaba mientras caminaba. Yo me pegué de la pared y el hombre seguía disparando; nunca pude verle la cara porque los postes de la luz alumbran muy poco y frente a la casa se forma una oscuridad. El asesino siguió caminando hacia fuera del caserío y dicen que ahí lo recogió una camioneta, pero yo no la vi”.

Fueron 14 disparos en total.

Por encargo

El sicariato es una práctica cada vez más usual en los campos. Se dice rápido y suena a especulación, pero el caso de Nelson López destapó inmundicias más graves que ese simple enunciado. El asesino de Nelson López se llama Angel Jesús Vargas y fue capturado en pocas semanas. Confesó que el crimen había sido un encargo del terrateniente Luis Gallo. Alberto Mendoza Merchán, chofer y guardaespaldas de Gallo, también está detenido y reveló que el autor intelectual le encomendó buscar al sicario en Maracaibo y que le ofreciera 6 mil bolívares por el “trabajo”. Rolando Díaz es uno de los ocupantes de la camioneta donde huyó el sicario y está en prisión esperando sentencia; el otro es Agustín Padrino Acosta, quien anda prófugo. Lo mismo ocurre con Luis Gallo, el autor intelectual, quien se dio a la fuga y ha declarado a la prensa aliada del poder económico (El Nacional) que es un perseguido político.

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martes 22 de septiembre de 2009

El periodista imposible y la guerra en curso

Hace dos semanas entrevisté a José Pimentel, dirigente campesino de Cojedes. Setenta y dos horas después lo acribillaron a tiros. Ya antes lo habían tiroteado, en marzo. Con los documentos que me mostró y las cosas que me dijo escribí una especie de crónica sobre la cual un grupo de periodistas profesionales determinó que no era un ejercicio periodístico. Al principio me arreché, pero luego me sentí orgulloso. “Luego” quiere decir el momento en que me enteré de que José Pimentel no registra actividad cerebral y que, por lo tanto, los terratenientes que lo mandaron a matar cumplieron su cometido: aunque sobreviva, redujeron a cero a un tipo enérgico, carismático, buena gente, de los nuestros. Los multimillonarios que lo asesinaron hicieron su trabajo y entonces yo tenía que hacer el que se supone que es el mío: ir a donde los asesinos y preguntarles: “Doctor Zapata, Toledo o Boulton: ¿Usted mandó a matar a Pimentel?”. Tú sabes, para que el coñoemadre me dijera que no. Eso es lo que se llama periodismo. Algo que cumple con esos requisitos llamados equilibrio, objetividad, imparcialidad: principios del periodismo.

Nunca me sentí tan orgulloso de haberme cagado en esos principios, hermosísimos si hubiera justicia en este puto país, pero inviables en una realidad de mierda en la cual decimos que hay una Revolución pero los ricos siguen jodiéndonos y matándonos, como siempre, sin que paguen por ello.


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Al periodismo hecho en Venezuela se lo llevó el coñísimo. No tiene salvación, se jodió irremediablemente. No es el primer artículo o espacio en el cual vomito este dictamen, y cada vez que me asomo a los espacios informativos mi impresión se reafirma. En Venezuela es imposible hacer periodismo, por la misma razón por la cual aquí no hay espacio para la indiferencia. Aquí si usted no está en un bando está en el de enfrente, y si cree que apartándose de la contienda y yéndose a la playa cuando se están decidiendo cuestiones cruciales o importantes usted se ganará la etiqueta de “neutral”, usted está jodido de la cabeza o no ha entendido de qué se trata todo esto: si usted es indiferente, cobarde o sensible a la incomodidad que genera el no declararse de ningún bando usted no es neutral o “ni-ni”, sino un maldito escuálido. Un pobre güevón que seguramente trabaja para un coñoemadre que lo explota y a quien usted considera un patrón chévere porque no le alza la voz y de vez en cuando le da un día libre, como si ese cabrón fuera el dueño de su dignidad, su libertad y su tiempo.

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Todavía me encuentro a gente que me celebra o me reclama lo dicho en un programa de Venezolana de Televisión: que el periodismo falleció de muerte violenta en el instante en que los periodistas antichavistas decidieron que todo cuanto hicieran Chávez y el chavismo está mal, y fue sepultado con más asco que honores el día que los periodistas chavistas decidieron que la mejor respuesta a eso era glorificar todo cuanto hicieran Chávez y el chavismo. Puesto en el centro de la mesa, aprobado y refrendado ese estado de cosas, está claro que en los medios de información de Venezuela no hay espacio para la verdad sino para la coñaza, el insulto barato, la descalificación inmisericorde, el certamen de injurias, la patá poerculo, el ataque gratuito, la invención de mentiras, el mordisco y el salivazo contra el enemigo y sus factores.

Muy ingenuo o estúpido tiene que ser alguien que a estas alturas del campeonato crea viable el ejercicio del periodismo, entendido éste como la hechura potable, transparente y aguerrida de un oficio que busca, respeta y confronta todos los puntos de vista, para presentarle a la ciudadanía la posibilidad de un balance y una toma de posiciones sobre la realidad. Esa forma de hacer periodismo (la única que puede calificar como tal) fue posible en Venezuela durante varios años y nos dejó verdaderas joyas del arte del equilibrio, la pulcritud y la audacia puestas al servicio de la verdad. Eran tiempos en que el país vivía eso que los ricos gustan de llamar “normalidad”: el estado de cosas en el cual los pobres son sometidos a explotación, segregación y vejación permanente por parte del Estado, las corporaciones, la televisión, la iglesia y la policía, y los pobres nos calamos ese güeveteo con aparente tranquilidad, docilidad y/o resignación. Una “normalidad” que también se fue a la mierda el día que los pobres empezamos a romper esa maldición en cómodas cuotas: todavía estamos oprimidos y sometidos pero ya estamos reventando el yugo de la palabra sacrosanta de la iglesia, los medios y muchas veces de la policía, que ya es bastante.

Debo aclarar algo que seguramente no se colegirá de lo que he dicho antes: que el periodismo haya muerto o sea inviable no me parece bueno ni malo, sino simplemente un fenómeno al cual hay que adaptarse. Sincerarse, asumir el barranco en el cual estamos y dejarse de mariqueras: estamos en una fase muy sucia de una guerra que empezaron ellos, los poderosos (llamémoslos para efectos de este artículo “los dueños y directivos de medios de información”) y los sirvientes de los poderosos (llamémoslos “periodistas y esclavos de los medios de información”).

Cito un artículo del cabrón del Roberto Giusti, publicado en la cloaca denominada “El Universal” el 21 de mayo de 2002: “En este país, aunque usted no lo crea, los periodistas y los militares se parecen en algo. Tanto ellos como nosotros, y como casi todo el mundo, en realidad, están sometidos a una serie de normas capaces de desnaturalizar principios universales referidos al comportamieno ético en el ejercicio de su profesión” ... “si usted, periodista, se encuentra en un país donde el toque satánico del caos lo tiene todo revuelto, no puede caer en el chantaje de una pretendida objetividad, en un falso equilibrio informativo que lo mantiene en el mero centro del derrumbe total, inmóvil y feliz, tirándosela de ni ni”.

Nunca estuve tan de acuerdo con este coñoemadre, a quien una vez le espeté un crimen: haberle echado una tonelada de mierda a Jorge Nieves, asesinándolo moralmente un mes antes de que lo asesinaran físicamente. La diferencia entre los hijos de puta como él y los pendejos como nosotros es que ellos saben que estamos en guerra y están actuando en consecuencia, mientras que nosotros (que también sabemos que estamos en guerra) permanecemos inmóviles y jugando a un juego indigno y desesperadamente patético que dice: “Oh, me has agredido, ¿viste, mami, que los violentos son ellos?”. Pero poco a poco cada quien ha ido tomando posiciones en esta guerra maldita y brutal (como lo es toda guerra, por definición). El mundo es una mierda y de esta mierda soy adicto, dice una canción de los raperos de Guerrilla Seca. Los parafraseo con gusto: esta guerra es sucia y de esa suciedad se vuelve uno adicto. Así que antes que salvar al periodismo, me he dedicado a indagar en los adentros y en la Historia cómo se puede ser honesto, responsable y estar blindado en la ética cuando uno está en guerra, ya que en el periodismo no se puede. La respuesta la conozco hace rato: ubicándonos del lado de los pobres y los oprimidos, que somos nosotros mismos. Y ser implacables con ese enemigo, al que hace rato se le pasó la mano.

Ah verga, aprendamos del lumpen:

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viernes 18 de septiembre de 2009

Boves y los poderes destructores del pueblo

Hoy, 18 de septiembre, se cumplen 227 años del nacimiento de José Tomás Boves. Reducido a la categoría de monstruo por la Historia oficial, esa que sólo exalta y glorifica a los constructores de una República burguesa y promotora de privilegios y esclavismos, su conquista fundamental fue haber motorizado en pocos meses lo que no hemos vuelto a lograr en dos siglos: hacer que el pueblo ejerza el poder y con su ejercicio (brutal entonces, despiadado, criminal, del tamaño del odio de tres siglos que la sociedad colonial incubó) llene de pavor a los multimillonarios, a los poderosos, a los propietarios. De Boves ha dicho Juan Vicente González que fue el primer jefe de la democracia venezolana. El dictamen parece exagerado y romántico, pero ciertamente el Taita fue el primer tipo parecido a nosotros que gobernó este país. Las hordas que lo seguían son un importante antecedente de los ejércitos de liberación nacional del siglo XX: más que un ejército, era un pueblo echado a los campos a destruir la vieja sociedad. La vida de este tipo apasionado, loco e bola y rebotao está llena de claves y metáforas. La más importante de ellas es que el día que perdió la vida sus hordas coronaron una victoria. Eso pasó en Urica el 5 de diciembre de 1814. Es decir: con su muerte, este jefe demostró que los pueblos no necesitan jefes para conquistar triunfos. Ese día al jefe lo mataron y sin embargo sus diablos le echaron una pela al Ejército patriota, ese equipo donde jugaban entre otros un poco de bichos llamados Ribas, Bermúdez, Zaraza. Puro cuarto bate. Esa es nuestra verdadera historia y así somos nosotros en realidad: somos una historia llena de bichos oscuros y anónimos capaces de grandes cosas. Los jefes tienen nombres grandes y nadie los olvida; a nosotros nos van a olvidar pero vamos a hacer cosas más grandes.
Aunque algunos nos sintamos bolivarianos (o pensemos que lo somos porque eso fue lo que nos enseñaron en la escuela adeca donde nos formaron), en realidad, y por origen de clase, convicciones, temperamento y sueños, todos somos boveros. La naturaleza de nuestras luchas no se parece a la de Bolívar sino más bien a la de su erncarnizado rival, José Tomás Boves. Y más que a las luchas de Boves, a las hordas que lo seguían. A ese poco de esclavos y sirvientes humillados por tres siglos. "Nosotros somos los mismos, nosotros somos aquellos", dice una canción de Gino González.
Publicamos acá, a manera de homenaje al camarada Taita José Tomás Boves, fragmentos de la obra “Bolívar y la Guerra Social”, justo el que describe el contexto en que se producen el fenómeno Boves y la insurgencia colectiva de los hombres sometidos a esclavitud y servidumbre. Su autor es Juan Bosch (1909-2001), presidente de su país (República Dominicana) en 1963 y derrocado por un golpe militar apoyado por Estados Unidos. Es uno de los intelectuales latinoamericanos más connotados del siglo XX.

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1814 fue el año en que la guerra social venezolana alcanzó su mayor profundidad de horror y destrucción, y por lo mismo es el año determinante en la vida de Simón Bolívar. Las huellas que dejó el 1814 en el ánimo del Libertador iban a producir varias repúblicas americanas. El recuerdo de la ferocidad desatada por los llaneros de Boves le empujó hasta las alturas de Potosí, en los Andes del Sur.

Simón Bolívar había recibido de la municipalidad de Caracas el título de Libertador y el de capitán general de los ejércitos republicanos en octubre de 1813, cuando acababa de cumplir treinta años; y en esos días comenzaba a destacarse en los Llanos como jefe de hombres del pueblo el asturiano José Tomás Boves, que también cumplía treinta años. Como Simón Bolívar, Boves había nacido en 1783*.

Boves era el anti-Bolívar; no porque se enfrentara a éste en la guerra, ni porque él hubiera abrazado la bandera del rey mientras Bolívar abrazaba la de la república; no porque él fuera inculto y el otro cultísimo, él español y el otro criollo, él pobre y Bolívar rico; sino porque Bolívar pensaba y actuaba en términos de sociedad, y por eso su lucha se dirigía a la creación de un Estado, y Boves sentía y actuaba en términos de masa, y esa masa se hallaba en guerra contra la sociedad de la cual había sido parte.

La masa no es la sociedad; no lo es en ningún momento histórico. La masa está contenida en la sociedad, lo que quiere decir que es parte de ella; y nunca la parte es el todo. Puede suceder que la parte insurja y someta el todo a su dominio, pero en situaciones normales la parte no se rebela ante el todo. Si la parte —esto es, la masa— se rebeló en Venezuela contra el todo —es decir, la sociedad— se debió a que los tiempos no eran normales; y cuando lo fueron, antes de la rebelión de la masa, los que se beneficiaban eran una minoría que sostenía a hierro y sangre una organización social intolerable, que no permitía el menor cambio.

(…)

Entregado a su idea de un Estado nacional, creado en lucha contra España, Bolívar no veía a la masa venezolana. Para él, sólo había un enemigo al que combatir, y era Monteverde, representación oficial de España; y cuando Monteverde fue depuesto, el enemigo a derrotar era Cajigal, designado sucesor del capitán de fragata canario. Las partidas que andaban por los Llanos eran, a su juicio, bandoleros que se desbandarían con una operación de limpieza tan pronto quedara aniquilada la fuerza militar realista. Eso explica que Bolívar atendiera más al sitio de Puerto Cabello y a la concentración realista que destruyó en Araure, que al creciente poderío que iba tomando Boves en los Llanos de Apure. Tal vez por eso le resultó tan dura la lección que recibió cuando las masas venezolanas, comandadas por Boves, destruyeron su sueño de un Estado nacional.

(…)

En el misterioso laboratorio de la historia la masa tiene un papel renovador, originado en que es la depositaría de los resentimientos individuales, de las injusticias, las frustraciones, las inquietudes y los dolores que la sociedad, organizada en Estado, provoca en los individuos. De una injusticia, de una frustración, de una inquietud insatisfecha, de un dolor a veces ni siquiera conscientemente valorado, sale una idea renovadora o un deseo de cambio —y a menudo un deseo de destrucción— que va extendiéndose por entre los que sufren, los despojados, los perseguidos, los sometidos, y llega la hora en que esa idea o ese deseo se convierte en una corriente avasalladora, que domina los movimientos de la masa.

(…)

José Tomás Boves o Tomás Rodríguez Boves —o Boves a secas— era el jefe de una masa americana en los primeros años del siglo XIX. A esa masa no podían pedírsele propósitos creadores; y así como ella, era su caudillo. Frente a Boves, Bolívar comandaba el instrumento armado de una sociedad que ya no existía. La lucha, pues, fue el encuentro de un ejército sin base social y una masa convertida en ejército. Años después, esa masa convertida en ejército se pasó a las filas republicanas, y entonces Bolívar la comandó y realizó la obra que había soñado, porque esa masa se integró en la sociedad nueva, que ya no podía ser la mantuana.

En 1813, Bolívar era un romántico que no comprendía la raíz de los sucesos en que él mismo era actor de primera categoría. Hasta el final del Año Terrible de 1814, el Libertador creía, con toda la vehemencia de su alma, en los conceptos abstractos de Nación, República, Libertad, todos escritos con mayúsculas en su corazón apasionado. En 1813, Boves, que era la encarnación de la guerra social y estaba a gran distancia de los románticos, afilaba la lanza con que iba a quedar destruido el sueño de Bolívar.

(…)

La guerra social es un fenómeno de caracteres peculiares. Recuerda a los volcanes activos en que su poder es permanente. Su fuerza no se agota mientras tiene razón de ser en los odios del pueblo, como no se agotan los volcanes mientras tengan lava en las entrañas. Cuando Boves ordenó el ataque a La Victoria, en el mes de febrero, disponía de 7.000 hombres; cuando huyó hacia los Llanos la noche del 19 de abril, le quedaban sólo 400. Y sin embargo al comenzar el mes de junio reapareció en los Llanos a cabeza de miles de seguidores, tan fieros como los que mandaba dos meses antes. El pueblo engrosaba las filas de Boves sin cesar, como aumenta la lluvia el agua de los ríos.


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miércoles 16 de septiembre de 2009

Los ricos ponen las balas; los pobres ponemos los muertos

Continúa la matanza de dirigentes campesinos a manos de sicarios contratados por terratenientes. Nosotros somos cómplices de ese asesinato masivo. Usted, lector de esta nota, y yo mismo. Usted y yo vivimos en las grandes ciudades y creemos que Cojedes queda lejos, y ni hablar de los estados fronterizos. Cuando a un camarada lo acribillan en algún lugar de Venezuela preferimos sentirnos seguros de que la policía y los jueces de la región donde ocurrió el asesinato se encargarán de hacer justicia, sin percatarnos de que esos jueces y cuerpos policiales son cómplices y quizá perpetradores del crimen. No termina de entrarnos en la cabeza que hay un hijo de puta multimillonario que vive en Caracas o en Miami, y que al enterarse de que unos campesinos le invadieron esas tierras que él no pone a producir resuelve el asunto con un telefonazo: averigüe quién es el cabecilla o líder de la toma de tierras y llénele el saco de plomo.



A José Pimentel lo abalearon por segunda vez el viernes 11 de septiembre; la primera vez fue en marzo. Ha sobrevivido a ambos ataques, pero aparte del natural alivio que significa el que este camarada haya quedado con vida el episodio revela una realidad avasallante: los millonarios que se sienten dueños de la tierra venezolana están dispuestos a asesinar a quien pretenda acabar con el latifundio. Para un puñado de estos hijos de mala entraña, la propiedad privada es más importante que la vida, y no hay que ser muy perspicaz para comprender que Pimentel no será la última persona a quien intentarán asesinar. En Cojedes todo el mundo sabe que un Boulton, un Toledo y un Zapata son los dueños de las fincas que las cooperativas de campesinos han recuperado para la producción agrícola. Pimentel me reveló en una entrevista, tres días antes de que lo abalearan por segunda vez, que al menos uno estos señores le tienen jurada la muerte. Que un sistema corrompido y putrefacto de jueces indignos ha hecho más fácil el trabajo de los sicarios.


La semana pasada escribía acá mismo sobre la necesidad de entender que esta guerra es de largo plazo, de muchas generaciones, y no una simple escaramuza que vaya a resolverse zampándole unos tiros a diez, a veinte o a 500 personas. La contundente asquerosidad de las actuales circunstancias, la develación de la índole criminal de nuestro enemigo de clase, obliga a ponerle algunas acotaciones a ese análisis. La más obvia de ellas clama a gritos la necesidad de ponerle freno a esa locura homicida. La parte lamentable es la que responde al “cómo” del asunto: hay que acabar con la matanza y la forma más segura, directa y digna de hacerlo es acabando con los matadores. La otra opción es reconocer que hemos perdido y que las tierras deben permanecer en manos de los ricos, así no las pongan a producir. Pero esa opción no es válida si en lugar de un país de sirvientes y esclavos queremos un país de gente decente.
A estas alturas, cuando los sistemas locales y regionales de justicia (ni hablemos de la justicia burguesa en pleno), las autoridades policiales, los medios de comunicación, el silencio cómplice de unos ciudadanos, el miedo de otros y la apatía de las mayorías; cuando todo ese sistema hecho a la medida para que florezca la impunidad se ha convertido en costumbre, no parece quedar otra opción que la del estallido revolucionario que liquide a uno o más terratenientes de los que ya se sabe que han mandado a matar a la gente nuestra.


Creo que a los matadores hay que matarlos. Propongo hacerles un llamado público a los sicarios actuales o potenciales para que, en lugar de asesinar a los nuestros, le den muerte a quienes los contratan. Es una vía que pudiera dar resultados. El terrateniente de Yaracuy Luis Gallo le pagó 6 mil bolívares a un sujeto para que asesinara al líder Nelson López el 12 de febrero. Si antes de ese asesinato el movimiento popular le hubiese hecho un llamado a quienes viven de matar y hubiese ofrecido el doble de esa cantidad para que matara a Luis Gallo, tal vez Nelson López estuviera vivo y la familia del terrateniente sería la que estaría clamando justicia, no nosotros.Ha habido intentos de conformar un Tribunal Popular o varios tribunales populares que se ocupen de discutir y diseñar la manera y los mecanismos para frenar la masacre de dirigentes populares. En el papel ese Tribunal existe y tiene sustentación constitucional suficiente. En efecto, el Tribunal del Pueblo nace por mandato de dos asambleas de ciudadanos y ciudadanas: la primera, realizada el 06 de marzo de 2009 en Caracas, denominada “Asamblea de Campesinos y Campesinas y de los Movimientos Sociales contra el Sicariato y la Impunidad”; y la segunda, denominada “Encuentro Nacional Revolucionario por la Vida y los Derechos Humanos” realizada en Barquisimeto los días 1, 2 y 3 de mayo de 2009. Como Misión Boves, acudimos allí con la intención de agitar en torno a una cuestión esencial: es necesaria la creación de un Tribunal Popular porque los tribunales ordinarios, el sistema de justicia o Poder Judicial, son una entidad en avanzado estado de descomposición, al igual que el Estado Burgués en el cual se asienta. Esta discusión seguramente se revitalizará ahora. No será discutiendo como se acabará la matanza de revolucionarios, pero sí es esa la vía para darle carne y realidad al justo anhelo de cambiar el dolor de los nuestros por la sangre de ellos.

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lunes 14 de septiembre de 2009

Alguien muy poderoso quiere muerto a José Pimentel

La semana pasada, el martes 8 de septiembre, conversé en San Carlos (Cojedes) con el dirigente campesino José Pimentel. Hablamos sobre el atentado que sufrió en marzo; el hombre recibió entonces cuatro disparos (en el rostro, el pecho y un brazo) y sobrevivió. Setenta y dos horas después de nuestra entrevista (viernes 11 de septiembre) volvieron a atentar contra su vida. Esta vez le dieron tres tiros más. Nuevamente sobrevivió al ataque, pero sufrió pérdida de masa encefálica.
Estos atentados han sido perpetrados por sicarios, ordenados por uno o más terratenientes, y cuentan con la complicidad de una asquerosa red de jueces y autoridades regionales. Van 219 campesinos muertos por este tipo de acciones. Estamos en una guerra en la cual los ricos ponen el plomo y nosotros los muertos. Y todavía hay cachorros que quieren voltear al país cabeza abajo porque a media docena de mamagüevos les dieron unas patadas por el culo en la avenida Urdaneta.

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Tuve que esperarlo durante dos horas más de lo previsto porque se encontraba en la sede regional del INTI realizando una labor para la cual se le llamaba con alguna frecuencia: mediar entre dos grupos de campesinos que tenían desacuerdos. Pimentel es un líder carismático y se ha hecho respetar entre sus colegas, entre las autoridades regionales y locales, entre los campesinos organizados de todo el país (de quien sí no ha obtenido respeto es de unos cuantos terratenientes, de esos que consideran a la propiedad privada -de ellos- más importante que la vida -de otros-). Finalmente, el encuentro se dio en un local de San Carlos (Cojedes), a unos 200 metros de donde atentaron contra su vida el 4 de marzo. Setenta y dos horas después de esta entrevista han vuelto a atentar a balazos contra la vida de José Pimentel.

Casi toda la conversación giró en torno a la primera vez que lo atacaron a balazos, y sobre las circunstancias de ese atentado.


"No sabía que era conmigo"

Relató que ese día (4 de marzo de 2009) se encontraba con un grupo de ocho amigos en la pizzería Sagitario, en el centro de San Carlos, en horas del mediodía. Que de pronto un sujeto se paró frente al grupo y comenzó a dispararle. "Yo ni siquiera sentí los tiros, nada más me puse al igual que los demás a tratar de apartarme, porque no sabía contra quién estaba disparando aquel hombre. Hasta que me vi un chorro de sangre en el brazo izquierdo; entonces me di cuenta de que era conmigo la cosa". Eso que Pimentel llama "la cosa", en su primera parte, terminó con dos balazos en su cuerpo: uno en el brazo y uno en el pecho. Luego el sujeto se subió de parrillero en una moto, en la cual lo esperaba el conductor. Al ver que el dirigente campesino todavía estaba de pie, tomó la pistola con la otra mano (la izquierda) y efectuó desde la moto varios disparos más. Esta vez una bala lo alcanzó en el pecho y otra en el rostro. La bala entró por la mejilla y salió por la partte de atrás del cuello, sin afectar ningún órgano. En la pizzería-heladería donde ocurrieron los acontecimientos todavía quedan huellas de los impactos de bala, en la puerta, la pared y una mesa. No hace falta que Pimentel confiese ser religioso o que en efecto lo sea, pero en cada minuto de su relato se detiene para comentar que fue Dios quien decidió que saliera de esa con vida.

Sus compañeros lo trasladaron al hospital, que queda a unas ocho cuadras. Allí le dieron los primeros auxilios y lo internaron de emergencia, pero sus familiartes y el Movimiento Campesino Jirajara gestionaron su traslado a otra parte, ya que nada que esté en jurisdicción del estado Cojedes les merece confianza (sobre esto versará la siguiente parte de esta nota). Fue llevado entonces al Hospital Militar de Caracas. A José Pimentel se le descompone el rostro recordando el dolor de aquel traslado: "Me llevaron en el helicóptero-ambulancia hasta Maiquetía. Desde ahí al hospital la ambulancia tardó como dos horas, no sé por qué razón. Cada vez que esa bicha caía en un hueco yo sentía que me estallaba el pecho. Tenía varias costillas fracturadas".



Pimentel muestra las heridas producto del primer atentado


Más que amenazas

Pimentel, de 49 años, pertenece a un movimiento de campesinos que ha tomado varios fundos de los cuales se había denunciado ante el INTI (y anteriormente ante el IAN) que estaban improductivos y que pertenecían al Estado. Las familias Boulton y Toledo aseguran ser dueñas de la titularidad de esas tierras, ubicadas en La Flecha, San José y Manfralex. "Son tierras clases 1, 2 y 3, aptas para cultivo; quienes dicen ser sus dueños las han destinado a ganadería". A razíz de estas tomas Pimentel y sus compañeros comenzaron a recibir amenazas, y algo más: en octubre de 2008 a una familia le quemaron la casa e intentaron violar a una mujer frente a sus hijos, a quienes los inmovilizaron colocándoles pistolas en la boca.

"Una vez estábamos haciendo una inspección con funcionarios del INTI y nos cayeron seis hombres a caballo, armados y amenazándome directamente. Me dijeron que me saliera de esas tierras porque yo era el 'chicharrón' de ellos. A esos hombres los capturaron y los llevaron al comando policial de Las Vegas, pero la jueza Primera de Control fue allá en persona a decir que soltaran a esos muchachos, y los dejaron libres".

A raíz de estas situaciones, Pimentel solicitó para sí una medida de protección policial, misma que le fue concedida por la jueza 4ta., de Control del estado Cojedes, Romelia Collins. Al cabo de unos pocos días la medida fue revocada a petición de la abogada Adelaida Pérez, y Pimentel fue a los tribunales a pedir una explicación. El productor agrícola no sabe si contar lo que le dijeron con humor o indignación: "El presidente del Circuito Penal me dijo en mi cara que me dejara de esas cosas, que no me metiera en problemas, porque el dueño de la finca Manfralex, Manuel Toledo, era su amigo". Volvió entonces a pedir protección policial, la cual le fue negada hasta que el 4 de marzo lo agredieron a tiros. Desde entonces hasta el viernes 11 de septiembre, fecha del segundo atentado, contó con el acompañamiento de un funcionario policial.

"Ahora ando todo el tiempo a la defensiva", me confesaba Pimentel. "A veces se me acerca a saludarme alguien que no conozco o no recuerdo y me pongo tenso, porque no sé si es alguien que viene a joderme. Igual cuando me paro en el semáforo y me pasa un motorizado por el lado". Ese era el estado anímico de Pimentel para el momento del segundo atentado.

¿Y las autoridades del estado y del municipio?

"El alcalde y el gobernador se movieron bastante cuando me tirotearon, se comportaron a la altura. Pero después de eso ya es imposible hablar con ellos".



Pimentel entrando al local donde atentaron contra su vida el 4 de marzo


El testigo que no fue

Hay dos detenidos en San Carlos por el primer intento de asesinato. Son ellos Wranglelhits Enrique Pacheco y Melquiades García. El primero es el sicario que le dio los cuatro tiros a José Pimentel, y el segundo un taxista encargado de contratarlo. "Por supuesto que el taxista lo que hizo fue subcontratar al otro, yo no conozco a ese señor ni tengo problemas con él. Yo sospecho de los dueños de los fundos tomados, pero creo que las investigaciones no llegarán tan arriba, al menos mientras el juicio esté radicado en Cojedes. Por fortuna van a radicarlo en Aragua por orden del TSJ".

En esta clase de enredos siempre hay daños colaterales, y en este en particular el perjudicado fue Mario José Santacci, un humilde parquero de la pizzería donde atentaron contra Pimentel. Hace dos semanas lo emboscaron al salir de su trabajo y lo asesinaron de 15 disparos. Pimentel había hablado con él porque pudo haber sido testigo del atentado, pero Santacci no fue a trabajar ese día. "Creo que lo vieron hablando conmigo y se la cobraron", es el dictamen de José Pimentel. Hay un sujeto, familiar del taxista detenido, que se fugó de un retén de menores la noche del asesinato y regresó en la madrugada. Hacia allá se dirigen las investigaciones.

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viernes 4 de septiembre de 2009

Guerra de generaciones: la película

Para Adriana G. y Lorena F.

y demás Lorenas y Adrianas de la vida


Creemos en algo que llamamos la Revolución. Creemos y sabemos que la Revolución va a triunfar. Como participantes en esto, eso es motivo suficiente para sentirnos poderosos y fuertes. Pero si lo asumimos como espectadores de una película en desarrollo tenemos malas noticias: esta película es muy larga y los seres humanos vivientes no sabremos cuál es el desenlace. Somos protagonistas pero la película terminará cuando nuestros huesos amarillentos tengan siglos bajo tierra.

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Quienes nacimos, crecimos y nos formamos bajo el influjo y la tiranía de la televisión, el cine y la industria deportiva (y cómo no, la epopeya que nos han contado que ha sido nuestra Historia) entendemos por “triunfo” una situación en la cual 1) el enemigo es derrotado, silenciado, desplazado, liquidado; 2) nosotros nos apoderamos del galardón y nos enseñoreamos de él.

Los puntos 1 y 2 contienen unos elementos que sin necesidad de nombrarse directamente están ahí y pesan, joden y son capaces de embarrar lo que de noble pueda tener nuestra aspiración a que la Revolución triunfe. Esos elementos son el poder y la muerte. Apoderarse: quedarse con el poder y ejercerlo. Derrotar: hacer que el enemigo desaparezca o quede anulado como factor político. Que se pudra.

Éxito: destrucción del enemigo, y para mí todo el poder y la gloria, los recursos, la administración de lo existente y la mujer del sujeto liquidado.

Si estamos de acuerdo en que esa es la escenografía básica del esquema guerra=vencedores+vencidos, deberíamos estar de acuerdo también en que nosotros, el bando de quienes somos revolucionarios o decimos serlo, hemos cometido y seguimos cometiendo algunos errores, algunos de ellos puramente circunstanciales y otros más graves, de entendimiento del problema en su estructura. Por allá arriba un párrafo concluyó definiendo al triunfo o éxito como una situación en que los vencedores terminan administrando lo existente. Parece que entonces ese triunfo o éxito no nos sirve, ya que lo existente es el capitalismo y bien ridículos nos veríamos como revolucionarios anhelando (como de hecho muchos lo anhelan, y hasta lo ejercen: asómense por las gobernaciones, las alcaldías y por el Ejecutivo mesmo) administrarlo nosotros.

El Cayapo lo resume de pinga: los capitalistas quebraron al capitalismo; entonces nosotros, que somos socialistas, sí lo vamos a saber administrar. O sea, que el capitalismo es chévere, sólo que lo han administrado mal. ¿Para qué vergas queremos hacer una Revolución entonces, si con poner a un gerente adeco, chavista, gringo, comunista o globovisionario es suficiente para que la sociedad funcione y nos resuelva los problemas?

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Seguimos: para que la Revolución triunfe hay que derrotar a un enemigo nada desdeñable, de varios millones de personas y muchos recursos a la mano. Muchos revolucionarios (o que dicen y creen serlo) creen que es posible que al cabo de unos pocos años tengamos una Venezuela con 30 millones de chavistas y casi ningún escuálido. Espero no que no me etiqueten de derrotista si les doy la mala noticia de que eso no es posible. Que ninguno de los seres vivientes verá el desenlace de esta película llamada chavismo versus antichavismo, y mucho menos de esa otra llamada capitalismo versus la otra sociedad. Es probable que un añito de estos, por las malas o por las buenas, la derecha termine arrebatándonos el control de su Estado (de este estado adeco, burgués y putrefacto que pusimos a los nuestros a administrar, y que no fuimos ni hemos sido y parece que ni seremos capaces de destruir), es probable que se lo arrebatemos luego, es probable, es probable, todo es probable. Pero el desenlace, o el momento en que todos entendamos la necesidad de cambiar al mundo y procedamos en consecuencia, no lo viviremos.

Sospecha: probablemente en estos días estemos iniciando la construcción de un país y una humanidad en la cual, al cabo de varias generaciones, los seres humanos del futuro se estén habituando poco a poco a un mundo con otras nociones de la vida en sociedad, de la producción, de la recreación, el amor, la naturaleza, el trabajo y la creación. Conozco gente maravillosa, gente muy joven con un alma guerrera del carajo, gente que tiene la mitad de mi edad y menos que eso, con un talento del carajo para pensar y hacer. Ellos tampoco verán el fruto de estas luchas, y eso no me deprime ni entristece, más bien me maravilla y me estimula: los nietos o tal vez bisnietos y tataranietos nuestros, y los de Adriana, Carlos, Lorena, Alejandro, Gustavo, Heizel, Diego y los otros, participarán en las batallas del futuro. El mollejón de tarea que tenemos es ese, ni más ni menos: lograr que esos sujetos no nacidos estén del lado correcto de la historia y no pendejeando ni batallando al lado del enemigo.

Esa es la guerra verdadera y así se mata al enemigo: no estallándoles una bomba en el culo (como tantas veces nos ha provocado) sino poniéndoles en las calles y en los pueblos una bomba de tiempo más poderosa: el ejército de seres humanos hoy en formación, jóvenes y sujetos por nacer, sujetos que reproduzcan el discurso y la práctica de la Revolución, hombres y mujeres que entiendan la necesidad de destruir lo existente y de construir un planeta que valga la pena.

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lunes 24 de agosto de 2009

Tracción de sangre: el país en las huellas del pueblo

Tengo rato acariciando la idea de largarme de Caracas, ciudad con la cual mantengo hace rato una relación perversa (la adoro pero sé que debo divorciarme de ella). Corrijo: hace un año acariciaba esa idea, ahora la manoseo y la penetro y casi la empreño. He dado algunos pasos preparatorios en esa dirección, y esos pasos son tantos que ya ando en plan itinerante pegando unos brincos cada vez más prolongados fuera de la capital. Creo que esbocé o insinué algunas de mis motivaciones principales en este artículo.
Mientras acostumbro mejor el cuerpo y la mente a la concreción de la idea ando garrapateando una especie de cuaderno de viajes, que no es sino la exploración o reencuentro con el país que dejé atrás en la infancia y juventud sin haberle metido el diente como debía. Y adivinen qué, el cuaderno de viajes ya es un blog en construcción (otro más. Qué verga, ¿ah?), uno que busca y registra lo que se está construyendo y destruyendo más allá de Caracas, y más allá de esa rara visión de la política que hemos consolidado los venezolanos, en la cual no hay sino confrontación entre el chavismo y el antichavismo.
Vayan a visitarlo pues. El nuevo blog es una visión individual (aunque no individualista) de ese fantasma que nos recorre: la nobleza de corazón, el ímpetu revolucionario (ese que existe más allá de Chávez o antichávez), la sencillez o la altivez de un pueblo y sus íconos olvidados o en peligro de olvido.

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lunes 17 de agosto de 2009

Errores tácticos, desubicación estratégica

Uno se siente medio pendejo cuando, en casos como el actual, se pone a recordarles a los demás que todos cometemos errores. Y que cuando uno los comete de buena fe, por exceso de voluntarismo o pundonor, o porque sencillamente tenemos una visión medio cinematográfica de lo que es el combate contra el mal, quienes se dicen camaradas de uno no pueden atribuirle el error cometido a perversidad o a que uno es un contratado de la CIA. Unos compas chavistas-no oficialistas, voluntariosos ellos, cometieron un error táctico de mediana a alta gravedad la semana pasada, cuando fueron a caerles a palos a unos güevones que se lo merecían, pero que al salir coñaceados salieron ganando la batalla de la opinión pública. Lo increíble, en la continuación de la comedia, viene empaquetada en monstruo de dos cabezas:

1) El chavismo oficialista, empezando por Chávez y el Minci, pasando por el Consejo de Comunicadores Socialistas y aterrizando en el PSUV, han pedido cárcel para los camaradas que participaron en la coñiza.


2) Los señalados han salido a defenderse con argumentos que jurídicamente están bien, pero...: "Nosotros no le pegamos a nadie".


Y a estas alturas nadie se atreve a decir en voz alta lo que muchos pensamos: que es verdad que gente nuestra salió a repartir patá y kung-fu, y que es una vaina grotesca que el chavismo oficial pida cárcel para esos compas, como si nosotros mismos no hubiésemos sido nunca víctimas de esa violencia sifrina celebrada por los medios privados, y cuyos perpetradores gozan de total libertad e impunidad.A dejarse todo el mundo de mamagüevadas: sí fueron panas nuestros, chavistas y camaradas de grupos organizados, los que fueron a patearles el culo a unos señores licenciados que por serlo se la dan de intocables. Fue un error que lo hicieran, cómo no. Como también es un error, y este sí malintencionado y revelador de una desubicación acojonante, el que el Consejo Nacional de Comunicador@s Socialistas emitieran un comunicado en el cual se lee esta mierda:


"El CNCyCS exhorta al Ministerio Público a realizar todos los esfuerzos necesarios para que se aclare la responsabilidad de quienes hayan cometido estas agresiones y no queden impunes".


A ese comunicado les respondí de la siguiente manera, en correo colectivo:


"Supongo que es obligante este tipo de comunicados, para efectos de la organización pulcra, mesurada y decente que quiere ser el Consejo. Sólo quisiera que el Consejo se dignara medir muy bien el alcance de su llamado a meter presos a camaradas nuestros, sobre todo cuando las acciones de la derecha recrudecerán y no será con discursos y comunicados como podremos detenerlos. Va mi declaración irresponsable y sospechosa de ser financiada por la CIA: yo prefiero que nos veamos acusados de haber agredido a unos vergajos de la prensa enemiga y no tener que llorar a nuestros muertos, porque somos arrechísimos pidiendo cárcel para la gente nuestra pero dignos de risa a la hora de pedir justicia por Danilo Ánderson, Jairo Gregorio Morán, Oscar Aponte Gómez.


Les propongo este ejercicio: busquen esos dos nombres mencionados después de Danilo Ánderson, sin buscarlos en internet. Nadie se acuerda de ellos, ¿cierto?


Pues de ese tamaño es nuestra pérdida de la brújula. Cárcel para quienes coñacearon a los señores periodistas ayer, olvido para nuestros muertos. Es decir, cárcel y muerte para nosotros, justicia para el enemigo. Así vamos a ganar la guerra, seguro que sí".



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Ya antes, cuando Chávez acusó al Grupo de Trabajo La Piedrita de trabajar para la CIA, se lo espetaba al chavismo oficialista y al propio Chávez (clic aquí): todos cometemos errores pero hay quienes sólo le otorgan el derecho de equivocarse al comandantísimo Hugo Chávez (después se arrechan porque los tildan de jalabolas). Pero si cometer un error o un exceso en las batallas contra el enemigo es una prueba de infiltración de ese mismo enemigo entonces a apretar ese culo, chavistas de todo pelaje, porque el camarada Presidente se la pasa cagándola y mire que sus palabras y acciones también las usa el enemigo para echarnos coñazos a todos. ¿Quién es el que va a acusar a Chávez de recibir instrucciones de la CIA? ¿A que nadie en el chavismo oficial se atreve a echarle bolas?

A mí me sabe a mierda que a estas alturas del campeonato la gente empiece a mirarte con aire de sospecha cada vez que llamas a las cosas por su nombre. Total, si mal no recuerdo es lo que he hecho toda la vida y no pienso dejar de hacerlo. Va otra vez, a modo de síntesis.Los periodistas antichavistas son unos cínicos cuando exultan y se desgarran en voces de alerta porque les dieron unos coñazos a varios de ellos, siendo que ellos mismos han ninguneado a nuestros asesinados y coñaceados: remember Oscar Aponte Gómez y Jairo Gregorio Morán, 3 de enero de 2003.Los camaradas nuestros que salieron a coñacearlos son unos irresponsables, sobre todo por haberlo hecho en un tiempo de alta sensibilidad política como el actual.Los señores del Consejo de Comunicadores Socialistas son también unos irresponsables y unos entreguistas al pedir cárcel para los nuestros, bajo el argumento de que los revolucionarios dizque amamos la paz.Tanto los periodistas "nuestros" como los de ellos caminan por una misma vereda y su tufillo es a atavismo de clase: unos y otros olvidan o no quieren recordar que a una reportera de Ávila TV le estallaron un niple en la cara unos manosblancas, y que no hay ni habrá nadie preso por ello. Mayor cogeculo se hubiese armado en este país si semejante atentado se hubiera llevado a cabo contra un señor licenciado de cualquiera de los bandos, compadre.
Remedio contra todo esto: ubicación (clic aquí). Recordar de dónde viene cada quién, a qué nos debemos y a qué hemossido convocadosen tiempos que quieren llamarse revolucionarios.

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lunes 10 de agosto de 2009

Oficialistas

Estimado burócrata:

No hay revolución sin actos revolucionarios. La institucionalidad es, por definición, lo contrario al cambio revolucionario: usted crea institución, usted proclama que esa institución es sagrada, intocable, digna del respeto y la sumisión de la gente. Crea institución y entra al maravilloso mundo del conservadurismo: nadie quiere que los vientos revolucionarios (ni ningún otro viento, brisa, huracán o flatulencia) devasten lo que uno está construyendo.

¿Es bueno o malo que lo antes dicho funcione como funciona? Depende. Si usted creó instituciones después de demoler las que había previamente, vale, convengamos en que las nuevas instituciones merecen la aprobación y el esfuerzo militante de las multitudes (ahora unos europeos decretaron que está prohibido llamar masa a las masas, y los europeos tienen razón en todo) para su construcción. Pero si usted conservó la estructura antigua y quiere que yo le rinda pleitesía sólo porque usted tuvo el valor de poner nuevos burócratas donde estaban los viejos, y de cambiarle el nombre a la estructura (antes PTJ, ahora CICPC; antes Inavi, ahora MOPVI) usted me está haciendo trampa, compañero. Usted quiere que yo lo respete, no por su aporte revolucionario a la construcción de una nueva sociedad, ya que usted no ha hecho ninguno, sino por la misma razón por la cual antes había que cargar encima un carnet de AD o COPEI, o ambos: usted pretende que yo me incline ante su in-ves-ti-du-ra, esa cuota de poder nacida bajo los auspicios, el patrocinio y la bendición del Estado adeco.

Ya sé qué es lo que le acaba de cruzar por la mente en este momento. Usted ha pensado: “Ajá, este es escuálido, porque los escuálidos también nos llaman oficialistas”. Pero resulta, apreciado burócrata, que precisamente donde es más patética y proliferante esta enfermedad del oficialismo es en las filas del antichavismo. Los antichavistas son conservadores por naturaleza, y por ende son oficialistas genuinos. Si usted se fija bien en los discursos y la acción de estos sujetos (siéntese a ver un rato Globovisión o a escuchar Unión Radio) y notará un desmedido apego a las leyes. ¿A usted no le parece raro que los bichos conozcan la Constitución de 1999 mejor que uno, y que en los últimos tiempos se hayan dedicado a defenderla con ese encono, con esas ganas, con ese aire de paladines que da dentera? ¿A usted no le chirrió un pelo esa imagen de Antonio Ledezma dizque pasando hambre frente a la OEA, con el librito azul en la mano? ¿Usted no se preguntó por un momento qué vergas está pasando en el mundo que ahora los ateos andan chapeando con la biblia?

Respuesta única: la razón es que finalmente a los antichavistas los ha vencido su inclinación vesánica a respetar las leyes (hay un verso del Himno Nacional que glorifica esta actitud: la Ley respetando) y ahora prefieren la paz aparente, el “orden” que da la santificación de leyes y papeles, han salido del clóset y se han destapado como los oficialistas que son.

Oficialista: persona que rinde culto a lo oficial.

Así que lo lamento mucho, querido burócrata, pero en eso los escuálidos se parecen más a usted que a quienes creemos que es preciso demoler lo que hay y luego construir lo nuevo. El oficialista adora el estatus que le dan las leyes. Los revolucionarios detestan las leyes porque sabe que sin su cuestionamiento, estremecimiento y destrucción no será posible construir una sociedad de otro tipo.

Lo siento, lo siento.

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Vamos al terreno de la práctica, del cochino mundo real, que aquí sobran los ejemplos de cómo el chavismo adorador de lo que nos han impuesto creen que se la están comiendo con eso del respeto a las leyes y a las costumbres de los ricos. El día 23 de junio fui a La Vega a vacilarme el San Juan de esa parroquia (¡parroquia! ¿La llamaremos Comuna algún día?), que es de los mejores de Caracas, y me encontré con un espectáculo lamentable. Usted me dirá: “Ah, ¿revolucionario y adorador de santos?”, a lo cual la negritud le responde: esa fiesta es un ataque formidable al catolicismo y la reivindicación del carácter pagano y cimarrón del hombre descendiente de africanos. Pues bien, ese día un batallón de Policías Metropolitanos quería impedir que los cultores y custodios del santo lo sacaran a las calles y le dieran rienda suelta al repique de tambor. Una discusión absurda surgida a partir de un argumento absurdo (estamos hablando de funcionarios de la PM: absurdo todo): que por instrucciones de no sé qué dependencia del MPPIJ no podían permitir que se celebrar el San Juan porque eso siempre termina a tiros y a coñazos. A William Ochoa, organizador de la fiesta durante muchos años de vida, le gritaron en la cara: “Si hacen la fiesta la culpa de lo que pase va a ser tuya, y te vamos a meter preso”.

El gentío estaba fuera de la capilla del barrio El Carmen esperando, pidiendo a gritos al San Juan, y los pacos intimidando, obstaculizando, jodiendo. Me retiré de ahí como a la una de la madrugada, despechado e incrédulo: una gloriosa institución (Ministerio del Poder Popular para Interior y Justicia, guao) estaba acabando de un solo pingazo con una de las celebraciones más hermosas, corajudas y pundonorosas de la cultura venezolana. Cuando me levanté en la mañana supe cómo terminó todo: la gente se hartó de la intromisión de los policías y empezó a sacar sus tambores y su curda a las calles, sin pararle pelotas a pacos ni a cultores asediados, y el San Juan se llevó a cabo. El pueblo derrotando a la mentalidad obtusa, conservadora y reaccionaria de un puñado de oficialistas.

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Domingo 2 de agosto, La Vega. El oficialismo se llevó para allá a la orquesta juvenil del “maestro” Abreu, con Dudamel al frente, y hasta los medios de la derecha celebraron que hubiera ocurrido “eso”. Que el estado venezolano hubiera llevado un concierto gratis de música académica para La Vega. Qué chévere, que los pobres escuchen a Bach y a Mozart. Y qué cagada que escuchen, toquen y bailen tambores.

En eso también se parecen a ti los escuálidos, estimado: creen que las manifestaciones del pueblo son buenas sólo si las patrocina lo oficial, las instituciones.

Iba a comentar algo sobre el concierto homenaje a Caracas, organizado por la alcaldía de Libertador, con Don Omar, Jorge Celedón, Chino y Nacho, Olga Tañón. Pero se me acabó el espacio.

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lunes 22 de junio de 2009

Las currturas y la cultura dominante (y que quiere seguir dominando)

Uno de los más gratos placeres que he conseguido en este ejercicio llamado bloguería ha resultado ser el desenmascaramiento de la presunta inteligencia de una cofradía académica, seudoacadémica o protoacadémica que se ha dado en llamarse "clase pensante": esos bichos que creen ser dueños de una razón superior, digna de serle impuesta al resto de los mortales (esos seres inferiores que no fueron a la universidad, que son incapaces de pronunciar el apellido de Heidegger, y por supuesto también de tragarse sus libros). Son, paradójicamente muchos de los mismos que andan por ahí diciendo que creen en la democracia y en la libertad, pero son incapaces de romper ciertas cadenas: las que nos atan a concepciones canónicas de la vida, de la sociedad, del ser humano. Creen en la libertad pero están presos del convencionalismo que da por cierto y respetable todo cuanto ha esclavizado a la gente por generaciones.
En las últimas semanas perpetré un par de incursiones en un ámbito del que ellos se sienten dueños (la cultura) y de bolas que se les revolvieron las lombrices. Gente acostumbrada a pensar en todos los ámbitos humanos como en parcelas privadas, propiedad de las clases que han impuesto la forma, la naturaleza y el ritmo de las relaciones humanas, y a las cuales ellos pertenecen, no soportan que venga un cualquiera (porque uno es cualquiera, a mucha honra) a proponer otras lecturas de lo que ellos consideran verdades monolíticas e irrebatibles. Con todo, lo ladilla no es tanto lo que proponen o sugieren como tema de discusión, sino la increíble, desesperante, escandalosa, vergonzosa y sobre todo tragicómica incapacidad para comprender lo que han leído, y algo peor: la forma solemne y ampulosa, mediante insólitas contraargumentaciones que sólo se rebaten a sí mismas, en que intentan hacerte creer que entendieron.


El sartén de mis dos artículos titulados Currtura tiene más de un mango. Es muy frecuente (y válido, cómo no) que alguien interesado en rebatir el discurso completo se aferre al que le parece más débil para proceder a desmenuzarlo. También es frecuente en muchas personas, aunque no en estos tipos que se sienten superiores, que para rebatir algo de lo que dices hagan un malabarismo retórico mediante el cual dicen exactamente lo que tú dices, haciéndole creer al lector desprevenido (y en la blogósfera hay mucho de esto, en serio) que tú piensas lo contrario. Ejemplo práctico: tú dices "El racismo es una mierda y la opresión debe ser desterrada de la humanidad". Ellos te responden: "Tú eres racista, la opresión debe ser desterrada de la humanidad". Se apropian de tu discurso porque no tienen ninguno, o porque el que por impulso de clase deben defender les avergüenza.
Creo entender el proceso mental que los impulsa a reaccionar: aquel que se rebela ante el recordatorio de que en la historia de la humanidad ha habido minorías dominantes y mayorías excecradas; la actitud de quienes saben que hay una porción gigantesca de la humanidad que ha padecido injusticias, pero consideran peligroso e inconveniente que esas injusticias sean saldadas. El hombre blanco-europeo sojuzgó, explotó, impuso y lo sigue haciendo, y la imposición, la explotación y el sojuzgamiento ha sido un proceso doloroso. Va el reconocimiento de un elemento esencial: ha sido doloroso, pero es lo que tenemos. Somos producto de eso que tanto ha dolido, pero no por ello vamos a hacernos los güevones: esto ha sido producto de profundas injusticias y la humanidad no debe renunciar a recordarlas y menos a corregirlas. Qué de pinga aspirar a que todo siga como va cuando se pertenece a la clase beneficiaria del sudor y la sangre de los demás. Aquí se defiende el derecho de los pueblos del mundo a desamarrarse de la segregación, el exterminio, la explotación de todo orden; aquí se defiende el derecho de los pueblos indígenas y a los descendientes de africanos a buscarle alternativas a la servidumbre y la esclavitud a las que siguen sometiéndolos las corporaciones y las potencias mundiales... ¡y eso le parece a la clase pensante una declaración de xenofobia y racismo!

¿Qué tiene que ver esto con lo que se ha dicho sobre el tema currtura-cultura? Básicamente,

1) que es preciso recordar siempre que uno de los mecanismos más efectivos de sojuzgamiento de pueblos y naciones ha consistido en la supresión o arrinconamiento de manifestaciones culturales, mediante la imposición de "valores" que las culturas dominantes consideran superiores: la música académica es mejor, más culta, más elevada y más digna que el tamunangue; las variantes comerciales del rock son chéveres, el joropo es chabacano, etc.
2) que pese al valor que le otorgamos al aporte europeo a la cultura universal (incluida aquí la música) va siendo hora de distinguir entre los "bienes culturales" que se producen y se comercian por dinero, como mercancías que se compran y se venden, y las manifestaciones que el hombre produce por impulso natural y colectivo para su diversión y solaz, por amor a su herencia social y no por un sueldo o para enriquecerse.

Aquí se le reconoce valor a la música académica, pero no se le hace concesiones a la visión del mundo que considera superior a ese tipo de música por encima de ninguna otra manifestación musical. Aquí (y cuando digo aquí estoy hablando de esto que he sido, como individuo y como parte de un pueblo) se le reconoce valor a toda la música e incluso a los sonidos percutivos que no son exactamente música en su acepción canónica, pero se le profesa un más profundo afecto a lo que el pueblo hace para cantarle a la tierra, a las querencias, a lo llano del hombre simple. Yo sé y escribo sobre salsa, y la bailo en la medida en que se lo permite a mi swing mi ancestro gocho, pero según estos idiotas debo despreciarla porque ya declaré que hacer música por plata es una perversión del capitalismo. Imposible ponerlos a pensar en la diferencia que hay entre reconocerle calidad a algo y a tenerle más afecto. Hay que ser estúpido para no reconocerle valor y trascendencia a la música de Mozart, y hay que ser nazi o mamagüevo para creer que Mozart es superior a Pío Alvarado... o viceversa.
En contra de esto, a más de un payaso le ha dado por echarme en cara lo mismo, como si yo hubiera dicho lo contrario.

Aquí, como en ningún otro blog venezolano, se han celebrado las manifestaciones y el desarrollo del mestizaje y el poder de las mezclas y el sincretismo en la construcción de una sociedad distinta a esta cosa decadente en que vegetamos, y los burros de la clase pensante se han dedicado a gritar por ahí mi presunta búsqueda de la pureza.

Aprendan a leer, asuman su incapacidad para entablar un debate serio con nadie o váyanse a comer mierda.

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jueves 11 de junio de 2009

Currtura (II)

Le contaba a un interlocutor en este mismo blog que hace unos años, durante uno de esos episodios que hacen inolvidable la vida en pareja, cometí el error de comentarle a quien era entonces mi mujer que a los espaguetis que me acababa de poner en la mesa les faltaba algo así como una salsita. Aquella hembra retiró el plato con un violento jalón, se fue a la cocina y regresó al momento con el mismo plato pero full de salsa y ni un solo espagueti. Exactamente esa ha sido la reacción de la “clase pensante” al leer mis reflexiones sobre las orquestas del “maestro” Abreu, la música académica y la noción elitesca, exclusivista y fascista de cultura que campea en ciertos círculos: revirar diciéndome que si yo creo entonces que los millones que se destinan a las orquestas sinfónicas (más de la mitad del presupuesto del Estado venezolano para el sector Cultura) deben ir a parar a las arcas de los chimbangleros de Bobures. Pero por supuesto: para quien creció en la sociedad burguesa y nunca tuvo los cojones, ni la inteligencia ni el sentido de humanidad suficientes para combatirla, la cultura no es sino una mercancía más y que sus productos son buenos o malos según se les inyecte más o menos billete.

De una conversa con los Cayapos Ramón Mendoza y Ramón Carpio allá en El Vallito obtuve algunos datos reveladores, como ese que nos informa que las peculiaridades de tal o cual género musical tienen que ver con el modo de producción, con el ritmo y la forma de vida del cultor. Los músicos profesionales (esa perversión del capitalismo) sólo consiguen copiar y meterse unos reales con algo que es creación humana de generaciones. El vallenato auténtico lo cantan y tocan los agricultores y obreros de Valledupar y zonas de influencia; Carlos Vives, Los Diablitos, Farid Ortiz, son fenómenos comerciales deplorables porque su único objeto es ganarse una plata. La música de arpa, cuatro y maracas es patrimonio de vegueros y trabajadores del campo. Rock vergatario el que tocaban los obreros de Liverpool explotados a mansalva. Jazz universal y patrimonio de la raza humana el que nació en las plantaciones y galvanizó su vocación urbana en New Orleans. Hay que haber nacido en La Guajira para saber tocar un wootoroi y sólo en esas inmensidades suena bien ese raro instrumento: usted lo mete en un estadio o en un salón concebido para escuchar violines y le sonará horrible. La bandola que vino de tierras árabes y se filtró al llano colombo-venezolano vía Al Andalus (¿España?) comenzó su recorrido hace más de diez siglos en forma de laúd. Esa bandola que oímos hoy en Colombia y Venezuela es el producto de muchos siglos, muchas manos, muchas generaciones de disfrute y creación, no el objeto mágico de un genio que un día se encerró en su estudio y patentó el invento. Por eso la bandola de mi tío abuelo Juan Esteban García es eterna e inmortal, mientras que la bandola de Saúl Vera sirve sólo para coleccionistas de objetos raros.

El “mezclador” o cultor que experimenta, cuando pierde la conciencia de su origen, de lo genuino de su propia voz, se convierte en repetidor automático y a veces en impostor: ahí tienen a Luis Silva intentando ponerle sabor llanero a unas baladas que sólo podían funcionar como baladas; allí está Reinaldo Armas vendiendo unas falsas canciones de coleadores, cabestreros y agricultores, cuando él nunca fue agricultor, ni cabestrero ni coleador; ahí están los pobres muchachos del sistema de orquestas del “maestro” interpretando mediante una disciplinada lectura de partituras lo que la sangre no les dicta. Van a Viena a interpretar a Mozart y nos envían el notición: “Marico, aplaudieron a los chicos de la orquesta”. Pero de bolas: yo veo a un australiano descargándose una revuelta de arpa en un seis por derecho y también lo aplaudo.

La manifestación cultural venezolana más poderosa e indestructible son los tambores afroamericanos. Hace dos décadas Jesús "Chucho" García recorrió varios países de África en busca de algo que sospechaba, pero que no tenía como demostrar: que allá en las aldeas más recónditas, adonde no llega ninguna noticia o influencia de América, se tocaban exactamente los mismos tambores que en Curiepe y Cuyagua, y exactamente de la misma forma. Habrá que preguntarles a los defensores de la "cultura" esa que sólo funciona en grandes salones, en la academia y con grandes ingresos como "profesionales": ¿será que cuando a esos esclavos los trajeron en el siglo XVI les permitieron traerse consigo los tambores, manuales para tocarlos, profesores? ¿Será que les permitieron fundar una Casa de la Cultura? ¿Les habrán pagado un sueldo para que por favorcito siguieran tocando tambores aquí? NO GÜEVÓN: esos seres humanos vejados, sometidos a la humillación más espantosa de la historia humana, se trajeron los tambores en el cuerpo, en la sangre, en el cerebro. A ciertos "cultores", y al "maestro” Abreu, tú les quitas el sueldo y la burocracia y ya más nunca se ocuparán de producir una mierda. La cultura hay que buscarla entonces en lo profundo de la sangre, no en los nombramientos y contrataciones mnultimillonarios, y mucho menos en el aplauso de los intelectuales.

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viernes 5 de junio de 2009

Decálogo básico para ubicarse en la guerra actual

1.-Entender y recordar permanentemente que hay una guerra.

Tan sencillo como recordar cómo está dividida la humanidad y a causa de qué. En el mundo se ha enriquecido y llenado de poder una minoría cuyos privilegios tuvieron su origen en el exterminio y la explotación de enormes conglomerados humanos, personas que cometieron el error de nacer fuera de lo que se conoce cultural y políticamente como occidente, y por lo cual fueron y siguen siendo víctimas de la voracidad y la depredación del hombre culto-blanco-occidental-creyente de cualquiera de las religiones hegemónicas. Las víctimas de esta masacre son sus antepasados (de usted) y usted es el continuador de un largo proceso de resistencia y contraataque. El capítulo venezolano de la guerra (lucha de clases, se apresura un marxólogo a corregir) ha adquirido tales matices que es preciso un esfuerzo para ubicarse correctamente: para muchos lo más cómodo es creer que el conflicto aquí es entre chavistas y escuálidos, pasando peligrosamente por alto, o por debajo de la mesa, el precedente tremendo de la lucha entre quienes acumulan y los que producen o son segregados.


2.-Entender y recordar permanentemente que la guerra es más perversa cuanto menos se noten la masacre y los tiros.

A muchos nos cuesta entender que el único requisito que existe para que haya lucha de clases es la existencia misma de las clases. Usted es pobre y ve pasar a su lado a un rico en su nave espacial: eso es un signo de que hay una guerra. Porque si usted y yo no entregáramos nuestra fuerza de trabajo como en efecto la entregamos, a ese y otros potentados no les sobraría lo que a usted le falta. Lo más sano, para efectos de lo que conocemos como Proceso (o curso de la Historia, o viaje irreversible de la humanidad hacia la democracia plena, directa, sin jefes) es que esa guerra sea franca, abierta, que los potentados exhiban su prepotencia y nosotros nuestra rabia. Que nos repriman con violencia corporativa y que nos defendamos con violencia revolucionaria. Nos ha pasado muchas veces en nuestras sociedades en estado de descomposición que se dan momentos de estabilidad, de liquidez monetaria y de desahogo, y suele uno entonces confundir ese estado con la armonía o la “normalidad”. Lo cual es sumamente peligroso, porque puede hacernos olvidar que hay una guerra que es preciso radicalizar y acabar

3.-Entender y recordar permanentemente a qué bando uno pertenece.

Usted es de los nuestros si forma parte de la porción de la humanidad sometida a explotación, exclusión u otras formas de vejación para garantizarle el confort a las minorías acomodadas. En este caso su misión en la vida es recordar su origen, y hacer cuanto haya que hacer, no para salir usted individualmente o con su familia de la miseria o la pobreza, sino más bien para que el sistema que convierte a unos en esclavos y a otros en amos sea sustituido por otro donde todos quepamos y podamos vivir con dignidad. Haga lo que usted haga, suceda lo que suceda con su situación económica o vital (¿se ganó un premio gordo de la lotería? ¿Heredó una fortuna? ¿Atracó un banco? ¿Asumió un importante cargo que le deparará un buen sueldo y un acumulado en prestaciones? ¿Se está cogiendo a un(a) viej@ millonari@?) usted debe llevarse en los adentros, y manifestarlo en la expresión y en la conducta, el germen vital que le recuerda de dónde viene y a quién y a qué se debe. Usted nació pobre y su familia hizo magia para sobrevivir en pobreza. Usted no puede traicionar a su gente. Ponerse a vegetar y a transplantarse artificialmente en una clase a la que no pertenece (desclasarse) es una de las formas más vergonzosas de la derrota clasista.

4.- Entender y recordar permanentemente a qué bando le pide su conciencia que pertenezca.

¿Y qué hay si usted es rico, viene de familia rica o es eso que llamamos clase media? ¿Qué pasa si su familia acumuló riqueza (y usted mismo incurrió en ese –llamémoslo- desliz) pero su conciencia le indica que el camino correcto para la humanidad es la redención plena de los pobres, es decir, de sus enemigos de clase? Basta recordar que grandes hombres y mujeres, que muchos grandes revolucionarios traicionaron a su clase y son respetables figuras ejemplo y orgullo de humanidad: Ghandi, el Che, Bolívar. Si usted pertenece al bando de allá traicione a su clase, véngase para acá y colóquese del lado correcto de la humanidad.

5.- Entender y recordar permanentemente quién es el aliado y quién es el enemigo.

Tan fácil como mirar a los lados y saber quién está oprimido y quién es el beneficiario de la opresión. Sólo que, en el caso venezolano, el fenómeno llamado chavismo puede perturbar la visión de ciertas cosas y hacernos olvidar los postulados básicos de nuestra guerra, o lo que es lo mismo, hacernos perder el norte de nuestros principios. Hay un ministro o funcionario que le hace formidable trabajo al equipo político del Presidente y hace que éste gane elecciones. Pero ese compañero vive en una mansión, tiene servidumbre (esclavos), se desplaza en una nave que es un monumento al individualismo, al consumismo, a la contaminación y a la vanidad. ¿Estamos seguros de que ese sujeto merece ser llamado camarada? ¿De verdad pertenece a nuestro bando?

6.- Entender y recordar permanentemente que toda acumulación de riqueza es un acto de violencia contra los nuestros, y por ende contra la humanidad.

Incluso las formas legales de acumulación. Es tan despreciable y declarable objetivo de nuestras rabias y acciones el funcionario corrupto que se roba los centavos de un ministerio como el banquero que acumula ganancias apegado a las leyes. Un rico es un miserable, un elemento contra natura; es nuestro enemigo.

7.- Entender y recordar permanentemente que es imposible hablar en términos de reconciliación con el enemigo. Lo único que puede reconciliarnos es la liquidación del sistema que hace posible la existencia de explotadores y explotados.

8.- Entender y recordar permanentemente que estamos en una fase o momento de la guerra (lucha de clases) no convencional, y por lo tanto las armas que usamos nosotros y ellos no son convencionales ni pueden serlo. Liquidar físicamente a un enemigo en momentos en que no ha comenzado la fase bélica de nuestra guerra (caso venezolano) es perder una importante batalla, ya que éstas se desarrollan habitualmente en el escenario de la opinión pública.

9.- Entender y recordar permanentemente que no somos un ejército aislado sino parte de un ejército planetario de pobres y oprimidos contra la opresión y la discriminación.

10.- Entender y recordar permanentemente que en esta guerra las ideas clave son la demolición, la vida, la libertad y la creación: hay que demoler lo que existe, hay que aplicarse al formidable acto de vivir en libertad, y hay que construir aquello que sustituirá lo que estamos destruyendo.

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viernes 22 de mayo de 2009

Esto no es un homenaje a Ardilla, estas letras van con arrechera

Gustavo - HipHopRevolución

Ayer en la noche supe que habían asesinado a Ardilla A.K.A Moisés Paredes, lo primero que pensé fue, mierda las culebras acabaron con el pana, nada mas alejado de la realidad. Ardilla vivía en Pinto, uno de los barrios más cruentos de esta Caracas, allí tenía a su jeva, su chamo pupilo y pichón de rapero real, su mamá y sus panas.




Ardilla sin duda tenía aspecto de bicho, de eso que los amanerados llaman "delincuente" pero no lo era, el pana supo canalizar sus legitimas arrecheras, las mismas que venimos arrastrando todos nosotros desde hace rato y por generaciones, el hambre, la injusticia, la represión, la explotación y la muerte de panas, el supo convertir esa arrechera en música, en rimas, en rap, en hip hop, en cultura (si, el hip hop es cultura). Era bueno el coñoemadre, versátil, rimaba, cantaba, rapeaba, escribía, y la tarima la reventaba. Pegó varias canciones aquí y afuera, ese marico era un rebelde, un transgresor, lo más parecido a ser revolucionario, sólo que él no lo sabia, capaz ni sabia quien era Marx, ni Trotsky, es mas, capaz nunca se leyó más de dos páginas de nada, pero si sabia lo que es ser explotado, lo que es luchar contra el sistema, lo que son los ricos y lo que son los pobres, si sabía que esta mierda o se reinventa o nos reventamos todos.

Si, ya se que suena a homenaje la vaina, pero no lo es, porque aquí viene mi arrechera, a Ardilla lo mataron los pacos, cómo no se me ocurrió antes, maldita sea, otra vez los pacos, si hubiera sido una culebra bueno está bien, es una escama de hombre a hombre, pero no, lo asesinó un paco, o sea, una escama de mierda a hombre. Yo no sé si vale la pena describir como fue el peo, busquenlo en la prensa, pero no lo crean.

Aunque suene rebuscada la vaina yo insisto en ver este peo desde otra óptica, porque se me antoja que la raíz de esto es siempre la misma, un peo de clases, en este caso, los pacos, servidores y jala bolas absolutos de los jefes y los ricos asesinan a los mal aspecto, a los "delincuentes", por encargo, por deporte o por alzados, lo hacen porque hay una parte de la sociedad que quiere que todo se parezca a ellos, que quiere que todos seamos blanquitos, bien vestidos, educados y cultos, los pacos no se cansan ni se cansaran de restregarnos en la cara que ellos son la autoridad, y eso hay que respetarlo, ellos no respetan nada, se llevan por delante al que lo mire mal, al que este mal parao, al aguevoniao, o al que le cogió la mujer y por ahí en ultima instancia, algunos si trabajan.

Estas letras no tienen ningún fin o conclusión, no es un análisis sociológico de nuestra sociedad, si para algo debe servir es para hacer arrechar a más gente, para que se les aclare el panorama y se sumen a esta casi particular lucha contra estos asesinos, que paradójicamente este estado, nuestro estado sigue empeñado en resucitar o disfrazar, aquí es donde uno sacude la cabeza y se tira la gran pregunta ¿Verga, estamos en revolución?. Para nadie es un secreto que mientras mas tombos en la calle, mas muertos hay, mas atracados hay, mas atracadores hay, mas putrefacción hay.

Es jodío no arrecharse cuando esto es permanente, ya nos acostumbramos a que nos martillen, esta bien, pero cuando nos toca de cerca el asesinato de uno de los nuestros la vaina duele en serio, aunque la muerte no deba doler, como dice El Gino, "si la muerte no asustara no se llamaría la muerte, la muerte es la propia vida, desde que este mundo es mundo".

Qué difícil es reaccionar y darse cuenta que el sistema esta ahí, vivo, respirando, asesinando.

Dale palo Ardilla, fumate un porro alla con Satanás, ahí tienes que jode quien te lo prenda.

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